Don Miguel de Unamuno y Jugo, nacido en Bilbao en 1864, fue el famoso intelectual y rector de la Universidad de Salamanca. Murió el 31 de diciembre de 1936 en su casa de Salamanca, según la versión oficial, por inhalación de monóxido de carbono. Se especula que fue envenenado. Este evento se suma a la lista de republicanos de ideas asesinados por los falangistas como represalia por los asesinatos de pistoleros anarquistas, como el de Calvo Sotelo. La situación se percibía como una competición para ver quién podía matar a más personas de uno y otro bando. Pío Baroja, al referirse a Unamuno, afirmó que «se creía todo, era, sin proponérselo, filósofo, matemático, geógrafo, filólogo, naturalista, arquitecto, además de vidente y de profeta». Además, destacó que Unamuno no dejaba hablar a nadie, ya que no escuchaba.

Asumimos a Unamuno como un héroe intelectual cambiante. ¿Qué puede hacer un hombre desarmado y sin ejército? ¿Acaso una persona o, en este caso, un filósofo y pensador, no tiene derecho a cambiar de opinión o de posicionamiento ideológico? Sobre todo, cuando la circunstancias de una expectativa cambian o como el liberalismo inicial orteguiano, que se dio cuenta que la Segunda Republica neonata no seguía los principios marcados en su proclama constitucional del 1931: «¡No es esto, no es esto!».

Bien, efectuada esta introducción y siguiendo la tesis de Begoña Piña, y el documental Palabras para un fin del mundo de Manuel Menchón (junio 2021) que aseguran que fue envenenado por un falangista que le visitó la tarde de su muerte, el catedrático Antonio Heredia cuestiona la versión de la muerte de pensador (Unamuno) en Salamanca, argumentado: «Y, además, ¿qué ganaba el régimen asesinándolo si ya estaba encarcelado en casa? El hecho de que la República corriera a difundir su envenenamiento da una pista... pero en sentido contrario. Por lo demás, y aunque el conocimiento personal no sea índice ni prueba de nada, el catedrático no duda en calificar de culto, educado y distinguido a un Aragón [Bartolomé] que se declaró siempre admirador y seguidor de Unamuno y que quizá ahora, solo quizá, se le quiera pintar como un monstruo por intereses espurios o por las novedosas exigencias del marketing de una película. Tampoco sé si tiene sentido pronunciarse o dictar sentencia, sea la que sea. Los datos están ahí y con todas las contradicciones que se quiera, la del asesinato es, insisto, altamente improbable», comenta y concluye: «Es fácil sembrar dudas».

Antonio Heredia, catedrático ya jubilado se entrevistó en dos ocasiones con el «desconocido» antiguo falangista Bartolomé Aragón. La última de ellas el 28 de enero de 1997 dos años antes de su muerte. Por él sabemos que el joven profesor Aragón, era el estatus que ostentaba entonces, contaba con 27 años cuando visitó al ya ex rector de 72. «El primer libro que se ocupó de su figura fue publicado en 1963 y lo firmó la norteamericana Margaret Thomas Rudd», dijo Heredia para acto seguido apuntar rápidamente lo que se sabe con certeza y algo de lo que se desconoce con la misma certidumbre.

Un poema polémico

No fue del gusto de los políticos ni de los militares africanistas el poema de Unamuno tras los sucesos agosto de 1909, durante la Guerra de Melilla y tras el Desastre del Barranco del Lobo, donde hubo unos 150 muertos y más de 500 heridos: «Salutación a los rifeños», tal vez en un estado de anemia mental, donde se pone de parte de los nativos frente a las ambiciones mineras de las compañías occidentales, representadas por España y Francia. Luego convertida a esta zona del Rif en Protectorado de Marruecos desde 1912 a 1956:

Salutación a los rifeños

Es nuestra fe una misma,
fe en la vida inmortal de la conciencia,
esta fe que agoniza
bajo la pesadumbre de la ciencia
entre esos pueblos de avaricia y lujo;
ciencia menguada que es solo ceniza
del eterno saber. Sobre el diluvio
custodiamos el arca,
el arca del tesoro primitivo
de la infancia del hombre,
y en apretada harca
los pueblos infantiles,
contra los otros viejos, los gentiles,
luchemos por la fe, la del Dios vivo
—Dios cree que el hombre es inmortal, eterno—
y ungidos por la fe en estrecho abrazo,
de Dios en el regazo,
gozaremos la paz, que es la victoria,
pisoteando la escoria
del mundano saber.
Alzado el pecho,
¡seamos del Señor brazo derecho!

