En el siglo XIX, la nación japonesa sufrió un proceso de apertura a la modernidad gracias al emperador Meiji (1868-1912), pasando de ser un país feudal a una de las potencias mundiales. Este proceso también supuso el refinamiento de su cultura. De hecho, el arte producido generó gran interés en occidente, por lo que aparece un fenómeno denominado japonismo.
Este término se identifica con la irrupción de las producciones artísticas procedentes de Japón llamadas Uki-yo-e hanga, las estampas xilográficas. Sin embargo, este comprende toda la influencia de otras manifestaciones japonesas en Europa — aun así, no es del todo erróneo entender esta influencia por la llegada de las estampas, ya que verdaderamente tendrán un papel decisivo.
Chinoiserie es un vocablo que surge en Europa entre los siglo XVII y XVIII, debido a que encontraron en Oriente — sobre todo en China — un lejano abastecedor de productos de lujo, convirtiéndose en símbolos de riqueza y poder. Será a mediados del siglo XIX — y hasta el período de entreguerras — que el término japonismo reemplace a chinoiserie, ya que se desarrolla un gusto por lo japonés.
Así pues, en Oriente se crean talleres especializados en producir manufacturas para Occidente — para las que se tomará en cuenta el gusto occidental. Al mismo tiempo, en Occidente, y a través de las cortes europeas, se crearon factorías para imitar objetos chinos.
Gracias al temprano comercio con España y Portugal debido a sus rutas comerciales, surge el llamado arte Namban. Con este término se denominaban las producciones japonesas con técnicas y temas occidentales. Así pues, fue una influencia mutua.
Las estampas xilográficas
El Uki-yo-e hanga no era una manifestación artística bien considerada en Japón por ser una producción de carácter popular, es decir, un tipo de obras de reproducción masiva, lo que eliminaba su carácter individual y único. Asimismo, se identificaba con la burguesía, cuyos gustos estaban trasformando la forma de vida en las nuevas ciudades japonesas, paralela a la llevada por la aristocracia.
Por consecuencia, se le dio el nombre de Ukiyo, “el mundo flotante”. Este se referiría a ciudades como Edo y Osaka, focos que priorizaban actividades menos intelectuales. Así pues, esta fue la manifestación artística por excelencia del nuevo grupo social, que a modo de postales o souvenirs, retrataban su nuevo “mundo”.
Sin embargo, no podemos entender la estampa xilográfica como un fenómeno único, pues en esta época surgieron nuevas formas culturales y artísticas de la burguesía que cuestionaron el equilibrio de la aristocracia. Entre estas se puede destacar el kabuki y el teatro de marionetas frente al teatro No, caracterizado por ser abstracto y elitista.
El auge del japonismo
El término “japonismo” tiene un origen discutido. Algunos investigadores sostienen que fue acuñado por Baudelaire, otros que fue ideado por el crítico de arte Burty en el último tercio del siglo XIX, y otra corriente defiende que fue Zola quien lo utilizó para referirse a la moda de lo japonés.
Es un término controvertido en su utilización, ya que ha servido para designar la moda de lo japonés — generalizado también para hablar de todo lo que viene de Asia Oriental, por lo tanto, sin límites cronológicos o espaciales.
Por otro lado, el término se ha utilizado para designar las manifestaciones del arte occidental europeo que han recibido influencias del arte japonés. Este último caso corresponde a vanguardias conocidas como impresionismo, post-impresionismo, simbolismo y modernismo, pues, sobre todo en el foco parisino, aparecieron amantes y coleccionistas del arte japonés.
Samuel Bing y su socio Hayashi Tadamasa fundaron en 1895 la galería de arte L’art Nouveau, inspirado por el Aesthetic Movement inglés, un centro crucial para la vida artística en París.
20 años antes, Bing viajó a Japón, donde compró gran cantidad de estampas que, posteriormente, expondría y vendería en su galería. En 1890 realizó una importante exposición de estampas xilográficas procedentes de Japón, de la que artistas como Toulouse-Lautrec, Nabis Vuillard y Bonnard tomaron inspiración.
