Con el desarrollo de las comunidades en redes sociales, es innegable la gran participación y esencialidad que tienen estas plataformas en la vida de todos. Se abrió la puerta a muchas oportunidades para crecer y desarrollarse como un creador de contenido, potenciar negocios o darle visibilidad a muchas marcas reconocidas y nuevas.

En ese contexto, la presión por crear se ha disparado, cada vez la industria es más incisiva en ser disruptivos o altamente creativos para diferenciarse y destacar entre tanto contenido que se sube diariamente. La creatividad ha pasado a venderse en la sociedad moderna como un músculo que entrenar o, peor aún, como un privilegio genético reservado solo para un grupo selecto de personas.

Cuando despojamos el concepto de creatividad de todos las etiquetas comerciales que se le ha ido colocando, y cuestionamos sobre su verdadera razón de ser, descubrimos que es parte de la esencia misma de nuestra existencia humana, un atributo que tenemos por el simple hecho de estar vivos.

Observemos la naturaleza: existe un pulso sutil en ella que hace que los árboles crezcan, que las estaciones cambien o que los ríos encuentren su camino hacia el mar; todo sin un esfuerzo aparente o una planificación estratégica. Si como seres humanos, nos alineamos a ese ritmo natural, nuestra creatividad deja de ser una búsqueda estresante para diez reuniones de brainstorming y se convierte en una consecuencia lógica de nuestra presencia.

Como ya había mencionado, todos las personas la poseemos y la utilizamos constantemente; quizá algunos la exploramos de manera más consciente a través del arte, la escritura, fotografía, pero también está en nuestra cotidianidad al resolver problemas, organizar un espacio o en la simple manera en la decidimos mirar e interpretar lo que nos rodea: una puesta de sol, el movimiento del mar, las personas caminando en el paso de cebra o las nubes.

El problema común, que es el bloqueo creativo, no es la falta de ideas o ausencia de talento como he escuchado muchas veces, sino es algo más profundo, el exceso de resistencia interna e incluso el apego obsesivo a un resultado en específico. Para la neurociencia, cuando el cerebro se libera del estrés del juicio externo y de la necesidad de control se activa la “red por defecto”, un conjunto de áreas cerebrales que permite que la mente sueñe despierta, divagando hacia nuevas conexiones, ideas espontáneas y escenarios futuros.

Al dejar ir las expectativas de éxito, el miedo al fracaso o ese deseo efímero de reconocimiento, la mente silencia los ruidos innecesarios, y en ese vacío, donde libre de la presión del ego, donde la inspiración se manifiesta. Entonces, crear, no es un acto de esfuerzo, es un proceso de entrega.

Las diversas formas en que la creatividad toma impulso

Al final del todo, somos seres altamente cambiantes; por eso la creatividad toma la forma que nuestro estado mental, emocional o espiritual lo necesite, demostrando que es una energía que atraviesa toda nuestra experiencia humana. Ahondemos en algunas que he reconocido:

  • Como refugio: al ser un espacio seguro donde podemos descansar del ruido exterior y procesar lo interior volviendo a nuestro centro.

  • Como sensibilidad: notando los detalles cotidianos que pasan desapercibidos por andar de prisa y mostrando palabras o emociones inexplicables sin sentirnos vulnerables.

  • Como expresión: siendo una herramienta para traducir nuestra verdad de manera clara, logrando el sentimiento de liberación y crear una resonancia del propósito.

  • Como resistencia: manteniendo nuestro propio ritmo en un mundo obsesionado, alzando la voz mediante nuestras creaciones ante acciones que buscan silenciar.

  • Como juego: retornando a nuestra inocencia y espontaneidad, creando por el simple placer a explorar, despojando el proceso de cualquier exigencia y dando paso a la mera curiosidad.

  • Como forma de ver el futuro: sin evadir la realidad, es limpiar nuestro presente para sembrar ideas que transformarán el mañana, nos permite ver el camino y hacia dónde vamos.

Cada forma no es una independiente para cada persona, son facetas integradas; un día puede ser el refugio que necesitamos, a la hora, la herramienta con la que decidimos comunicarnos y al día siguiente, el juego con el que estabilizamos nuestras emociones. Justamente en esa capacidad de adaptarse a nuestras necesidades conscientes, es donde radica la creatividad como esencia humana.

Escribir estas líneas es el más claro ejemplo de cómo puede tomar múltiples formas y demuestra el proceso humano de crear. Sentarme frente a una página en blanco para plasmar estas reflexiones requiere, necesariamente, transitar por cada una de las formas que mencioné.

Es un ejercicio de sensibilidad para aterrizar ideas sueltas y un medio de expresión para compartirlas con ustedes. Al mismo tiempo, se convirtió en una forma de alzar la voz frente a una realidad impositora que cada vez toma más fuerza, con una mezcla de juego de conectar conceptos que he interiorizado en el transcurso de mi vida como creativa, se convierte en el refugio que me brinda la concentración e inspiración absoluta.

Somos canales por el cual las ideas fluyen hasta que deciden que es el momento de exteriorizarse. Comprender la creatividad desde una perspectiva humana y consciente lleva a una certeza liberadora: no hay que aprender a ser creativos, hay que desaprender las exigencias y los miedos que nos impiden recordar que ya lo somos. Al final, crear permite que la vida se reconozca y se recree a sí misma a través de nosotros.