Sofía Rueda piensa que el cine está muerto. La primera vez que hablé con ella fue en la Licenciatura en Comunicación de la Ibero, en la Ciudad de México. Las veces que coincidimos fuera de clase, siempre la vi detrás de una lente. “No soy una cinefotógrafa”, reconoce en entrevista, “sino de la creatividad y la arteterapia — también escribo.”

De lejos, Sofía parece sacada de una película de su tocaya noventera, Coppola. Tiene un par de alas delineadas en la espalda y ha recogido una colección de otros tatuajes de artistas igualmente etéreas. Más de un lustro después de egresar de la licenciatura, estudió psicoterapia Gestalt y se dedica a la dirección de intimidad en entornos de producciones cinematográficas.

La intimidad ha sido un eje en la creación artística de Sofía Rueda, quien también responde por Ginger Rosa. Coordinar la intimidad en una producción cinematográfica o teatral, explica ella, se sostiene para “evitar un riesgo físico o emocional durante una escena.” Desde desnudos, adicciones, tratamientos de trastornos alimenticios, hasta apariciones de infancias frente a la cámara, quien se encarga de sostener al elenco es Sofía.

Pero cuando le preguntan a qué se dedica, sencillamente contesta: “a contar historias”. A través del cuerpo, de la palabra, de la lente o de la coordinación de equipos creativos, busca recovecos para encontrarse a sí misma en nuevas narrativas. “La industria es muy violenta”, reflexiona, pero piensa que ése es su granito de arena para cambiarla “pasito a pasito”.

Al coordinar equipos de producción, Sofía se encontraba con “muchos actores de teatro y quería entender su lenguaje.” Fue entonces que entendió que “el cine está vivo en el set.” Aunque “la gente que hace cine está viva, […] el resultado final está muerto”. La pantalla grande no se va a enterar si alguien estornuda o prende su celular.” Después de actuar como Tiresias (lx elle éternelle de Grecia) en El pícnic de Platón1 (2025), se dio cuenta de que en el teatro pasa exactamente lo contrario.

Quizás esa fue la chispa que provocó la combustión. Recientemente se estrenó como dramaturga, al lanzar su primera obra de teatro en la Sala Novo del foro La Capilla, ese enclave neogótico que se irgue, orondo, en el corazón del barrio de Coyoacán, al sur de la CDMX. Así empezó a hacer teatro vivo.

Teatro vivo

Sofía perdió a su madre a los 16 años. Pero la volvió a encontrar en el teatro, con su primera obra. Mónica sabe a raíces 2(2026) está escrita en primera persona: es ella mirándose a sí misma a los 21, volviendo a conocer a su madre a partir de los objetos que dejó atrás. Cartas, diarios, fotografías: todo forma parte del mosaico que, a manera de espejo roto, refleja a una hija de mediana edad que busca en sí misma rastros de su madre en la juventud.

“Yo necesitaba que esto estuviera vivo, porque yo quería que ella siguiera viva”, dice sobre Mónica. “Y nada se me hacía más lógico que escribir una obra de teatro.” Pero nunca lo había hecho.

Fue entonces que entró en contacto con Jimena Eme Vázquez, una dramaturga que le ayudó a resumir, en 33 páginas, la experiencia de la pérdida “para que el resultado final estuviera vivo”. Sofía quería “robarle tiempo a la muerte” para honrar a su mamá en vida. Por eso, también dirige, produce y actúa en su ópera prima. Ahora bien, ¿por qué hacer teatro en la era de la inmediatez y el doomscrolling?

Sofía considera que, hoy en día, “carecemos de obras populares generosas”. Y ella quiere hacer historias, justo eso, generosas: “con quien las hago, para mí y para el público”. Mónica sabe a raíces (2026) es una pieza que abre la puerta a las preguntas que nos avienta el duelo: sucias, en la cara, como un torbellino, a la vez caótico, doloroso y lleno de vacío. El formato en el que se escribió la historia apela a esa presencia que nos exige el duelo: “al teatro lo tocas, lo vives: viene a exigirnos presente y realidad.”

No hay forma de que sea de otra manera, piensa Sofía: “Las personas están enfrente de ti, sudando y dándolo todo.” Para los cerebros contemporáneos, habituados a mirar reel tras reel tras reel, este acto de presencia es más que incómodo. Pero en el teatro no hay forma de poner pausa: si te sales al baño, esos minutitos que te perdiste no van a volver. La historia ya pasó; los personajes ya están en otra cosa, en otro momento.

Olvidar es estar presente

Por eso, la dramaturga mexicana considera que el teatro se comparte en un nivel diferente. Si documentas el teatro en un video, se vuelve cine y se vuelve muerto. Si lo compartes en redes sociales, sucede lo mismo. Cuando se acaba la hora, se acaba la obra. Se acaba el teatro. Se acabó. Por eso, Mónica sabe a raíces (2026) es una pieza que, aunque parece lo contrario, no le teme al olvido: “es sano olvidar”, dice Rueda, desde su experiencia como terapeuta.

A pocos días de estrenar en Coyoacán, Sofía está como a punto de dar a luz. Y eso quiere: que su obra se vea y se respire. Parece que en este momento no puede ocupar la mente en otra cosa. Esta obra le mostró cómo el teatro exige del cuerpo, “día y noche”, para que “salgan las cosas”. A diferencia del set, Rueda piensa que los meses de ensayos integran a todos en una misma actuación: “diseño sonoro, diseño de producción, los cues de arte: todos son un actor más, que actúa con nosotras.”

En esta, como en otras piezas teatrales, “nadie está recibiendo un salario.” La directora reconoce que cada minuto invertido es tiempo que lxs participantes podrían ocupar en otra cosa, “porque nadie aquí vive del arte (todavía)”, dice. “Es acomodar y ser paciente, ya que no es una producción con horarios normales, con un sueldo fijo ni las comodidades de cualquier otro trabajo”. Porque, claro, es trabajo. Pero es un trabajo incómodo e incierto —por el momento—.

Este tipo de formatos exige un rigor diferente que, además, se va a olvidar. Quienes vayan a la obra olvidarán los detalles, los diálogos, los movimientos. Las personas que actuaron olvidarán a la audiencia. Quienes venden los boletos —en línea, en taquilla— olvidarán los rostros de quienes se presenten a escuchar. Mónica sabe a raíces, como otras obras contemporáneas independientes, es un testamento al olvido, que honra la muerte del instante vivido para dar paso a la presencia total.

Notas

1 Cartelera de Teatro. (2025). El Pic Nic de Platón Cartelera de Teatro CDMX.
2 Cartelera de Teatro. (2026). Mónica sabe a raíces Cartelera de Teatro CDMX.