Samuel Bing diferenciaba entre el arte japonés de calidad y las japoneries. Estos eran productos provenientes de Japón que, sin embargo, eran considerados vulgares, ya que imitaban los productos de calidad. Esto se debe a que eran producidos de manera industrial y distribuidos masivamente. Según Eva Fernández del Campo, es gracias a Bing que se difundió esta diferenciación, a través de su revista Le Japon Artistique y de las actividades que llevó a cabo.
La trascendencia del Uki-yo-e hanga
Otros artistas, como van Gogh, Monet, Emile Bernard y Rodin, miembros de su círculo social, poseyeron colecciones de estas mismas. Monet tuvo hasta 230 grabados y van Gogh, que frecuentaba la galería junto con su hermano, no solo se influenció por estos, sino que se conservan más de 400 estampas pertenecientes a Vincent y a Theo, su hermano — hoy conservadas en el museo que se le dedicó en Ámsterdam.
En cuanto a esta última colección, no encontramos obras de Hokusai. Sin embargo, debía haberlas conocido a través de las publicaciones de Le Japon Artistique, ya que deja constancia de su conocimiento en sus famosas cartas. Esto podía deberse a la gran importancia que en esta época ya tendría Hokusai: sería un cotizado artista y estos probablemente no pudieron permitírselo, tanto Vincent como Theo.
“De alguna forma, todo mi trabajo se funda en el arte japonés”, son algunas de las citas que se pueden leer en las cartas de van Gogh, en las que demuestra su admiración por esta cultura. Tenía una visión idealizada de este país, ya que nunca lo conoció, y aún así comparaba Arles con Japón. Incluso, tuvo la intención de crear una comunidad de artistas llamada La casa amarilla, cuyo propósito era generar un intercambio artístico como el que sucedía en los grupos de artistas japoneses.
Los pintores europeos no se limitaron a incorporar motivos orientales y copiar estampas, sino que integraron en sus obras recursos provenientes del Ukiyo-e hanga. Destaca entre estas la utilización de la llamada xilografía de línea blanca como técnica, el estarcido en el papel y la utilización del blanco y negro para proporcionar expresividad.
Según Giulio Carlo Argán, será Pierre Bonard quien asimilará de la mejor manera estas influencias, entendiendo que las imágenes no tienen por qué responder a las tres dimensiones de la perspectiva, creando así imágenes “ultradimensionales”.
En el caso español no tendrá la misma trascendencia que en París, por lo que no encontraremos grandes colecciones de objetos japoneses. Pero hubo artistas que se influyeron por esta corriente, como Fortuny y Tàpies, pues llega de forma tardía a España (lo que no es una excepción en cuanto a corrientes artísticas).
En el caso de Tápies, se trata de uno de los representantes más importantes del informalismo. Entre las muchas influencias que se han querido ver en su obra, destaca la japonesa. Pero hay que tener en cuenta que el japonismo tuvo un papel fundamental en artistas de los que tomó influencia. Un ejemplo muy destacado es Miró, quien tiene la fortuna de presenciar las distintas corrientes artísticas del siglo XX cuando se muda a París.
Por otro lado, tenemos a José Masriera Manovens, un joyero español que se ha identificado con el Art Nouveau. Al realizar el discurso de entrada a la Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, referenció el arte japonés como inspiración, debido a su riqueza.
Así pues, cabe preguntarnos de qué manera se daba este interés por la cultura y el arte de una nación tan distante como Japón. Tras analizar el fenómeno del japonismo, comprendemos que no se trató únicamente de una atracción estética por lo exótico, sino de un verdadero diálogo cultural. No fue únicamente una imitación estética y superficial, sino una verdadera experimentación que abrió un camino distinto en el arte moderno.
Bibliografía
Almazán Tomás, David. “La seducción de Oriente. De la Chinoiserie al japonismo”, Artigrama 18 (2003), 83-106.
“Primitivismo versus japonismo”, Revista de humanidades, 11 (2005) pp. 75-92.
Fernández del Campo, Eva, “Las fuentes y lugares del japonismo”, Anales de Historia del Arte 11 (2001), 329-356.
Torralba, Macarena, “Japón y el japonismo a través de sus influencias en el arte”, en Japón en Córdoba: de un paso al otro lado del mundo, Akiba-Kei y Universidad de Córdoba, 2018, pp. 57-71.