(Unamuno, agosto de 1909)

Destierro a Fuerteventura, París y Hendaya

En 1924, a la edad de 59 años, Miguel de Unamuno experimentó un destierro forzado a Fuerteventura, bajo el yugo dictatorial del general Miguel Primo de Rivera. Este exilio, motivado por las fuertes críticas que el escritor lanzó contra el régimen, no solo marcó un quiebre en su vida, sino que también desencadenó un periodo literario prolífico en la tranquila isla canaria. Aunque despojado de sus responsabilidades académicas en la Universidad de Salamanca, Unamuno encontró refugio en el Puerto Cabras, hoy conocido como Puerto Rosario, donde se puede visitar la casa que habitó y la estancia donde plasmó sus pensamientos en tinta.

A pesar de la constante vigilancia de las autoridades, Unamuno ingeniosamente utilizaba los barcos de vapor que arribaban al puerto como mensajeros privados, confiando sus cartas a los visitantes que, inadvertidamente, se convertían en portadores de sus mensajes clandestinos.

El paisaje melancólico y desolado de Fuerteventura, aunque triste, poseía una belleza propia de colores cremas y grises, delineados por colinas que recordaban las jorobas de camellos, testimonio de la antigua actividad volcánica. La naturaleza de la isla, de alguna manera, se entrelazó con la variedad literaria de Unamuno.

La madrugada del 21 de julio de 1924 marcó su partida de Las Palmas a bordo del bergantín L’Aiglon, escapando de su destierro, desafiando la amnistía otorgada por el régimen dictatorial en un gesto de franca antipatía hacia la dictadura. Su llegada a París el 28 de julio inició un período de exilio voluntario, desestimando el indulto de Primo de Rivera en agosto. Posteriormente, en agosto de 1925, trasladó su residencia a Hendaya, donde se sentía más conectado con España y recibía frecuentes visitas de allegados.

Durante su exilio, Unamuno cultivó amistades intelectuales y artísticas en Hendaya, colaborando con figuras como Eduardo Ortega y Gasset — hijo de editor José Ortega Munilla del Imparcial— en revistas clandestinas como Hojas libres y España con honra. Personalidades como el escultor Victorio Macho, creador de un icónico busto de Unamuno utilizando tierra vasca, y el pintor Echeverría, que capturó su imagen en varios retratos, se acercaron a este enclave.

El exilio, lejos de ser un tiempo perdido, resultó ser una etapa fructífera para Unamuno, contribuyendo a su legado intelectual con obras poéticas y de pensamiento significativas como De Fuerteventura a París, La agonía del cristianismo y Romancero del destierro. En las páginas de la revista España con honra, el renombrado escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez levantó su pluma contra la dictadura de Primo de Rivera, marcando así la resistencia intelectual de Unamuno durante su exilio.

Este período de destierro no solo forjó la obra del ilustre pensador, sino que también reveló aspectos esenciales de su pensamiento y su profunda conexión con España, especialmente durante los eventos tumultuosos en el Protectorado de Marruecos en 1925 como el desembargo en la Bahía de Alhucemas por españoles y franceses.

Regresó a España durante la Segunda República y fue diputado en las Congreso. Sin embargo, a medida que transcurría el tiempo, se distanció gradualmente de la República hasta el punto de respaldar el Alzamiento Nacional. Este cambio de postura de ideas se produjo después de que fracasara el golpe de Estado en Madrid, iniciando la guerra civil. A pesar de que al final se retractó de su apoyo a la República, llegando incluso a donar 5,000 pesetas al ejército sublevado, su trayectoria no podría concluir de manera favorable en una época radical en la que era difícil mantener una posición neutral.

En esos tiempos tan radicales, no era factible o aconsejable adoptar posturas cambiantes, ya que no se podía ser «rifeño» un día, «rojo» otro día, y luego «azul» o «gris kaki» en días sucesivos. No intento justificar ningún crimen ni respaldar posibles asesinatos motivados por diferencias ideológicas, sino discutir sobre un determinado contexto histórico.

