El Festival de Trompetas de Guča condensa en pocos días lo que significa ser parte de la cultura serbia. El pueblo, con solo 2.000 habitantes, acoge cada año a hasta 600.000 visitantes en un fin de semana de música, kolos, aromas de asados y tradición folklórica. La trompeta, que alguna vez marcó el ritmo de las batallas, se transformó en voz de la comunidad a través de ceremonias rurales, bandas romaní y repertorios reinventados.

No obstante, este instrumento no siempre fue emblema de Serbia. Aunque desde hace casi mil años aparece en crónicas y canciones antiguas, su verdadera integración a la vida popular es reciente.

Historia

Al término de las Guerras Serbo‑Otomanas, muchos soldados regresaron a sus aldeas con trompetas en la mano y melodías en la memoria. Esas trompetas se integraron poco a poco en celebraciones rurales: bodas, funerales, fiestas tradicionales, etc. Esa transición marcó el paso de un instrumento de guerra a uno de ceremonia popular.

La trompeta empezó a sonar en plazas y calles, interpretada por músicos ambulantes que buscaban ganarse unos dinares. Fue así que llegó a los oídos de Blagoje Radivojević, un periodista camino al trabajo.

A pesar de su mayor frecuencia, el instrumento aún no era reconocido como elemento representativo de la música serbia. Conmovido por el sonido de la trompeta, Radivojević comenzó a trabajar para convertir la trompeta en patrimonio musical especial de Dragačevo (la zona en el oeste del país donde se encontraba). En menos de un año, consiguió organizar una competición en Guča, con bandas de trompeta que provenían de aldeas cercanas, muchas veces formadas por músicos que habían aprendido su oficio de antiguos trompeteros militares.

Fue así como en 1961, se celebró el primer Festival de Trompetas de Guča, dando lugar a lo que pronto se convertiría en el festival de la trompeta más grande del mundo.

Con el paso del tiempo, músicos de origen romaní empezaron a participar de forma importante en la competición en Guča, donde se destaca el legado de la banda Boban Marković Orkestar. Poco a poco consiguieron tener un papel central en perfeccionar la música de metales en Serbia.

Aportaron estilos particulares como el čoček (chó-chek), ornamentaciones, improvisaciones emocionales y virtuosismo técnico que no se solía expresar con repertorio militar o folclórico estándar.

Importancia cultural

La influencia de este festival ha revolucionado el sonido de Serbia. Ha evolucionado hasta crear un género marcado por dinámicas entre momentos suaves y explosivos, así como la combinación de la solemnidad y la alegría. Ese sonido se ha vuelto casi sinónimo de lo que muchos serbios consideran su identidad musical.

Sin embargo, la identidad sonora del género no es monolítica. La presencia de músicas y estilos como el čoček, los diferentes estilos regionales de bandas de metales, o la forma en que se adaptan piezas antiguas para audiencias modernas, como se combina lo local y lo cosmopolita, lo rural y lo urbano; refuerza la resonancia multicultural que aporta el festival.

Además, la música es a todo rato acompañada por el kolo (ko-lo), la danza colectiva más emblemática de Serbia. Aparece de formas variadas como bailes grupales espontáneos durante conciertos, presentaciones más formales de grupos folclóricos, y en representación colectiva durante competencias de música cuando el público festeja al ritmo de la trompeta. Las personas se unen en cadena, caminando en círculo, agarradas de las manos o de los hombros, articulando comunidad: los que bailan, los que miran, los que participan de la festividad, todos comparten los mismos pasos.

Las celebraciones en Guča no tratan solo música de trompeta, danza o competencia de bandas. Son una manifestación cultural integral donde se vive por cada sentido lo que significa ser serbio.

Se montan puestos de comida tradicional donde se puede probar carne asada (cordero, lechón), platos locales, especialidades caseras como la pljeskavica (pliés-ka-vi-tsa), kajmak (káy-mak), ajvar (áy-var) y bebida nacional como rakija (rá-ki-ya). Una experiencia gastronómica imposible de no suscribirse gracias al aroma de la cocina casera (además de necesitar la energía para pasar toda la noche bailando).

El festival se abre con un desfile con todos los trajes folklóricos regionales. Incluye bordados, faldas, chaquetas tradicionales, pañuelos; todos esos vestuarios reflejan las distintas regiones de Serbia. Sin embargo, no es una indumentaria relegada al escenario, sino que muchos asistentes la usan en su vida diaria de festival, llenando las calles de los colores de Serbia.

Tampoco es algo exclusivo para los nativos. Aquí se trata de la celebración e intercambio cultural. Este festival tiene asistentes de todo el mundo que son bienvenidos a disfrutar cada sentido que transmite el festival. Por eso se pueden encontrar de forma accesible estas prendas, en algunos casos son las mismas personas que tejen los trajes o hacen el bordado las que se encuentran vendiéndolas.

La prenda más comúnmente compartida es la šajkača (sháy-ka-cha), un gorro típico de lana, de forma plegada, asociado principalmente con los campesinos y los soldados serbios desde el siglo XIX. La gorra toma su nombre de esas tropas, šajkaši (sháy-ka-shi), unidades militares fluviales que defendían las fronteras del Imperio Habsburgo contra el Imperio Otomano.

De alguna forma, además de ser una prenda de gran honor en el país, conecta con la historia originaria del festival. Puesto que fueron estos soldados los que trajeron las trompetas a casa. Son los que volvieron de las batallas a ser campesinos y que enseñaron a sus hijos a tocar el instrumento. Y fueron sus hijos los que conmovieron a un periodista camino al trabajo despertando la emoción que fundó el festival.

En el Festival de Trompetas de Guča, la participación es un acto de celebración y apoyo a las personas que abren sus puertas, sus cocinas y sus armarios para compartir parte de su identidad con el mundo.

El sonido de las trompetas en Guča actúa como una voz colectiva de Serbia porque apela a emociones arraigadas: el orgullo por la historia, la pertenencia a una tradición, la conexión con la tierra, y también la nostalgia.

Lo acompañan las risas, los kolos, los colores y la comida. Pero también anhelo con los momentos de silencio o melancolía que construyen juntos una narrativa sonora que puede ser tanto celebración como reflexión.

Esa ambivalencia permite que en un fin de semana, en el pueblo de Guča de apenas 2.000 habitantes, reúna en sí alegría, resistencia, identidad y comunidad. En ese coro colectivo, también hay un lugar para ti.