No hay hombre ni mujer nacido, cobarde o valiente, que pueda eludir su destino1.

(Homero)

Grecia desplegó el mundo intelectual arcaico como preámbulo del clásico. El arcaico se caracterizó por ambiguo, confuso, hiperbólico y múltiple, con Homero y Hesíodo como sus epítomes. Anterior al pensamiento de los filósofos clásicos2, fue diferente de Sócrates, escéptico contra los sofistas que argüía: sólo sé que no sé nada, ridiculizando a los soberbios sabios que no entendían el mundo; sembró la oralidad, la centralidad del oído y la connivencia con la fábula como incentivo a pensar. La filosofía de Platón, con preguntas críticas, abstracciones y razonamientos, no desechó alegorías que le permitieron constelar nuevas respuestas. Aunque su pensamiento muestra profundidad abstracta, discernimiento y conocimiento que devela las esencias, no renunció a la vivencia lúdica, la imitación ni la analogía: cultivó la imaginación y las alegorías simbólicas. A Aristóteles le correspondió sistematizar, entre otras, la filosofía del derecho.

Originalmente, el término μῦθος (mythos) significaba leyenda, cuento y fábula; algo fabuloso y el apologeta de tales narraciones. Mentaba tanto palabra, diálogo, conversación, rumor, anuncio, mensaje y discurso; como pronunciar y recitar un texto, aplicándoselo a consejo, prescripción y orden. Según la tradición predominante de interpretación alemana del mundo clásico, por ejemplo, según Ernst Cassirer, Sócrates y Platón representan el mundo filosófico inteligible, no mítico. Superaron el mythos con lenguaje fundamentado, universalmente comprensible y con estilo para entenderse apropiadamente. Sócrates expresaría el triunfo crucial del lógos mediante la razón. Platón representaría el conocimiento esencial, verdadero e inconcuso de la Ciencia y la Filosofía, conquistando las esencias y superando el mythos.

En Occidente, la filosofía comenzó con la problematización presocrática del ἀρχή (arjé) mediante el lógos. Etimológicamente, arjé significaba principio, origen, extremidad, fundamento, poder, mando, autoridad, magistratura, imperio y reino. La razón es concebida como medio para descubrir el origen de todo; siendo el ἀρχή causa y modelo ejemplar que formaría las cosas. En segundo lugar, principio constitutivo y fuente de lo que es. En tercero, fundamento de la existencia de la realidad. En cuarto, origen que da ser a las cosas. Y, finalidad con un propósito y sentido. Las concepciones naturalistas del ἀρχή expresan la búsqueda de la razón como fundamento objetivo de la realidad y principio único y material que dé sentido y aúne la unidad con el cambio de la phýsis. La Filosofía se distanció del mito, procurando el principio originario de lo real, conciliando la unidad con lo múltiple e indicando la procedencia de todo: manteniéndose, variando y retornando.

Algunos filósofos naturalistas conservaron un lenguaje de imágenes míticas y resonancias religiosas, reinterpretando racionalmente a Dios como principio ordenador y exégesis del mundo. Asumieron el lógos como sustitutivo de los vestigios míticos y sus discursos ordenaron las regularidades, principios y leyes generales de la phýsis mediante esquemas narrativos pre-racionales; aunque, subsistieron residuos arcaicos. El lógos permitió pergeñar cosmologías naturalistas y racionales coherentes, abrió la reflexión a la metafísica y la ontología, desplegó discursos explicativos con elementos naturales y conceptos abstractos como el apeirón. Las soluciones físicas que identificaron el arjé; en Mileto, con el agua (Tales) y el aire (Anaxímenes); en Éfeso, con el fuego (Heráclito) y los cuatro elementos, incluso la tierra (Empédocles de Agrigento) concibieron la realidad material suponiendo el orden cósmico como racional, estable e inteligible.

Es interesante que, para Heráclito, por ejemplo, el fuego fue metáfora de que todo deja de ser lo que fue, llega a ser lo que es y, en el futuro, logrará lo que será: fluye ineluctablemente. El fuego, arjé de lo físico, sería materia originaria y principio dinámico que ordena el mundo como constante cambio, chisporroteando indefinidamente como sustrato transformador de las cosas según medidas y leyes, garantizando la unidad y continuidad del cosmos que fluye. Problematizarse sobre el arjé fue el intento de fundar la realidad sobre un principio inteligible y natural, anticipando las disquisiciones futuras sobre las esencias. Heráclito asintió la ley humana unida al lógos divino como orden racional; constituyendo la ley y el lenguaje estructurados por el arjé. El lógos, encarnado en el arjé, generaría el cambio inteligible, comunicable lingüística y universalmente entre los seres humanos, superando la opinión de experiencias dispersas y rigiendo el devenir y la armonía de los opuestos.

