En 1965, cuando los rankings radiales de música popular en Chile eran campo de competencia entre Paul Anka, Neil Sedaka, Brenda Lee y The Beatles, irrumpió una canción en español que marcaría época: Arriba en la cordillera, compuesta e interpretada por Patricio Manns.

Desde entonces, Manns se instaló en diversas esferas del arte como un creador múltiple que no recibió en vida todos los reconocimientos que merecía, tal vez porque sus incursiones en la música, la narrativa, la poesía, el ensayo, la historia e incluso el cine lo convirtieron en un artista imposible de encasillar en un solo género o categoría.

Fue también un artista incómodo para las academias o círculos que dispensan galardones en Chile, porque puso siempre sus creaciones en sintonía con la izquierda marxista, ya fuera desde la protesta y la denuncia, pero también asumiendo compromisos militantes, sobre todo durante los diecisiete años de la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-1990).

El próximo 25 de septiembre se cumplirán cinco años de la muerte de Patricio Manns y el 3 de agosto 89 años de su llegada al mundo en Nacimiento, la ciudad sureña donde ambientó su celebrada canción El andariego:

Cruzando por Nacimiento
un día la hube de hallar
cabellos color de trigo
ojazos claros, besos de pan…

Poesía y música

Cada una de sus canciones, aun las más combativas y contingentes, respiraban poesía con una originalidad que desbordaba el ritmo para apoderarse de las palabras, como en esta estrofa de El equipaje del destierro:

Pues, ¿cómo van a robar mi volcán con su volcana?
¿desviar de mi alma el embocar del río con su ría?
¿hacharme en el paisaje el árbol con su arboladura?
¿matarme a plena sien el rudo piojo con su pioja?
¿quemar con un fósforo usual mi libro y su librea?
¿juntarse el yatagán con mi dolor y su dolora?
¿hacer aguar en temporal mi bote con su bota?
¿batir en retirada mi conjuro y su conjura?

Cuando retrocedemos en el tiempo, las canciones de Patricio Manns nos remontan a las guitarreadas estudiantiles y las peñas folclóricas, donde coreábamos Arriba en la cordillera, Bandido o Ya no canto tu nombre. Temas que nos siguieron acompañando en los años de exilio. Años en que sus canciones nos llevaban de vuelta a las minas de carbón de Lota y a los mares bravíos de la pesca artesanal. Años en que su álbum Con la razón y la fuerza, en conjunto con el grupo Inti Illimani, fue un llamado a la rebelión contra la dictadura.

Max Berrú, el ecuatoriano que integró el Inti Illimani desde su fundación, me dijo una vez en Roma que Manns tenía una sincera y entusiasta admiración por Horacio Salinas, director del grupo, como el mayor compositor chileno de música popular de raíz folclórica. La sociedad Manns-Salinas es considerada como la más creativa del exilio chileno.

Con el FPMR y el MIR

La conversación con Berrú tuvo lugar en 1983, cuando circulaba ya el álbum Por la razón y la fuerza. Ese mismo año, el cantautor asumió la tarea de vocero del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) en Europa, combinando sus incesantes giras artísticas con la labor política, en una única misión de solidaridad en que la defensa de los derechos humanos en Chile se canalizaba también a través del derecho a la rebelión contra la dictadura de Pinochet.

Las opciones políticas de Patricio Manns, siempre junto a la izquierda más combativa, no supieron de exclusiones ni dogmatismos. Aunque se le identificaba con el Partido Comunista, en 1974 colaboró con el naciente grupo Karaxú, creado en Francia por el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria). Con esta agrupación grabó Cantos de la resistencia chilena, uno de los primeros discos del exilio chileno, que incluyó el tema Carta a mi compañero, cantado por Mariana Montalvo, con letra del actor Nelson Villagra.

