En el siglo pasado, la Unión Soviética, con Rusia como su corazón, se erigió como una de las grandes potencias hegemónicas junto a Estados Unidos. Sin embargo, con el cambio de siglo, Rusia ya no mantuvo ese estatus, mientras que China, que antes era una economía modesta y poco llamativa, se transformó en una superpotencia.
Lo curioso es que Rusia y China adoptaron economías más abiertas al mercado libre casi al mismo tiempo. Aunque no vamos a detallar por completo la historia de cómo Rusia perdió su antiguo estatus y cómo China ascendió al escenario global, sí nos enfocaremos en un aspecto clave: la transformación económica de ambos. Así entenderemos cómo pasaron de economías centralizadas a sistemas más abiertos y cómo eso redefinió su posición en el mundo.
Condiciones iniciales
El detonante de las reformas económicas tanto en China como en la antigua Unión Soviética (URSS) fue el mismo: la disfuncionalidad del sistema económico. El discurso generalmente aceptado explica que fue una estructura basada en la planificación centralizada la que condujo a la necesidad de una transición económica.
Cuando las reformas económicas fueron puestas en marcha por Deng Xiaoping en 1978, China estaba devastada económica y políticamente por los años de la Revolución Cultural y las políticas maoístas anteriores procedentes del Gran Salto Adelante (1958-1962).
Más tarde, en 1989, comenzó la transición económica y política de la antigua Unión Soviética. En este caso se estimaba que su economía había alcanzado el límite de su crecimiento debido a la planificación centralizada, lo cual condujo al colapso de la Unión Soviética y, por ende, del monopolio político del comunismo.
Sin embargo, la similitud entre China y la antigua Unión Soviética termina aquí.
Contexto político
Aunque este artículo detalla las diferencias de la transición de una estructura económica de planificación centralizada a un sistema capitalista liberal, es imprescindible comprender las instituciones políticas que impulsaron el cambio.
Además, vamos a reducir el enfoque de la Unión Soviética a Rusia, para poder ser más precisos en el análisis y para comparar los casos de transición de dos superpotencias mundiales de los últimos 30 años: Rusia y China. Por eso también es importante hacer una revisión del contexto político para contextualizar la desintegración de la Unión Soviética en estados independientes.
Contexto político de la URSS: un repaso hasta la Federación de Rusia
Como bien se ha dicho, en la década de 1980, la Unión Soviética atravesaba un período de creciente crisis económica. El secretario general del Partido Comunista, Mijaíl Gorbachov, abogó por dos nuevas iniciativas para modernizar la Unión Soviética: glasnost, un aumento de la transparencia burocrática y mayor libertad de expresión; y perestroika, una reestructuración de los sistemas políticos y económicos de la URSS liberalizando parte del control gubernamental sobre los precios y los monopolios estatales.
Fue la imprevisibilidad de un proceso tan radical como perestroika la que causó mayor impacto y con los mayores derechos de expresión la gente no se cortó en expresar su descontento.
Porque parecía que no bastaba con la crisis económica, se dio el “Acuerdo de Belavezha”. Un acuerdo entre los presidentes de tres repúblicas dentro de la Unión Soviética: Rusia, Ucrania y Bielorusia para reconocerse mutuamente la independencia. Un par de semanas más tarde, Gorbachov dimitió como líder de la URSS y el Soviet Supremo, el equivalente a un parlamento o un congreso, anunció la disolución formal de la Unión.
Sin embargo, cabe destacar que la disolución de la URSS fue repentina y tomó por sorpresa a los ciudadanos soviéticos. Tan solo unos meses antes, la URSS había celebrado un referéndum nacional en el que el 80 % de la población votó abrumadoramente a favor de preservar la unión, incluida una gran mayoría en Ucrania, Bielorrusia y Rusia, los mismos países que anunciaron su independencia. Aunque también se votó a favor de algunas reformas del funcionamiento de la Unión, su final no cabía en el imaginario de la población.
Es verdad que la situación cambió drásticamente en los meses precedentes a la votación. Hubo un golpe de estado que debilitó la autoridad central y los líderes de las repúblicas comenzaron a actuar de forma independiente. Finalmente, la voluntad política de los líderes regionales se impuso sobre el resultado del referéndum dando lugar a la conclusión de la Unión Soviética.
Boris Yeltsin, uno de los firmantes del acto definitivo de determinación como presidente de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, tomó el papel de presidente de la Federación de Rusia, un Estado independiente.
