Si no leíste nuestro anterior artículo1, en el que damos los primeros pasos en este proceso, te invito a que lo leas; si ya lo hiciste o no te importa… ¡Vamos!

Antes que nada

Quisiera preguntarte si ya sabes quiénes son tus personajes principales. ¿decidiste quiénes van a llevar sobre sus hombros el peso de la trama? ¿sabes sus nombres y biografías? Tienes que tener esto en claro para acompañarme en el siguiente ejercicio, en el que desarrollaremos un cuento que nace del mundo de mi novela.

Haré todo lo posible para que podamos ir juntos.

Ya sabiendo quiénes son los protagonistas y sus vínculos entre sí, te hago la siguiente pregunta: ¿hay más allá en tu historia? —El mundo de los muertos, una dimensión alterna, un espacio de fantasía—.

Si la respuesta es “sí”

Desde la lógica de ese “más allá”, lugar donde habitan las almas desencarnadas y repiten en loop los eventos canónicos de sus vidas, vas a tomar los momentos que tú crees que son los más importantes en la historia y los vas a desmembrar en símbolos y en situaciones irreconocibles para cualquiera que no conozca la novela. Vas a divagar todo lo que se te dé la gana, los acontecimientos no tienen que tener orden cronológico ni coherencia, solo vas a vomitar ideas coloridas.

Si la respuesta es “no”

Si no hay “más allá” en tu historia, puedes hacer este ejercicio también. Va a ser un sueño de cualquiera de los personajes principales y lo mismo que en el apartado anterior, me cito: “Vas a divagar todo lo que se te dé la gana, los acontecimientos no tienen que tener orden cronológico, ni coherencia”. Puede ser premonitorio o un recuerdo, aunque jugar con lo premonitorio es más interesante, porque te da la posibilidad de codificar a tal punto lo que quieres sugerir que vas a tener que poner sobre la mesa toda tu creatividad.

El cuento de Luis Fernando y Eliza

Aquí lo que hago es darle vida al mundo de la novela sin empezar del todo. En un cuento aislado, inspirado en el universo ya creado y en la psiquis de los personajes, me doy licencia para probar lo que quiera.

Luis Fernando y Eliza tienen varios vínculos a lo largo de la historia, y todos ellos son familiares. Sé por encima cómo deberían de tratarse, pero en el pequeño cuento puedo darles rienda suelta.

Para hacer tu propio cuento, vamos a repasar un poco lo que tienes que hacer y las preguntas que tienes que contestar.

  1. ¿Cuáles son tus personajes principales y cuál es su vínculo?

  2. ¿Cuáles son los momentos canónicos que van a hacer que la trama se mueva hacia el desenlace?

  3. ¿Cuál es el género?

  4. ¿Cuál es el contexto histórico? ¿La política entra en juego? ¿La naturaleza? ¿Los dioses y seres celestiales? ¿Los muertos?

  5. En cuanto a la gramática: ¿Quién narra? ¿En qué tiempo? ¿Será homodiegético? ¿Heterodiegético?

Ahora, sabiendo esto y lo que hablamos antes sobre los sueños, el más allá y la codificación de los símbolos. Piensa en un principio, desarrollo y final y comienza:

Las escamas plateadas del mar se movían con metódica y silenciosa parsimonia. No había chasquido, viento o aliento alguno mientras zambullía el remo en el agua infinitas veces sin una gota de sudor.

El sol era blanco, sin dejar de ser cálido, le entibiaba las facciones rudas de su nariz aguileña y sacaba a la luz todos los matices del iris, la miel, el pasto y las diminutas vetas de azul despejado.

(Va a ser mucho más fácil si en las primeras líneas del cuento optas por contextualizar, generando un ambiente sólido y describiendo los rasgos principales del personaje)

Parecía haber navegado dos o tres vidas y el ayer se desdibujó, lo que no lo dejó muy seguro de a dónde estaba yendo, pero el dónde se abrió paso frente a él en una isla de entrada rocosa con árboles de –fácilmente– diez metros de alto, muy cerca y muy lejos a la vez. La isla era pequeña, pero las distancias de un lugar a otro llegaban a ser extensísimas. Podrían ser centímetros, kilómetros o países enteros entre un punto y otro.

De primera, parecía apreciarse todo lo existente de un solo vistazo, aunque estaba llena de recovecos, bichos, cuevas, agujeros de gusano, pozos y aljibes hondísimos en donde una mujer gritaba.

— ¿Dónde estás?

— ¿Eliza?

— ¡¿Papá?! Sácame de acá, hace frío.

(No malgastes los diálogos con charlas inútiles, da información importante, aunque sea de forma sutil. Cada palabra cuenta)

Aunque el agua de los aljibes siempre ha sido turbia, Luis Fernando, más allá de su propio reflejo, logra ver la silueta de una pequeña rubia bajo el agua. Por instinto saltó de cabeza al pozo. De nuevo, las profundidades y proporciones estaban sacadas de contexto, pero para ese punto de la eternidad sin tiempo, ya lo tenía normalizado y buceó queriendo tocar el oro de su pelo, pero en vez de sentirlo en la piel, lo olió. Tierra y manzanas dulces.

Lo abrazó el calor familiar y cuando intentó tomarla de la mano para subirla con él, la niña desapareció. Sacó la cabeza a la superficie, buscándola, pero en vez de ella, vio la salida estrecha de un túnel que se alejaba hasta convertirse en un punto de luz en la oscuridad perpetua.

Cuando volvió a hacerse consciente de su entorno, este era tan estrecho que tocaba las paredes viscosas con sus pies y no tenía que hacer nada para mantenerse a flote. Lo envolvía una cálida aura rojiza y en ella meditó, escuchando el sonido de onomatopéyicas voces conocidas, susurros, risas y un quejido.

Eliza gritó otra vez. Tenía frío y él podía sentir su miedo mientras ella se iba quedando sin aire hasta que el oxígeno también le faltó a él y la perfecta flotabilidad en la que vivía se pinchó, dejándolo tocar el fondo. El agua empezó a asfixiarlo, Eliza quedó silenciosa.

(Véase cómo se desarrolla un conflicto dentro de un cuento aislado, que en realidad sale de uno de los conflictos principales de la novela: las causas de la muerte de uno de los personajes)

Sintió una soledad brava, sangrienta, llena de ira. Pero la soledad era una mentira, él no podía estarlo, aunque quisiera.

Unos ojos brillantes aparecieron en la boca del aljibe, arriba. Lo miraron, se cuestionaron y sin saber mucho qué hacer le preguntaron:

— ¿Viste a mi hijo? —La voz de una mujer dulce y firme se reveló—. — Soy yo solo acá abajo.

— ¿No puedes salir?

Luis Fernando no respondió porque no sabía, no se lo había propuesto. Además, decir no puedo era para vagos incapaces, según él.

— Está muy alto, tienes que ir por abajo —le dijo ella.

— ¿Abajo?

— ¡Que nades y encuentres el canal!

— ¿Qué canal?

— Te espero del otro lado —es lo último que la mujer le dijo antes de desaparecer.

Hablemos un poco

El cuento va a quedar ahí, quizás en otras entregas cite alguna parte, pero si continúo va a quedar espoleada mi novela. Aunque me da curiosidad qué piensas de lo que viste hasta ahora, qué crees que les pasó a los personajes y sobre todo, cómo crees que va a continuar.

Espero que continúes escribiendo, ánimo.

Notas

1 Escribamos una novela.