Siete de los once temas de ese álbum llevan la firma y la interpretación de Manns. Entre ellos La dignidad se hace costumbre, a la memoria de Bautista van Schouwen, alto dirigente del MIR arrestado por la dictadura en diciembre de 1973 y que hasta hoy es un detenido-desaparecido.

Patricio Manns tiene un sitio destacado en la Nueva Canción Chilena, el movimiento musical que heredó y desarrolló la inspiración y el compromiso de Violeta Parra, como protagonista colectivo del arte que acompañó al proceso político y social que cristalizó en la Unidad Popular y el ascenso al gobierno de Salvador Allende en 1970.

Como buen heredero de Violeta, le puso música a uno de sus poemas y lo tituló La exiliada del Sur, interpretado por el Inti Illimani. En la misma senda de la Nueva Canción animó La Peña de los Parra, con Isabel y Ángel, Rolando Alarcón, Homero Caro y Víctor Jara. René Largo Farías lo tuvo también en “Chile ríe y canta”, un proyecto radial que a la vez tuvo su peña y constantes giras de difusión folclórica. Allí compartió con Héctor Pavez, Silvia Urbina, Benedicto “Piojo” Salinas y los conjuntos Millaray y Cuncumén.

Canciones, novelas, ensayos…

Su prolífica carrera musical comprendió asimismo la cantata El sueño americano, que grabó con el conjunto Voces Andinas. Un registro, tal vez incompleto, de su creación musical incluye 18 álbumes con sus temas, junto a su participación en otra decena de discos colectivos.

No hubo oficio de la palabra y la música que escapara a Patricio Manns, quien además fue capataz de obras y minero en su juventud, para luego ejercer el periodismo y trabajar como libretista de televisión. Un creador incansable, que entre 1967 y 2013 escribió 16 novelas, entre las cuales se puede considerar como la mejor El corazón a contraluz, de 1996, un fascinante relato ambientado en la Patagonia chilena y argentina, acerca de la vida de Julio Popper, un judío rumano que construyó un imperio ganadero en la segunda mitad del siglo XIX a fuerza del exterminio de aborígenes.

Si su creación novelística no fuera suficiente, el virus literario de Manns dio luz a 11 ensayos y tres libros de poemas. Crítico implacable de las injusticias sociales y políticas, apuntó sus investigaciones históricas a episodios como la Revolución de la Escuadra de 1931 y la cruenta represión de una huelga en una oficina salitrera en 1925, narrada en Actas de Marusia, llevada al cine en México en 1975, bajo la dirección de Miguel Littin y con el actor italiano Gian Maria Volonté en el papel principal.

Un dato curioso recogido en varias biografías de Patricio Manns: con su respetable estatura y un físico imponente heredado de su padre suizo alemán pudo ser también un exitoso futbolista y se probó como guardameta en el club Universidad de Chile, que ofreció incorporarlo a su plantel, pero lo obligó a optar entre el deporte profesional y la música. Él eligió la música.

En su trayectoria creativa tuvo varios reconocimientos y premios. En 2011 obtuvo la gaviota de plata en el Festival de la Canción de Viña del Mar en la competencia folclórica, como autor de la canción De Pascua Lama, ganadora del primer lugar. La presidenta Michelle Bachelet lo distinguió en 2009 con el Premio a la Música Nacional.

La Sociedad de Escritores, las organizaciones que discernían los premios Altazor, la Asociación de Comunicadores Hispanoamericanos, los municipios de Valparaíso y Santiago, la Sociedad Chilena de Derechos de Autor, premiaron también la obra de Patricio Manns. El año 2018 el Ministerio de Educación le otorgó la Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral.

Sin embargo, le fueron esquivos tanto el Premio Nacional de Literatura como el Premio Nacional de las Artes Musicales, a los cuales fue postulado por universidades y personalidades culturales. Pudo merecer ambos reconocimientos, pero tal vez el premio más fundamental para Patricio Manns es el de prevalecer, sobre todo con Arriba en la cordillera, en la memoria de los amantes de la buena música.