Evidentemente, esto es un resumen muy breve de un proceso complejo y doloroso, pero sirve como suficiente contexto para el resto de la discusión.
Contexto político de China
La situación política en China era diferente. A pesar de la agitación política durante el periodo de la Revolución Cultural, el Partido Comunista de China (PCCh) siguió manteniendo el monopolio del poder político y el control centralizado sobre todo el país.
Desde el punto de vista político y administrativo, los dirigentes del PCCh y el Gobierno central siguieron controlando la vida económica y pudieron ajustar las reformas graduales sin riesgo de crear un vacío sistémico.
Pero, ¿qué condiciones económicas y estructurales explican que China lograra consolidar su transición hacia el mercado mientras Rusia enfrentó una crisis profunda durante el mismo proceso?
- En primer lugar, la mejora radical de la situación económica era una cuestión de supervivencia no solo para la nación, sino también para el PCCh gobernante.
Aunque algo parecido se podría decir del caso soviético, en China había mayor unidad sobre el objetivo del PCCh (aunque con diferentes ideas de cómo lograrlo), mientras que en la URSS los líderes de las repúblicas comenzaron a actuar de forma independiente, quebrando la unidad interna.
- En segundo lugar, la Revolución Cultural desestabilizó al propio PCCh, lo que generó una demanda de políticas más pragmáticas representadas por Deng Xiaoping y sus partidarios.
Aquí cabe destacar la introducción del sistema de controles y contrapesos internos del partido. Fue este pragmatismo y la gestión de voces divergentes dentro del partido la razón principal del gradualismo chino en la transición económica. Aunque el apoyo nunca fue inequívoco e indiscutible, sobrevivieron hasta mediados de la década de 2010. Desde entonces, han sido gradualmente desmantelados por el actual presidente de la República Popular China (RPC) y secretario general del PCCh, Xi Jinping.
- En tercer lugar, las características estructurales de la economía china supusieron una menor resistencia política a los cambios en el sistema económico.
Con este punto vamos a observar las condiciones estructurales de ambos Estados para comprender los procesos y resultados tan distintos que vivieron.
Características estructurales
A finales de la década de 1970, China era una economía de bajos ingresos, mayoritariamente agraria y rural, mientras que la Unión Soviética a finales de la década de 1980 pertenecían a un grupo de ingresos medios y, a diferencia de China, estaba muy industrializada.
La falta de datos comparables a nivel internacional no nos permite examinar la estructura interna de la industria entre los países en la época. Sin embargo, la intensidad energética es otra medida que muestra diferentes grados de distorsiones heredadas de la economía planificada.
Observando esta variable en los datos del Banco Mundial, se observa que a principios de su transición, en 1980, China consumía 0,38 kg de equivalente de petróleo por cada dólar de PIB, según el cálculo de la paridad del poder adquisitivo (PPA) de 1992. El mismo indicador ascendía a 0,91 kg en Rusia en 1992, al principio de su propia transformación. Demostrando la brecha en los niveles de industrialización.
Entonces, ¿en qué sector se basaba la economía china?
La respuesta es la clave de la ventaja china sobre su transición económica: en la agricultura.
China seguía siendo una economía rural en la que la agricultura desempeñaba un papel fundamental en aquella época.
Esto significaba que la participación de las industrias manufactureras estatales en la economía china era mucho menor que en Rusia. Por lo tanto, China podía permitirse mantener, hasta cierto punto, su existencia al tiempo que generaba crecimiento económico en los nuevos sectores y empresas.
Además, la enorme cantidad de mano de obra acumulada en el sector agrícola en China significaba un potencial excedente de mano de obra. Podía ser, y fue, fácilmente empleada cuando se presentó la oportunidad de crear empresas semiprivadas y privadas en el marco de la reforma de Deng.
Por otro lado, Rusia experimentó una escasez de mano de obra debido a los incentivos microeconómicos perversos creados por el mecanismo de su economía planificada. Es decir, volver al crecimiento económico requirió una reestructuración sustancial y una reasignación de los recursos disponibles, incluida la mano de obra, lo que llevó tiempo y supuso una disminución temporal (correctiva) de la producción.
Política social y servicios sociales
Hablando de la transición económica de países comunistas es imprescindible referirse al tamaño relativo del gasto público en política social y servicios sociales.
Fue sorprendente aprender que en China, los sistemas públicos de pensiones, sanidad y otros instrumentos de política social sólo cubrían a los empleados del sector público y de las grandes empresas estatales (SOE) y a sus familias. Los cuales componían aproximadamente el 20-30 % de la población total. El resto de la población tenía que depender de sus propios recursos.
