El videoarte, fuera de la televisión, de los cines y ajeno a los festivales competitivos, nos permite pensar nuevamente el cine como séptimo arte. Esta nueva manera de hacer cine digital de la mano de las nuevas tecnologías ofrece la posibilidad de crear sin reglas establecidas que mutilen la inspiración. Es una forma totalmente libre de crear cine basado principalmente en el lenguaje de las imágenes. Permitiendo que la poesía fluya.
Crear alejado de las exigencias del rating, del mercado, del sponsor, del ejecutivo de cuentas de agencias de publicidad, de gerentes de marketing y de programación de la televisión, es lo máximo, sobre todo, para quienes realmente vemos, sentimos y actuamos en cultura por amor al arte.
Como cineasta, pintor y, desde hace no mucho, columnista, siento la obligación de que este tipo de cine debe convocar y hacer parte suya al ciudadano de a pie. Hoy todos hablan de la importancia de la educación, pero muy pocos ponen su creación al servicio del ciudadano.
Pienso que es el momento de reformular los objetivos de los fondos concursables de cultura. Mejorar la educación para hacerla más equitativa debería ser la meta de esos fondos. De esta manera, aportar a disminuir las enormes diferencias existentes entre la formación privada y pública. Los fondos de cultura deberían financiar proyectos que sean parte del material formativo de nuestras generaciones actuales. Solo realizando este giro de rumbo podremos ver cambios importantes a mediano plazo. Cambios que naturalmente finalmente también favorecerán a los propios artistas, quienes gozarán más tarde de un mayor número de interesados en consumir su arte. El arte y la cultura fomentan en la gente la expresión emocional y crítica, la empatía, aspectos que finalmente actúan como motor en la búsqueda de una mejor cohesión social.
En un podcast de Cristian Wanrken con el ministro de cultura Francisco Undurraga, este último dijo que los fondos no debían ser para financiar la carrera de los actores culturales, sino que la tarea es proveer de cultura a la ciudadanía a través de sus creaciones. En otro podcast de Cristian con el rector de la Universidad Católica, este manifestó que era fundamental observar la realidad, servir al país, devolver a la sociedad, educar al ciudadano para que este sea un buen ciudadano. Veo que tenemos sintonía en aquello. El arte puede ser un catalizador de la violencia y de la intolerancia reinante en las aulas.
La desconexión con el ciudadano de a pie no es solo un error de los políticos. Estos están hablándose entre ellos y desconocen su realidad, dejándolos fuera del diálogo y de la reflexión.
No solo los políticos se han vuelto arrogantes, egocéntricos, sino que muchos de nuestros artistas e intelectuales cometen la misma falta.
En relación a esto y mirado desde la perspectiva del mundo de la cultura, me surgieron un par de interrogantes provocadas por dos ex colaboradores de la revista cultural Off the Record.
La primera: ¿deben los académicos usar un lenguaje más común cuando sus escritos son publicados en revistas que se viralizan por las redes? Y ¿debe el Estado financiar el arte por el arte?
Me planteo estas cuestiones debido a un cruce de mail que tuve con dos ex colaboradores. Ante mi comentario de que para la revista Off the Record era fundamental usar un lenguaje más común para que una mayor cantidad de público lector pudiera comprender y disfrutar. La respuesta del poeta y académico italiano, de renombre internacional, fue que él tenía como principio inviolable lo siguiente: no soy yo quien debe esforzarse por ser comprendido por un público ignorante, es el público ignorante quien debe esforzarse por comprender lo que escribo.
Entiendo que en textos para la academia sea necesario el uso de un lenguaje más técnico para asegurar precisión y evitar ambigüedades.
No es mi idea que la revista nivele para abajo, pero sí hacer lo posible por tomar de la mano a quien no ha tenido la oportunidad de mejor formación y avanzar en conjunto.
Ante mi argumento su respuesta fue: ¿Qué deberíamos hacer? ¿Escoltar a quienes no han querido estudiar? No. Hay que dar una patada en los dientes y reeducar a quienes han abandonado los estudios por el espejismo del dinero, el trabajo o la ignorancia.
Como diría nuestro bien ponderado personaje de cómic, Condorito: ¡Exijo una explicación, Plop!
El otro ex colaborador me contacta un domingo vía WhatsApp preguntando si podía llamarme, dice que me tenía una gran primicia. Pensé que me daría algún contacto de un posible auspicio para la revista. Pero la novedad era que acababa de publicar un libro. Acto seguido me planteó que le hiciera una entrevista sobre su obra. Le comenté que no soy periodista y que no es idea de la revista publicar entrevistas. Entonces me planteo el hacerse la entrevista, o sea, preguntarse y responderse a sí mismo.
¿Te interesa?, preguntó. No, no me interesa, respondí. Ante mi negativa, el diálogo y el contacto se interrumpieron. Pero este ex colaborador, ex político y ex embajador, al parecer, sufre la típica prepotencia de sus ex colegas. Personajes que no soportan ser tratados como ciudadanos comunes. La arrogancia que ejercen desde sus cargos los lleva a estos excesos como a exigir acomodar la línea editorial de este modesto medio.
