Nicolás Cage, nacido como Nicolás Kim Coppola, es el hijo de Joy Vogelsang y August Coppola, y sobrino del legendario director Francis Ford Coppola. Para algunos, es un pésimo actor o simplemente un meme; para otros, es un ejemplo de originalidad. Su colega Ethan Hawke llegó a decir que es el único, desde Marlon Brando, que hizo algo nuevo con el arte de la actuación.
¿Cuál es la crítica que se le suele hacer? Que toma decisiones raras a la hora de actuar, es estrafalario, grita mucho y los personajes que interpreta no se comportan como personas reales. Mi respuesta se puede resumir en dos preguntas: ¿Cuál es el problema? ¿Quién dijo que la actuación tiene que ser siempre realista?
Elaborando un poco más: sí, muchas veces Nicolás Cage actúa con gestos exagerados y grandilocuentes, pero detrás de eso hay una intención; un propósito. Entre las influencias de Cage están el Kabuki y el Expresionismo alemán. El Kabuki es una forma de teatro japonés tradicional que se basa en la extravagancia y la hiperestilización, tanto en los vestuarios como en las performances. El expresionismo alemán fue un movimiento cinematográfico de principios del siglo XX; en estas películas, la realidad era deformada y exagerada, lo cual se puede ver en los decorados y en los maquillajes y las gesticulaciones de los actores. Esta exageración apuntaba a dejar de lado la objetividad y a adoptar un enfoque más subjetivo para representar sentimientos.
Entonces, el teatro Kabuki y el expresionismo alemán: dos formas que se alejan del realismo, no solo en sus decorados, sino también en sus actuaciones. Esto no debería ser algo tan extraño para nosotros; en un principio el cine entero se manejaba con métodos similares. Pensemos que, en los inicios del cine mudo, quienes actuaban en películas tenían como referencia la actuación en el teatro. En un escenario donde no existían los primeros planos ni los acercamientos, una actuación tenía que resultar tan convincente para el espectador de primera fila como para el de última fila. Por esta tradición teatral, las actuaciones eran más exageradas que las que solemos ver hoy. Además, no existía la tecnología para sincronizar las voces de los actores con la imagen, así que solo se podían valer de sus expresiones y movimientos para convencer al público.
Con la llegada del sonido sincronizado, los actores tuvieron que repensar su forma de interpretar para adaptarse a los cambios del medio. Con el correr de los años, el realismo se volvió el norte hacia el que apuntaban la mayoría de los intérpretes. Y eso está muy bien; no voy a decir que Daniel Day-Lewis no es un actor increíble. Pero ese naturalismo, convertirse y retratar un personaje de la forma más verosímil posible, no es la única opción. La exageración es una decisión estética válida e incluso, a veces, el mejor camino. En la comedia y los musicales solemos aceptar interpretaciones estrafalarias y personajes caricaturescos. Nicolás Cage muchas veces apunta a eso; tal vez la diferencia es que no lo hace solo en comedias, sino que lo lleva a cualquier género. Pero tampoco es el único que lo hace; hay varios actores muy reconocidos que, de vez en cuando, también son exagerados. Podemos pensar en Al Pacino, Johnny Depp o Klaus Kinski.
A veces, para generar ciertas emociones, hay que recurrir a la exageración, como lo hacía el Expresionismo alemán, que acentuaba y deformaba la realidad en sus decorados, maquillajes y actuaciones para retratar el terror o la locura que atravesaban los personajes. Al intentar trasladar esa búsqueda de literalidad a otras formas de arte resulta más evidente que no debería ser una regla. Imaginemos por un segundo un mundo en el que la pintura solo puede limitarse a reproducir de la forma más exacta posible la realidad; en el que, por poner un ejemplo, no se puedan usar sombras acentuadas ni predominio del color azul para representar un sentimiento de tristeza.
Entonces, si hay otros actores aplaudidos por su forma de actuar no naturalista y aceptamos sin problema el expresionismo en otras artes, ¿por qué hay gente que critica tanto a Cage? Creo que hay dos explicaciones. La primera es que es un actor que recurre mucho a este estilo despojado del realismo y es muy famoso; hizo gala de este tipo de actuación en varias películas. La segunda es la cultura del meme, que presenta breves momentos de Cage, completamente despojados de su contexto. Y no estoy acá para criticar a los memes, pero es un problema cuando creemos que toda la información necesaria puede tomarse en el formato acotado de una imagen o de un video muy corto de internet.
Fijémonos en una de las películas de Cage sobre las que más memes se hicieron y que menos gente vio entera: El beso del vampiro. Es muy fácil extraer escenas aisladas y burlarse, pero si uno ve la película entera, las cosas cobran un poco más de sentido. A su manera particular, Cage interpreta a Peter Loew, un agente de una editorial muy excéntrico que, después de un encuentro tal vez imaginado con una vampiresa, empieza a convertirse —o a creer que se convierte— en un vampiro. Esta situación hace que se comporte cada vez de forma más extraña, y es un tipo que ya era bastante raro antes. Esta película mezcla terror y comedia y muestra la espiral descendente hacia la locura de Peter. La actuación de Nicolás Cage encaja perfectamente con el propósito de la película. Para ser claros: en un momento el protagonista va a comprar unos dientes de vampiro de cotillón porque no le salen colmillos reales. Claramente, la intención no era de seriedad absoluta.
El valor de Nicolas Cage, lo que lo diferencia de los demás, radica en los riesgos que asume. Podría haber sido un actor prestigioso e indiscutido ajustándose a las convenciones, pero en cambio decidió experimentar. Y la experimentación tiene eso: a veces sale bien y otras veces, mal. Pero lo que siempre logra es mantener las cosas en movimiento, mostrar qué nuevos caminos se pueden tomar y cuáles no; para saberlo hay que hacer prueba y error. Por eso, Cage se alejó parcialmente de las grandes producciones de Hollywood y se dedicó a películas más pequeñas, como Pig o Mandy. Declaró en más de una ocasión que ya no se siente cómodo en películas de alto presupuesto porque no hay lugar para experimentar, para el riesgo; hay que hacer todo según lo planeado, no hay espacio para dejarse llevar por los impulsos y ver qué tan lejos se puede llegar.