La literatura de Homero y Hesíodo apenas ofrecía narraciones fantásticas protagonizadas por dioses y héroes, explayando saberes implícitos, dudosos y ficticios. La filosofía clásica la superó, como también despuntó el pensamiento presocrático, aunque con remanentes míticos, creaciones poéticas, imágenes emblemáticas y prácticas simbólicas. Usar la razón no fue congruente con estilos y contenidos analógicos, metafóricos, evocativos, elocuentes y artísticos. Implicó descartar de la Filosofía y la Ciencia, por ejemplo, la ética y la ontología pitagórica3, que hicieron del número la profundidad mística de las cosas, con la μάθησις (máthesis) como evocación de aprender, instruirse y conocer4. Los asentimientos axiológicos presocráticos, también dudosos, siguieron orientaciones esotéricas, religiosas y espirituales, inseparables de otras ideas especulativas.

El término lógos (λόγος) tuvo significado multívoco5. Se lo asociaba con λέγω (lego) que, como verbo, significaba hablar, dando lugar a referir palabra. Los términos otorgan solidez a las ciencias y a los tratados, siendo Platón el constructor del primer y gran sistema, abierto y potente con impacto genuino sobre Occidente. La Filosofía devino en discusión inconclusa con innumerables interlocutores y diálogo continuo sobre conocimientos profundos. Sin embargo, contra la interpretación canónica alemana, que el lógos platónico, impersonal, discreto, opaco y abstracto, enunciaría contenidos conscientes que excluirían alegorías figurativas, metafóricas y simbólicas, es insostenible. Así lo corroboran las creaciones míticas del filósofo de la caverna y el auriga.

Por el lógos, Platón y Aristóteles construyeron la Filosofía y la Ciencia descubriendo las ideas, causas, leyes y principios de todo. Platón presenta a Sócrates en Eutidemo6, criticando a los sofistas y rebatiendo que el aprendizaje sea una mera apropiación de conocimiento sin antecedentes. El filósofo argumentó la disposición del alma y la práctica adecuada del saber para apropiarse de la verdad, habiendo visto las formas puras, substancias y esencias gracias a la episteme (έπιστήμη): estudio del conocimiento verdadero, saber aplicado mentalmente, arte y habilidad opuesta a la δόξα (doxa)7, entendida como opinión, parecer, juicio, creencia, conjetura o apariencia en el mundo de las sombras.

La noción platónica de ὑπερουράνιον τόπον (hyperouranion topos): "lugar que está más allá del cielo"8, fue el espacio ideal, territorio divino y fuente de conocimiento; habitáculo supra-celeste de la Verdad, la Belleza y la Justicia absolutas. Allende el cielo físico y el tiempo del mundo sensible, circunscribía lo esencial de los conceptos, siendo receptáculo de las ideas que fundamentan los hechos y dan ser a las cosas. Lugar donde subsistirían las formas objetivas, independientes y trascendentes que permiten asemejar los hombres a los dioses.

Contra el saber popular ampliamente difundido que valoraba las supersticiones, los mitos y la religión, valorando la memoria sin más; Platón elaboró la anamnesis que etimológicamente significaba: "traer de nuevo a la memoria"9. Es la reminiscencia de los conocimientos que el alma vio volando por el ὑπερουράνιον, antes de encarnar en un ser humano y olvidarlos. La cultura griega cotidiana valoraba los conocimientos prácticos y empíricos, la tradición oral, los cantos épicos y las costumbres, la formación técnica y el saber procedente de autoridades; en tanto que Platón refirió en Teeteto, que las cosas participarían de ideas inalterables10, haciéndolas, temporal, espacial y contingentemente.

El filósofo seduciría a las ideas con su mente, recordando su belleza y esplendor. Es como si de nuevo estuviese ante las excelsas cimas olvidadas, recuperando las visiones amadas. Como héroe incansable que emerge valientemente de la caverna, desafiaría la condición humana de ignorancia y error; conquistaría la venia de los dioses y capturaría las formas que explican todo. Asimismo, en diálogo con pensadores, orientados por la razón, cuando surgiesen controversias, se produciría, en último término, el combate de gigantes sobre el Ser: gigantomaquia perí ousía (γιγαντομαχία περι ουσία)11. En Sofista, Platón describe la batalla que discute sobre el Ser, entre materialistas que lo reducen a lo corpóreo y tangible, y los amigos de las Formas, que defienden lo inmaterial e inteligible.

Platón criticó la democracia, considerándola degeneración del gobierno timocrático, debido al exceso de dêmos que precipitaría la tiranía, sin mesura sobre la libertad y la desigualdad. La traducción de thýmos (θύμος) como ánimo, apuntaba la inclinación humana, modo de ser y el corazón de cada hombre. El filósofo criticó la crisis de la paideia tradicional de carácter aristocrático con gobiernos del pueblo excesivo en libertad, erosionando la formación moral, con sofistas como artífices del colapso después de Pericles. La palabra griega demokratía (δημοκρατία) significaba poder del pueblo (con dêmos, δῆμος, pueblo, distrito o ciudadanos, y krátos. κράτος, fuerza, poder o gobierno).

