En nuestro primer artículo1 hablamos de cómo, hasta cierto punto, el dinero nos maneja y terminamos siguiendo estatus. Esto se refleja en la moda, ya que la usamos como un medio para expresarnos y comunicarnos desde nuestro ser; sin embargo, en la actualidad solo mostramos hacia dónde queremos apuntar en la sociedad y no quiénes somos.
La moda verdadera es comunicar: termina siendo significado o significante. Para poder responder a esta duda, podemos analizar el vestuario de series, películas, artistas, etc. En este artículo vamos a centrarnos en el vestuario de la famosa serie Girls de HBO.
La serie está situada en Nueva York y sigue la vida de cuatro jóvenes en sus 20, cada una en busca de su camino hacia el futuro profesional y personal en esta ciudad tan exigente. Hanna, la protagonista, su mejor amiga Marnie, la liberal Jessa y su inocente prima Shosanna se enfrentarán a desafíos para demostrar su amistad, superar obstáculos profesionales y atravesar desilusiones amorosas.
Hanna, nuestra protagonista principal, recibida en literatura, tiene una personalidad excéntrica, despreocupada, descuidada e impredecible. Desde el principio hasta el final de la serie, su forma de vestir refleja quién es. Ella encarna el desinterés por su apariencia, pero justamente eso habla de ella: sin miedo a usar nada, combina colores, texturas, transparencias, lunares y rayas, faldas irregulares, estampados divertidos y accesorios. Usa prendas sin planchar ni terminadas, desatiende el maquillaje y el peinado, y sin dudas se muestra indiferente a lo que piense la gente. Su estilo transmite que no sigue modas ni al resto: ella es diferente.
Marnie, en cambio, al principio de la serie se muestra como un personaje serio y profesional, obsesionado con el aspecto físico y empeñado en reflejar éxito. Sin embargo, a medida que avanza la trama, se nota que está influenciada por su entorno y se viste según el momento. Este rasgo la hace un personaje complejo, que no sabe lo que quiere, ni quién es o quién desea ser, ni qué le gustaría hacer.
En sus inicios trabajaba en una galería de arte, vestía trajes ajustados, colores discretos, peinados prolijos, un estilo formal y siempre con tacones altos. Al quedar desempleada y empezar una relación con un artista, su vestimenta cambia levemente: incorpora moldería experimental, mezcla de texturas y el pelo suelto. Más adelante, al terminar esa relación y comenzar otra con un actor, inicia junto a él una carrera musical. Allí adopta un estilo folk ochentoso: vestidos largos con vuelos, paleta de tonos tierra, calzado plano, peinados con trenzas y ondas, accesorios florales y collares. En su última etapa, ya desempleada y sin pareja, aparece desorientada y viste jeans, joggings, remeras básicas, colores neutros, rodetes desarreglados y zapatillas.
Marnie es, sin dudas, un personaje en constante cambio. No está marcada por sus parejas, sino más bien por el entorno y las circunstancias que atraviesa en cada etapa.
Jessa, la más liberal, se destaca por ser polémica, despreocupada, rebelde y desinteresada. Es el arquetipo de la cool girl, mezcla de bohemia y rock. Todos quieren ser como ella: vestidos cortos, tops floreados, colores alegres, pelo desprolijo, vinchas con flores, camperas de cuero, jardineros de jean, borcegos, delineado negro y maquillaje corrido. Incluso al entrar en rehabilitación mantiene su rebeldía y no cambia demasiado.
No es hasta el final de la serie que Jessa deja un poco su espontaneidad y busca recuperar amistades. Su vestimenta se vuelve más neutral, aunque sin perder su aire bohemio: jeans, blusas, zapatillas, cabello suelto y siempre a cara lavada.
Por último, Shosanna, el personaje más querido de la serie. Al inicio se presenta como la más joven e inocente del grupo, llena de expectativas y esperanzas. Desde un principio tiene un estilo aniñado, dominado por el rosa: una verdadera girlie.
Al acercarse el final de sus estudios, sus ilusiones se ven afectadas por las dificultades de conseguir un trabajo estable. Su estilo se vuelve entonces una mezcla entre lo girlie y lo profesional: peinados prolijos y recogidos, accesorios llamativos, vestidos formales y tacones. Más adelante, al conseguir empleo en Japón, vive un cambio significativo. Allí se descubre a sí misma sin abandonar su esencia estadounidense ni su lado girlie. Ahora se muestra más audaz: pelo rosa, accesorios coloridos y extravagantes, tonos pasteles (sobre todo celeste y rosado), transparencias, delineados divertidos, estampados contrastados con negro.
El recorrido de Shosanna es claro: pasa de ser una niña inexperta a una joven adulta que no teme ser ella misma e imponer su estilo.
Nuestra duda se resuelve diciendo que la moda no comunica por sí sola: somos nosotros quienes comunicamos y usamos la ropa como medio. Indirectamente la moda transmite algo, pero no es su función principal; irónicamente, su única función es vestirnos. El peso se lo damos nosotros al reflejar preferencias, estilos y personalidad.
La moda es el significante porque la usamos de mil formas que nos llevan a comunicar, pero nosotros somos el significado: el contenido real detrás de esas formas.
Notas
1 Acceso a nuestro primer artículo ¿Moda o dinero?.















