Meer
lunes, 26 octubre 2026
La tecnología de buceo no era lo que es hoy, por lo que no le fue posible estudiar la vida submarina a la cercanía y profundidad que deseaba. Beebe imaginó entonces una estructura de observación, cilíndrica y de acero, carente de motor y unida a un barco por medio de un cable que la sumergiría a poco más de mil metros, casi diez veces más profundo que los más sofisticados submarinos de la marina americana de esos años, Archipiélago de Bermuda
William Beebe, Jocelyn Crane y el médico de Beebe, A. E. Hill, 1959, en Shimla, Noroeste de la India
Galería de Neptuno, Berlín, Alemania
Un problema que rozaba su moral era que la única otra forma de lograr sus objetivos hubiese sido por medio del dragado, lo que siempre resulta en la muerte de cientos de peces y moluscos al ser arrancados de sus dominios por medio de grúas y redes. ¿De qué podía servirle un animal muerto a alguien como Beebe, cuya filosofía era la de una secular maravilla casi religiosa por el universo? Archipiélago de Bermuda
William Beebe, al centro, dando instrucciones a sus ayudantes, 1929, en la Batisfera

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