El origen de ambas palabras es proto-indoeuropeo, con dêmos proveniente de da-, que significaba dividir, y krátos proveniente de kar-, que significaba fuerte. La palabra demokratía, a fines del siglo VI a. C., fue neologismo ateniense, motivado por las reformas de Clístenes del sistema de participación directa de los ciudadanos varones en la asamblea (ekklesía). No cambió radicalmente desde Solón, pero se radicalizó con las reformas del siglo V, por ejemplo, ampliando la participación, aunque siempre excluyó a las mujeres, esclavos, jóvenes y extranjeros. Aristóteles concibió la democracia como perversión de la politeia, siendo preferible una mezcla constitucional que combine los elementos democráticos moderados para evitar la hýbris popular.

La palabra griega kalokagathia (καλοκαγαθία) es sustantivo que los escritores clásicos empleaban para mentar el ideal de conducta personal gentil, especialmente, en contextos militares. Está compuesta por dos adjetivos: καλός que significa hermoso y ἀγαθός, bueno o virtuoso. El adjetivo agathos se combina con καί (y) formando κἀγαθός. El adjetivo kalos kagathos (de kalokagathia), atestiguado por Heródoto y el período clásico, significaba el ideal cultural concerniente a la personalidad completa, armoniosa en mente y cuerpo, firme en la batalla y el habla, el canto y la acción.

Notas

1 La Ilíada. Trad. Emilio Crespo Güemes, Editorial Gredos, Canto 18°, Madrid, 1997, pp. 202-4.
2 Sócrates, Platón y Aristóteles marcan la época clásica. Sócrates (470-399 a. C.) fue hoplita durante la Guerra del Peloponeso; falleció a los 71 años, cuando Platón (427-347 a. C.) contaba 28 años. El fundador de la Academia la creó contando cuarenta años, nació cuando Sócrates tenía 43 años, lo conoció a sus 20 y murió a los 80, cuando Aristóteles (384-322 a. C.) contaba 37 años. El estagirita nació cuando Platón tenía 43 años, 15 años después de que Sócrates murió. Aristóteles conoció a Platón a sus veinte años y, a los cincuenta, fundó el Liceo, siendo preceptor de Alejandro de Macedonia, cuando el filósofo cumplió de 42 a 45 años. Ambos discípulos conocieron a sus maestros cuando tenían 20 años de edad –notable simetría generacional que refleja el patrón de transmisión de conocimientos durante la filosofía clásica–; también nacieron cuando sus maestros contaban 43 años. Aristóteles murió a los 62 años, un año después de su discípulo, que fue artífice del imperio macedónico, recibiendo formación de sus 13 a 16 años. Platón murió cuando contó nueve años más que la edad de Sócrates al morir, y Aristóteles tenía nueve años menos al fallecer respecto de la edad de Sócrates cuando murió.
3 Pitágoras de Samos (570-495 a. C.) vivió 75 años, con Heráclito simultáneamente durante cuatro décadas. Homero murió a los 70 años, vivió dos siglos antes de Pitágoras (siglo VIII) y de Hesíodo, que vivió 60 años, un siglo y medio antes (circa 700 a. C.).
4 Diccionario, griego-español, ilustrado. Vol. I, Rufo Mendizabal et alii, Editorial Razón y fe. Quinta edición. Madrid, 1995, p. 333.
5 Ídem, p. 329.
6 Diálogos II: Gorgias, Menéxeno, Eutidemo, Menón & Cratilo. Eutidemo fue traducido por Francisco J. Olivieri con Carlos García Gual. Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1987, § 288-d, pp. 217-8.
7 Diccionario griego-español ilustrado, Op. Cit., pp. 140, 203.
8 Fedro en Diálogos III: Fedón, Banquete & Fedro. Trad. Emilio Lledó Iñigo. Editorial Gredos, Colección Biblioteca Clásica N° 93, Madrid, 1986, § 247c.
9 El prefijo aná (ἀνά) significa hacia arriba, de nuevo y contra; la raíz mnēsis (μνῆσις), memoria y recuerdo; en tanto que el sufijo sis significa acción o proceso.
10 Véase: Diálogos V: Parménides, Teeteto, Sofista & Político. La traducción de Teeteto es de Álvaro Vallejo Campos. Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1988, § 157-ab, p. 205.
11 Véase: Sofista. En Diálogos V: Parménides, Teeteto, Sofista & Político. Ídem. La traducción de Sofista es de Néstor Luis Cornejo, §§ 246-a, 249-d, pp. 412 ss.