Los mockbusters son películas, generalmente de bajo presupuesto, que tienen el objetivo de explotar la popularidad de una película mucho más grande. Los éxitos de taquilla llevan el nombre de blockbusters, y de ahí viene el nombre de estas copias más baratas. El término blockbuster estuvo ligado al mundo del cine, con significados variables, desde los años 40. Pero las películas que definieron lo que es el blockbuster moderno fueron Tiburón, en 1975, y Star Wars: Episodio IV, en 1977. La palabra hace referencia a las grandes filas que suscitaban estas películas en los cines, filas que dominaban una manzana entera. Block en inglés significa cuadra, manzana; buster: destructor. Mientras que mock significa algo así como “burla”. Y obviamente, tanto la obra de Steven Spielberg como la de George Lucas tuvieron sus propios clones de menor calidad (Piranha, Starcrash).

En aquellos años, los mockbusters se basaban simplemente en usar un tema impuesto por una película popular. Por eso, el éxito de Tiburón trajo películas como Piraña y Orca, la ballena asesina. Por la misma época, existía una práctica un tanto más cuestionable en Italia que consistía en hacer secuelas falsas. Así es como en 1979 el público italiano pudo ver Zombi 2, de Lucio Fulci, que se presentaba como una secuela de El amanecer de los muertos, de George Romero, ya que el título de esa película en Italia fue Zombi. Así mismo, un año después del estreno de Alien: el octavo pasajero, Ciro Ippolito estrenó Alien 2: Sulla terra o Alien 2: sobre la Tierra.

La práctica del mockbuster nunca se detuvo. Es probable que te hayas encontrado con alguno, como Transmorphers, por los callejones de internet. Sin duda, la red ayudó mucho a la difusión de este tipo de películas, ya que no necesitaban llegar al cine, o ni siquiera al video casero, para existir; pero esta práctica no es para nada nueva. De hecho, el primer mockbuster del que se tiene registro es El Monstruo de Piedras Blancas de 1959, que buscaba aprovecharse del éxito de El monstruo de la laguna negra, estrenada 5 años antes.

Fue en la década de los 90 cuando el negocio del mockbuster evolucionó, gracias al apogeo de los videoclubs. Esos lugares donde podías comprar o alquilar la copia física de una película para verla en tu casa. Los dueños de GoodTimes Entertainment, una empresa estadounidense de VHS, se dieron cuenta de que podían generar buenas ganancias estrenando directamente en video películas llamadas Aladdin, La sirenita o La Cenicienta, al mismo tiempo que Disney estrenaba sus versiones en cine o las lanzaba en video. El negocio ya no se trataba de explotar un tema popular, sino en parecerse lo más posible a una película exitosa, para que un comprador distraído en un videoclub se llevara El jorobado de Notre Dame pensando que era la versión de Disney. GoodTimes Entertainment cerró sus puertas en 2005, pero esta práctica continuó con Vídeo Brinquedo, una empresa de animación brasileña que hasta el 2010 se dedicó a hacer mockbusters, en su mayoría de películas de DreamWorks y Pixar.

Aunque sin duda, la más importante de todas estas empresas es The Asylum, probablemente la conozcas por la saga Sharknado. Pero, además de ese fenómeno de internet que pertenece a esa dudosa categoría bautizada “películas tan malas que son buenas”, tiene un catálogo de mockbusters demasiado largo para cubrir. Entre los ejemplos más importantes están Atlantic Rim (copia de Pacific Rim), Paranormal Entity (remedo de Paranormal Activity), la mencionada Transmorphers e incluso rescató la vieja práctica italiana de las secuelas falsas con Titanic 2. The Asylum llevó al máximo la estrategia de intentar que el consumidor crea que está comprando la gran producción, cuando en realidad se está llevando la copia de bajo presupuesto.

Tal vez te estás preguntando cómo puede ser todo esto legal. El tema es que aquel que hace un mockbuster sabe que camina en una línea muy delgada. Los productores más cuidadosos toman una historia que es de dominio público, como en el caso de las historias que adaptaba Disney para sus películas, o se diferencian lo suficiente del producto original para evitar demandas. De cualquier manera, muchos de estos casos terminaron en enfrentamientos legales que tuvieron resultados variados. A veces con fallos a favor del gran estudio, y otras a favor del estudio que copiaba. Actualmente, teniendo en cuenta que la era de los videoclubs está muerta y enterrada, ya no se puede engañar al espectador tan fácil. Los estudios que quieren cosechar la popularidad de producciones hechas por estudios más importantes ya no pueden aprovecharse de un abuelo que, surfeando por una tienda de películas, creyó encontrar aquel film del que su nieto le habló.

Las plataformas de streaming no están muy interesadas en los mockbusters. De vez en cuando aparece alguno, pero no suele ser la norma. Por lo tanto, las películas de The Asylum suelen encontrarse completas en YouTube. A pesar de esto, la productora sigue sacando más cada año, por lo que parece que el negocio sigue siendo rentable porque, a fuerza de copiar e ir desarrollando una línea estética definida (aunque ésta se base en lo burdo, exagerado y barato), este tipo de películas lograron formar un público que las busca. Podemos decir con seguridad que mientras haya blockbusters va a haber mockbusters.