Luissiana Naranjo Abarca
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Luissiana Naranjo Abarca

De niña dibujaba ser un topo. Trazaba en una hoja en blanco, una línea horizontal como si fuese el suelo y hacía túneles donde cada espacio era un cuarto de una casa, con su camita y sala de estar. Allí, soñaba esconderme. El mundo afuera me parecía incierto como lo es hoy día. Y ese mundo interno era dibujado una y otra vez en mis cuadernos de escuela.

Trato de revelarme por qué era tan mágica esa vida subterránea y fui descubriendo que, dentro de mí, guardaba esos submundos de imaginación donde podemos ser nosotras mismas sin que nadie nos diga cómo vestirnos o actuar. No se conocía el nombre de acoso escolar, pero por mi tamaño y peso, siempre descubrí no encajar cuando me hacía visible.

Por eso, Luissiana, se guarda muchas veces dentro de sus túneles. A pesar de que vivió su infancia en una gran casa colonial de 1925, allí empieza a descubrirse. Disfrutaba la soledad, escondida en las bambusas del jardín y en la oscuridad húmeda del naranjal tipo Washington que cultivaba mi padre. Esa infancia entre helechos y papiros y un rancho que pedí a mi padre construir con 4 horcones y 3 latas de techo, fue el refugio de mi admiración por la hormiga, la lluvia, los pinos que la rodeaban, hasta nacer, lo que llamo, mi primera poesía, el asombro por lo nimio y lo cotidiano.

Al ir creciendo, mi vida espiritual por herencia familiar me acercó siempre a los más necesitados. Y, por lo tanto, el propósito en mi vida era ser misionera y escribir. Lo logré con el pasar de los años. Creo que soy de las pocas niñas que han logrado sus sueños de infancia. Pero, como decía mi madre, eso no me daría para comer. La disyuntiva siempre era o dedicarme a Dios o escribir literatura. Ambas, no eran aceptadas en mi época. Así, que dejé mi formación universitaria hasta los 24 años cuando intenté sacar Periodismo para ir a cubrir la guerra de la antigua Yugoslavia, según mi concepto, ir al campo de la acción y llevar el reportaje. Bueno, mi espíritu aventurero y misionero, no me dejó tan sencillo. Dejé la Universidad y me fui a Nicaragua a servir, pues se abrieron las puertas a la libertad religiosa.

Después de varios años, me encontré en un oscurantismo terrible y mi topo se hizo más fuerte y me liberé de la religiosidad para seguir la profundidad de mi túnel hasta ver a donde me llevaba. Toqué muchas puertas de la fe, muchas carreras que no terminé, como mis estudios de Lingüística en la enseñanza del Español, las Bellas Artes, las Relaciones Públicas, hasta que encontré en la Enseñanza de la Educación, parte de mi vocación. En todas esas etapas me descubrí artesana, negociante, y en esos múltiples oficios, me dieron una formación técnica y autodidacta, la cual hoy respeto profundamente, pues es la persona que me ha permitido ser.

Tengo una Maestría en Administración Educativa en una de las universidades de más baja categoría, pero he creído que la excelencia la hace el estudiante y no la institución educativa. He luchado por esa excelencia como ser humano porque creo en el bien común y en la posibilidad de la bondad de las personas, porque sí hay gente buena y que ama lo que hace y lo demuestra.

Nací en un pueblo de los Desamparados sin ser desamparada. Amo leer desaforadamente como cocinar por terapia cuando vienen los amigos. Mis placeres más cotidianos son correr viendo el amanecer o nadar largas distancias para sentir mi respiración al límite. Tan feliz soy en una altura donde una montaña me aspire como hacer buceo nocturno y buscar vida marina que difiere a la del día.

Me place ver y retener paisajes. Viajar con dificultad, en trillos o lugares sencillos, visitar ferias y mercados de cada país. Esa es la Luissiana aventurera. O está la clásica, la que disfruta la ópera, todo arrullo de la música, sentirla y bailarla. Mujer amadora de su hija, su madre, su hermano y su perrita Lluvia. Es un privilegio tener familia y creer que si uno cae o el otro, allí estaremos juntos para salvarnos.

Me verán defendiendo la injusticia porque todavía tengo voz. Y más aún la palabra llevadera de banderas sociales y a favor de minorías. Creo fuertemente en la educación para ser feliz porque nadie nos ha enseñado a serlo, y éste debería ser un derecho humano.

Pienso en mi planeta y quisiera que todos valoremos ser parte de este y buscar su equilibrio.

He trabajado con poblaciones de mujeres en estado de privación y también ex privadas de libertad estimulándolas a la poesía y el espíritu creador, formando el grupo PALABRAS LIBRES (así está en Facebook) donde se obtuvo publicaciones, participación de Ferias Internacionales del Libro y recitales. También, he trabajado en fundaciones como Paniamor o Fundación Jacobs de Suiza para jóvenes de alto riesgo social donde la educación y la cultura fuese un puente de desarrollo y los jóvenes tuvieran un mejor perfil de empleabilidad.

Fui docente del Ministerio de Educación en escuelas primarias de atención prioritaria lo que me produjo una visión de lo que debe reforzarse y mejorar. Pues pienso que la realidad de los niños a veces no compagina con las políticas educativas. Trabajé como docente en la Universidad Central y la Universidad Independiente.
Con poesía ayudé a mujeres recuperándose de vivir en las calles. He estado con mujeres y familias en la lucha contra el cáncer, que sí es lucha, porque aún mueren miles de mujeres por falta de acceso a una salud digna para ellas. Por eso, edité y fui coautora de la antología Elige vivir de la Fundación Esperanza. Realizo y dirijo cada año, el Encuentro el poeta y el medio ambiente para sensibilizar nuestra responsabiidad entre el arte y la naturaleza, donde por un mes entero se hacen conversatorios vía Stream Yard y Zoom y algunas actividades presenciales en escuelas, y residencias para la persona adulto mayor. Me considero conservacionista de corazón. Aunque los temas del corazón no me han funcionado, poetizo al amor como una manera conjunta de creer en él, como una solución para el mundo y su vertiginosa soledad. Soy copropietaria y representante legal de la Residencia Casa Franco para personas adultas mayores en estado de abandono.

Y dale, ya es mucho de hablar de mí, la tarde llega, y el topo busca meditar, orar, y bajar el ritmo para apreciar la magnitud de la noche o la lluvia, la luna y sus constelaciones.

Como autora, desde joven hasta hoy, he participado como integrante en:

  • En el Círculo de Escritores Costarricenses
  • El taller de Chico Zuñiga
  • El taller de Poesía Activa Eunice Odio
  • En la Asociación Costarricense de Escritoras donde estuve muchos años en la junta directiva.
  • En la Asociación de Autores de Obras Literarias y Artísticas donde fui presidenta.
  • En el Grupo Palabras Viajeras y el Grupo NAMAI

En Facebook pueden buscarme como Luissiana Naranjo Abarca tanto en perfil personal como blog de autor. También, pueden buscar mis comentarios y actividades en las siguientes páginas:

  • Encuentro el poeta y el medio ambiente
  • Educar para ser feliz
  • Residencia Casa Franco
  • Resiliencia

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