Por otro lado, el régimen comunista de la Unión Soviética tuvo que buscar algún tipo de legitimidad social y métodos menos coercitivos para controlar a las sociedades. Esto era especialmente importante ante los repetidos incidentes de disturbios masivos y otras formas de resistencia anticomunista. Por eso, la mejora de la prestación de servicios sociales básicos, fue el principal instrumento para satisfacer a la sociedad.
Dados los graves desequilibrios macroeconómicos que sufría Rusia como antiguo país de la Unión Soviética, era inevitable un doloroso ajuste en el ámbito de la política social. China, donde el gasto en política social y servicios sociales era mucho menor en relación con el PIB, no se enfrentó a este dilema político.
En resumen, las condiciones iniciales determinan las opciones disponibles de estrategias de transición.
China pudo privatizar fácilmente su agricultura. Dado el papel dominante de este sector en la década de 1970, su privatización supuso un potente impulso para toda la economía china y contribuyó a mejorar el nivel de vida de gran parte de la población. Además, el excedente de mano de obra agrícola pudo ser rápidamente empleado por nuevas empresas colectivas, cuasi privadas y privadas en la industria y los servicios, que se convirtieron en el principal motor del rápido crecimiento económico en esa etapa.
La economía rusa tuvo que pasar por una dolorosa reestructuración y, en parte, desindustrializarse para liberar recursos, para luego reemplearlos de manera más eficiente. El desafío económico y social adicional provino de la necesidad de reducir el gasto social y recortar diversos subsidios para restablecer el equilibrio fiscal, monetario y de la balanza de pagos. Debido a que el sistema de mando implosiona al comienzo de la transición, su continuación, incluso parcial, era problemática.
Proceso de transición
Vamos a adentrarnos un poco en cómo se vivió este proceso de transición desde dentro. Observaremos cómo las estructuras de poder, tanto del gobierno como de los partidos dominantes en China y en Rusia, implementaron sus respectivas transiciones económicas.
Además, en el caso de Rusia, también haremos una breve mención de los factores externos, es decir, de la presión y los actores internacionales que también influyeron en ese camino de transformación.
Rusia
Como se ha visto, el caso ruso era muy complicado: la Unión Soviética se había derrumbado y el caos político impedía al gobierno desarrollar un plan coherente de transición.
A instancias de los asesores occidentales, Yeltsin impuso rápidamente una serie de políticas destinadas a llevar a Rusia hacia el capitalismo de forma drástica. Para occidente, esta transición era de suma importancia porque se convertiría en la base de la narrativa de autoafirmación del sistema capitalista que hoy conocemos.
Igual te suena: el fin de la URSS es una historia de triunfo inevitable, una especie de prueba teleológica de la superioridad del capitalismo y el golpe definitivo para cualquier tipo de proyecto socialista.
De esta forma instituciones capitalistas como el FMI, así como economistas estadounidenses presionaron la transformación rusa hacia el capitalismo a ser un proceso casi inmediato y, por ende, desorganizado. Aunque claro que fueron Yeltsin y su gobierno los responsables de implementar estas políticas.
El resultado fue más inestabilidad para la población. Provocando una crisis económica profunda, una caída del 40% del PIB y la muerte de alrededor de cuatro millones de rusos.
Para intentar mejorar la situación, el gobierno ruso propuso una idea que parecía razonable al inicio. En una economía capitalista, la propiedad de activos es fundamental. Durante el comunismo, el Estado era dueño de todas las empresas, así que pensaron en repartir acciones entre los ciudadanos, de modo que cada persona tuviera una parte de esas compañías. El objetivo era crear una base amplia de propietarios privados y mantener cierta igualdad social.
Sin embargo, el plan fracasó. La población no tuvo tiempo para aprender cómo funcionaban las acciones ni cómo adaptarse a un sistema económico totalmente nuevo. Mano a mano con la escasez de alimentos, llevó a muchos rusos a vender sus acciones por productos básicos, incluso por pan.
Los pocos ciudadanos con conocimientos financieros aprovecharon la oportunidad y compraron todas esas acciones. Estos individuos se convirtieron en los oligarcas que hoy dominan gran parte de la economía rusa y limitan la competencia y la innovación.
