Nací en el 99 en territorio uruguayo y desde el 2012 escribo con la intención de profesionalizarme. A los 18 ingresé a la Licenciatura de Comunicaciones en la Universidad de la República (UdelaR), con orientación al periodismo, y a los 19 en la Tecnicatura Universitaria en Dramaturgia, centrada en la creación de textos dramáticos.
A los 16 años publiqué un cuento con la Editorial Corelli de México, junto a otros autores de habla hispana, el libro se llama Cuenta la Muerte. Es mi primer cuento publicado en papel y aunque hoy no me identifico con la técnica que usé en ese momento, sigo metida en la misma temática de la muerte, la mística y la dimensión escondida que separa a los vivos de todo lo demás que existe. Si veo mi último poema, puedo encontrar algo parecido a lo que hacía en aquellos días.
Punta Ballena me recuerda
que nada es para siempre.
En la dimensión de la materia
los padres mueren, los amores se van.
No importa que tan buena seas,
tan buena hija o tan buena pareja.
Si bien sí sangro sobre el papel, prefiero la narrativa caótica y desordenada del surrealismo. Estructurar mi obra con la lógica del inconsciente. En donde fluyo y donde he podido definir mi trazo.
(...) Pasan los meses del desencanto. La cosecha de lo femenino parece tardía pero es próspera. Está a punto. Está redonda. Se pincha. Está en el agua. Del agua y hacia el agua, flotan dos seres idénticos. Dos espejos. Cada uno tiene un ojo miel y el otro cielo. Lo masculino y lo femenino han nacido. Comienza otro ciclo. (...)
Quienes conocen mi escritura me recomendaron que leyera a Marosa di Giorgio, hay un lazo entre su cosmovisión y la mía indiscutible, incluso antes de haberla leído ya nuestra narrativa se parecía y ahora que estudié su obra, tengo que hacer fuerza para no parecerme a ella.
Bajó una mariposa a un lugar; al parecer, de
hermosos colores; no se distinguía bien. La niña más chica
creyó que era una muñeca rarísima y la pidió; los otros
niños dijeron: -Bajo las alas hay un hombre.
Yo dije: -Sí, su cuerpo parece un hombrecito.
(...)”
(Marosa Di Giorgio, “Bajó una mariposa a un lugar oscuro”)
El primer autor que me marcó fue García Márquez, también adoré a Isabel Allende, pero en su primera etapa. Al igual que me sucedió con García Márquez, conecté más con los libros que estaban manchados de sus infancias y de la idiosincrasia latinoamericana. Ya cuando veo los trazos europeos, me desconecto. Aunque el Cortázar de Francia cambió para siempre mi forma de ordenar los textos y también un poco la forma de percibir la vida y el amor.
Siempre hice de todo. Mucho teatro (pero tengo una relación tóxica con la actuación, de amor-odio, tortura-placer), danza contemporánea, pintura y escritura. También creo contenido para redes sociales, labro la tierra, tallo madera, hago pulseras, soy maestra de reiki y estoy muy metida en todo el asunto espiritual.
Con mis amigos hicimos cortometrajes y pequeñas obras que hemos presentado en concursos de jóvenes en Uruguay. Nos gusta lo absurdo y el surrealismo.
Nuestra misión es que la gente salga sin saber qué fue lo que les pasó. El corto Lirios de una Noche está en YouTube, también hicimos las mini obras La Otra Escena y Conejo de Mimbre.
Para recapitular mi carrera, a los 16 escribí mi primera novela Laguz que la tengo bien guardada para presentarla en concursos (me llevó años hacerla), al mismo tiempo escribí Madelaine, aunque cuando iba por la página 108 la perdí para siempre y nunca más la recuperé.
Siempre hago poesía, cuentos, artículos, manuales de runas y ahora mismo estoy escribiendo a mi niña mimada, unas crónicas sin tiempo que tengo planeada hace muchos años, pero no me sentía preparada para desarrollarla cuando se me ocurrió la idea, quería que fuera perfecta.