El primer episodio de Stranger Things se estrenó el 15 de julio de 2016 en Netflix. La serie que entonces presentó a ese grupo de niños logró capturar la atención de millones alrededor del mundo, entre los que me incluyo. Este año, luego de cinco temporadas, cientos de referencias a los ochenta —desde la protagónica de Dungeons & Dragons hasta la omnipresente en la cuarta temporada: ‘Running Up That Hill’ de Kate Bush—, de ver crecer a los protagonistas, la serie se despide; la primera gran serie del streaming que marcó casi una década.
Quiero matizar esto: Stranger Things no está a la altura de otras piezas televisivas como Los Soprano o Breaking Bad —por mencionar dos hechas con el viejo formato televisivo, el que tenía cortes comerciales—, o como The Crown —otra producción de Netflix reconocida por sus tremendas interpretaciones—. La serie de los hermanos Duffer tiene a lo largo de sus temporadas, sin ver toda la quinta, la precisa medida de calidad, historia, personajes, acción y mercadeo para acaparar la atención y lograr el lugar que tiene ahora. ¿O no han visto cuántas marcas aprovecharon la ola para lanzar la colección relacionada con Hawkins, Indiana? Hasta Starbucks me está ofreciendo dos bebidas: una de ellas es un café inspirado en Hopper1, “solo una taza fuerte y auténtica, lista para enfrentar lo que traiga el día (o un Demogorgon)”, dicen en su sitio web.
No piensen que me voy por las ramas, es que este texto al final es sobre eso: de cómo las ramas son las que pueden convertir una pieza en algo memorable, algo que marca época o logra conectar con la audiencia. Podría jurar que si tomo a varios críticos de cine y televisión a elegir su top de series del 2000 para acá, Stranger Things no estaría entre las diez primeras. Sin embargo, su juego nostálgico ya aseguró en su momento a la audiencia que creció en esa época y añoraba reconectarse desde lo emocional. Para algunos países de Latinoamérica, donde lo que nos llegaba se tardaba al menos un lustro, esos ochenta se parecían a nuestras referencias televisivas de comienzos de los noventa.
No digo nada nuevo si hablamos de todo el mercado que los estudios tienen en cuenta a la hora de lanzar un producto nuevo. Más bien la clave está en ver si la pieza en cuestión tiene la capacidad de ir más allá de la venta de juguetes o camisetas, ahí creo que Stranger Things lo logra: el Upside Down, la intervención soviética y la existencia y origen de Vecna son propuestas narrativas en sintonía con el mundo que tiene a niños, luego adolescentes, como héroes y únicos capaces de enfrentar el fin del mundo.
Aquí solo trato de darle seguimiento para entender lo que se traducirá en cifras luego del estreno de los episodios finales. Poco me interesa un análisis profundo de la serie, porque en internet sobran y llegarán otros tantos en este 2025 y comienzos de 2026. Pienso más en lo que ha significado el cambio de consumo de la televisión, el peso que ha ganado el mercadeo en generaciones más adultas y en públicos que no se dedican al cosplay.
Stranger Things no merece, a mi parecer, una reseña de una hora sobre todo su contenido, como la que Te lo Resumo hizo sobre Los Soprano2 —véanla, por favor—. No creo que Eleven y sus amigos hablen de algo más allá que de la amistad en un ambiente de ciencia ficción con terror. Más bien, estamos ante el ejemplo de lo que se busca construir ahora por parte de las compañías de streaming a la hora de pensar un contenido duradero, adaptable y de masas. No todos tienen esas alternativas: The Boys pierde un poco de rango por su apuesta violenta —acertada, pienso—, igual ocurre con Invencible. Claro, en Hawkins también hay muertes, pero de nuevo: la medida justa, la necesaria para no olvidar en qué mundo estamos. Dosis precisas como los soviéticos en el centro comercial.
Tenemos que pensar que Stranger Things funciona como un conjunto, esa suma de cosas que es mayor al todo: no creo que recordaremos a Millie Bobby Brown y a David Harbour por su actuación de Emmy, sino por cómo cada pieza cumple el papel necesario, el preciso para que seamos muchos los que aguardemos lo que pase hoy —26 de noviembre, día del estreno.
Postre
Para este mes tuve que leer dos libros por compromisos diferentes. Primero está 90 años de la novela moderna en Colombia de Raymond L. Williams y José Manuel Medrano, donde investigué sobre los caminos literarios de mi país. Segundo, Para Heidegger un ahorcado también es un columpio de Aldo Barucq, libro que presenté en Ciudad de México y que me perturbó y sorprendió por partes iguales. Gracias a Ediciones del Olvido por invitarme a leerlo.
Notas
1 Acceso a la entrada sobre Jim Hopper en la Fandom Wiki de Stranger Things.
2 Acceso al video de Te lo Resumo sobre Los Soprano.















