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viernes, 27 marzo 2026
Las esculturas invisibles de Garau dialogan explícitamente con Duchamp, pero también con prácticas conceptuales posteriores que llevaron al extremo la desmaterialización de la obra
Marcel Duchamp, La fuente (1917). La obra y el gesto de Duchamp inauguraron una tradición donde la provocación funciona como espejo crítico del sistema artístico, poniendo en evidencia sus reglas, sus límites y sus zonas de complacencia
Entre el gesto inaugural de Duchamp y las esculturas invisibles de Garau se traza un hilo que interroga qué llamamos arte y hasta dónde llega el sentido en una época saturada de opinión y vacío
A diferencia de los primeros conceptualistas, donde la idea resignificaba un objeto o una acción, aquí la ausencia se presenta como mercancía cerrada y autosuficiente
Marcel Duchamp, La fuente (1917). En el caso de Garau, la provocación ya no apunta tanto al arte como a la sociedad que lo legitima, revelando una cultura dispuesta a celebrar la nada cuando viene envuelta en discurso

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