China
El gradualismo chino no fue necesariamente el resultado de una estrategia diseñada conscientemente. Más bien, fue el resultado de la lucha política dentro del PCCh, en la que parte de la dirección se resistió a la reintroducción del capitalismo.
Eludir la resistencia a las reformas requirió diversos tipos de compromisos dentro del PCCh. Estos compromisos se referían a soluciones institucionales específicas. Por ejemplo, la doble fijación de precios y la liberalización de la doble vía.
El sistema de doble fijación de precios en la agricultura creó una base de seguridad en la experiencia transicional de la mayoría de la población. Bajo el comunismo, el Estado exigía a los campesinos cumplir una cuota mínima de producción. Con las reformas, el gobierno mantuvo ese sistema, pero permitió que los agricultores vendieran cualquier excedente en el mercado libre y conservarán las ganancias.
Gracias a esto, los campesinos conservaron la estabilidad del modelo anterior y, al mismo tiempo, obtuvieron incentivos económicos nuevos. Esto dio lugar a un aumento notable en la productividad agrícola, gracias a que los agricultores aprendieron progresivamente a actuar como empresarios dentro de la nueva economía.
Sin embargo, este compromiso tuvo un alto costo, tanto económico como social. La doble fijación de precios creo oportunidades para el arbitraje de precios, la corrupción, y un rápido aumento de las desigualdades de ingresos y riqueza. Aunque esta última se ha convertido en una expectativa natural del sistema capitalista.
En las ciudades, China adoptó un enfoque igualmente gradual, conocido como “cruzar el río tocando las piedras”. Esto significaba avanzar con precaución: abrir primero unas pocas ciudades al mercado y observar los resultados. Si las reformas fracasaban, podían revertirse sin afectar a todo el país.
Afortunadamente, esas ciudades prosperaron y demostraron que las políticas de mercado podrían funcionar. Con el tiempo, China amplió las reformas a más regiones hasta que toda la nación operaba bajo el nuevo sistema económico. Este proceso cuidadoso permitió que China se modernizara sin la devastación que acompañó a la transición rusa.
Sin embargo, no era perfecto. Acompañaron consecuencias negativas a esta política. Compartían el arbitraje de precios, la corrupción, y un rápido aumento de las desigualdades de ingresos y riqueza con las políticas de los campos. Pero se sumaban el desmantelamiento de activos y la creación de fortunas oligárquicas. Por esto es importante tener cuidado en no idealizar la forma en que China reformó su economía como indolora y sin perdedores.
Resumen y consecuencias sobre las respectivas posiciones globales de Rusia y China
Resumiendo, los procesos de transformación económica de Rusia y China, se observa cómo los países partieron de la disfuncionalidad de la planificación centralizada, pero las condiciones iniciales y el contexto político marcaron trayectorias opuestas.
Rusia enfrentó una crisis sistémica que culminó con la disolución de la URSS y una transición abrupta hacia el capitalismo bajo Yeltsin. Este proceso, impulsado por presiones externas y una desorganización interna, provocó un colapso económico y social que debilitó la estructura estatal.
Esta transformación no sólo significó una transformación interna, sino que también reestructuró su capacidad para ser una potencia hegemónica mundial. Rusia bajo la URSS pasó de competir con Estados Unidos en casi todos los frentes; hoy, es más bien en una potencia regional con influencia global en determinados ámbitos, como la energía y los asuntos militares.
Así, la transición económica y política convirtió a Rusia en una potencia regional con influencia, pero sin el mismo estatus hegemónico global que tenía formando parte de la Unión Soviética. De esta forma, la transición redujo realmente su papel hegemónico en la escena mundial.
China, en cambio, mantuvo la cohesión política del Partido Comunista, lo que permitió aplicar reformas graduales y controladas. Deng Xiaoping impulsó un modelo pragmático que combinó el control político con la apertura económica, comenzando por la agricultura y expandiéndose lentamente hacia la industria y los servicios. Este enfoque aseguró estabilidad, crecimiento sostenido y una transición menos traumática.
Esa transición hacia una economía más orientada al mercado permitió a China integrarse en el comercio mundial y construir una base económica enorme. A lo largo de las décadas, eso la catapultó a una posición en la que ahora es realmente una superpotencia mundial.
En conjunto, la comparación entre las experiencias de transición de Rusia y China demuestra cómo las decisiones políticas y las condiciones estructurales determinaron el éxito o fracaso del paso de ambos países hacia economías de mercado, redefiniendo su papel en el orden global contemporáneo.