Acto del 12 de octubre en el Paraninfo

El 12 de octubre de 1936 por la tarde, Unamuno fue, como cada día, al Casino a tomar café. Allí algunos contertulios le insultaron y le abuchearon. El 13 de octubre fue suspendido como alcalde y concejal honorario de Salamanca. El 14 de octubre, el claustro universitario acordó su destitución como rector perpetuo de la Universidad. A partir de ahí y hasta su muerte, el filósofo se recluyó en su casa, donde concedió algunas entrevistas y siguió escribiendo.

No hay que obviar que, el mismo 13 de octubre, tras los hechos ocurridos en el Paraninfo, el falangista Francisco Bravo Martínez envió una carta al hijo de Unamuno, Fernando, que residía entonces en Palencia, advirtiéndole del peligro que corría su padre. «Sería doloroso que a tu padre, cuya contribución al movimiento nacional es tan significativa y magnífica, sobre todo para el extranjero, pudiera sucederle algún incidente desagradable».

Don Miguel de Unamuno también se arrepintió públicamente de su apoyo a la sublevación. El 12 de octubre de 1936, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, durante el acto de apertura del curso académico que se celebraba tradicionalmente en la misma fecha que el Día de la Raza, el rector se enfrentó públicamente al general Millán-Astray, que había pronunciado unas soflamas contra la inteligencia y exaltadoras de la muerte. Posteriormente se atribuyó a Unamuno un discurso lapidario que habría incluido su famosa frase:

Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España.

Respecto al supuesto asesinato de Unamuno, vale la pena rescatar estas notas:

Aragón (Bartolomé), único testigo del fallecimiento, era un siniestro fascista que, tras una visita inesperada a casa de Unamuno, salió agitado para luego desaparecer de súbito de Salamanca y más tarde obtuvo cargos importantes en el régimen franquista. Cabe recordar que desde el enfrentamiento entre el escritor y Millán-Astray aquel 12 de octubre, Día de la Raza, en el Paraninfo de Salamanca, desde esa misma noche, los soldados del ejército de Franco estuvieron en guardia frente a la casa de un Unamuno y, desde entonces, vivió prisionero. (José Luis Valenzuela).

La última persona que vio con vida a Unamuno, fue Bartolomé Aragón Gómez, es la clave de esta historia de un supuesto envenenamiento, sin pruebas ni autopsias. Hasta hoy, siempre se ha dicho que este fue un ex alumno de Unamuno, sin embargo, Manuel Menchón empezó a tirar de este hilo después de su anterior película, La isla del viento, sobre los días del exilio del escritor bilbaíno en Fuerteventura. Y los resultados de una minuciosa y muy amplia investigación son, cuando menos, sorprendentes.

Bartolomé Aragón Gómez nunca fue alumno de Unamuno ni amigo suyo, jamás había hablado con él antes del fatídico día de su muerte. Y, mucho más, fue director del diario La Provincia de Huelva donó voluntariamente 50,000 pesetas a la causa fascista. Jefe de falange, participó como voluntario en la cuenca minera de Río Tinto, con el tercio de requetés Virgen del Rocío, en una acción de represión dantesca que dejó decenas de asesinados. Por esos días, estaba profundamente comprometido con las labores de propaganda, entre las que se priorizaba la censura inquisitorial contra las ideas del «enemigo». (Begoña Piña, Público).

En última instancia, la apropiación perpetrada por la Falange del cadáver del pensador, sacándolo de su residencia y orquestando un entierro precipitado que contravenía los plazos legalmente establecidos en esa época sobre la inhumación. Estos hechos ofrecen más que simples sospechas acerca del verdadero desenlace del pensador, que ha sido analizado por recientes investigadores.

Conclusiones

A veces, las transformaciones en las creencias políticas pueden acarrear consecuencias de gran calado. Puesto que no era posible la rectificación en uno años de bipartidismo extremo, no eran posibles los cambios. No obstante, si nos limitamos a asentir en silencio, renunciando a expresar nuestra protesta y opinión frente a aquellos que, transgreden la libertad, permitimos que campen a sus anchas y que el mundo permanezca inalterado. Figuras españolas emblemáticas como Unamuno, Ortega y Gasset, Miguel Hernández o García Lorca son ejemplos de valentía, honestidad y una lucha inquebrantable por la libertad y la razón.