A esta altura de mi vida ya casi nada me sorprende, nada me asusta o altera. Me remonto al año 1996, cuando llevábamos solo algunos capítulos del programa de TV Off the Record. En esa época grabábamos en el restaurante Azul Profundo. Este mismo ex colaborador participó en uno de esos capítulos. Una vez terminada la entrevista, me abordó y al oído preguntó si yo había captado con la cámara el detalle de cuando le tomó la mano a la colega senadora de derecha. Para él, este gesto era una clara señal de civilidad, de demócrata de tomo y lomo. Era la gota que nos faltaba. Fue el último episodio que grabamos con políticos. En la siguiente semana grabamos el capítulo nada menos que con el gran escritor y amigo Francisco Coloane. El arte y la cultura desde ese momento fueron definitivamente la línea editorial de Off the Record TV durante los 28 años del programa.
El ambiente artístico está plagado de personajes de este tipo. De ahí surgieron mis dos preguntas. La respuesta me la dio el ministro de cultura.
El cine sonoro inventó el silencio.
Soy un gran admirador de Godard, a diferencia de Lynch, este último fue muy pesimista al comentar sobre el futuro del cine. Según Lynch, la aparición del streaming y las pantallas pequeñas lo están matando. Muy hollywoodense su pesimismo. Godard, en cambio, lo rescata. Godard no solo fue un ferviente cineasta de la experimentación, sino que para mí su mayor valor fue la consecuencia de su discurso con la praxis.
Conocí muy de cerca su ferviente compromiso de colaboración con las nuevas cinematografías, como la que realizó en Mozambique. Tuve la suerte de trabajar en varios de mis filmes en Mozambique con aquellos jóvenes cineastas que participaron de sus charlas, enseñanzas y reflexiones.
Colaboración que también efectuaron otros destacados cineastas como Fernando Birri, padre del nuevo cine latinoamericano de los años 70. Santiago Álvarez, tremendo cineasta cubano que retrató diversos conflictos mundiales del siglo pasado, y Jean Rouch, destacado cineasta francés que recorrió filmando gran parte del continente africano. Tuve la suerte de compartir con Birri y Álvarez en Mozambique. Todos aportaron al nacimiento del cine de esa joven nación africana. Estoy seguro de que para Godard conocer y filmar esa realidad lo hicieron solidificar sus convicciones tanto políticas como cinematográficas. Realidad que le demostró que era posible y necesario hacer cine a pesar de las dificultades de toda índole. Esas mismas experiencias plagadas de dificultades pero de gran entusiasmo y colaboración permitieron que su creación ampliara el horizonte de su lenguaje cinematográfico. Cine alejado de la parafernalia tecnológica.
No es necesario ser el primero para ser uno.
Otro detalle que rescato de Godard fue aquello que dijo sobre hacer filmes de ficción que fueran o parecieran documentales y realizar documentales que fueran como filmes de ficción. Modestamente, hace largo tiempo que realizo cine o videoartes espontáneos, que son documentales o ficciones documentales a la vez. De esta experiencia y reflexión surgió el proyecto que estoy realizando por estos días, que he titulado: Sur-Realismo Social de Mercado.
Sur-Realismo Social de Mercado es el resultado de mis vivencias, principalmente en Mozambique y, por qué no decirlo, inspirado en las vivencias de Godard en Mozambique.
Mi idea es invitar a escritores, poetas, cineastas, músicos, fotógrafos y artistas visuales para que, desde sus distintas disciplinas, realicemos una obra en común. Una experiencia creativa horizontal, cercana a una jam session o a una minga artística, donde el proceso rompa con la lógica individualista de la creación contemporánea.
Estimo que hoy existe un distanciamiento entre el arte y el público. Principalmente con el ciudadano común —el espectador no especializado— que ha sido desplazado. Los videos buscan mostrar una alternativa a esa realidad intentando acercar el arte a la conversación cotidiana, al encuentro directo, al territorio compartido.
En este contexto, la ciudad de Valparaíso juega un rol protagonista. Su geografía, su historia y su identidad son el marco ideal para esta serie de videos.
Otro objetivo que me planteo con estos videos es rescatar el cine de autor, el cine arte, el llamado séptimo arte. Cine hoy amenazado por la estandarización y la lógica industrial.
La idea es exhibir estos videos en espacios íntimos, de pequeña escala, donde cada proyección sea el inicio de algo más importante: una conversación extensa, honesta y directa entre quienes participamos en su creación y el público.
Mis videos son todos absolutamente realizados desde la autogestión. Hace mucho tiempo que dejé de depender de los fondos concursables. Me interesa mucho más lograr crear vínculos con privados que se motiven por apoyar el arte y la cultura.
¿Qué entiendo yo por Sur-Realismo Social de Mercado?
Sur: hablo desde los márgenes del mundo, desde un país llamado “tercer mundo”.
Realismo: porque asumo la realidad como materia prima y con responsabilidad. No la evado la enfrento.
Social: porque me importa el otro. Porque tengo una conciencia activa sobre las desigualdades que viven quienes han sido históricamente excluidos.
Mercado: porque no niego su importancia; busco integrarlo, procuro invitar al sector privado a ser parte de una creación con sentido.
Sur-Realismo Social de Mercado es, en esencia, una invitación a crear juntos, con una nueva mirada que nos permita volver a encontrarnos.















