Este es un texto póstumo, realizado por nuestro muy querido colaborador durante una década, que acaba de dejarnos.
Confucio, pensador, filósofo, educador y político. Nació en China en el año 552 a.C.; falleció en el 479 a.C. Procedente de una familia noble de la antigua casa real de Yin y, sin embargo, vivió pobremente, parte de sus parientes y los nobles del estado de Sung, fueron asesinados en una revuelta, y la familia de él perseguida, por lo que se trasladaron a otro pueblo lejano. Su padre murió cuando tenía 3 años y por ello lo crió su madre en medio de la pobreza; por esa razón, fue educado en escuelas para plebeyos. Se casó joven y tuvo tres hijos. Sus dos trabajos principales fueron como maestro y funcionario de varios gobiernos, llegando incluso en uno a ser gobernador de una ciudad. Participó en la política de varios gobiernos e incluso aconsejó cómo proceder en una lucha política y luego en una revolución militar que fracasó, por lo que fue exilado de su ciudad, Lu, y regresó años después a ella.
Sus enseñanzas han llegado hasta nosotros gracias a las charlas que Confucio dio a sus discípulos, así como las discusiones con ellos, todo, recogido en sus entrevistas (Analectas). Ahí se muestra como uno de los más grandes humanistas que han existido. Las enseñanzas de Confucio fueron oficializadas durante el reinado del emperador Wu en el año 141 a.C. y su pensamiento filosófico y político permaneció siendo muy popular por 2000 años.
En sus escritos basados en conversaciones con sus alumnos, se señala que su filosofía estaba basada en valores como la lealtad, el respeto, la benevolencia y la reciprocidad entre el gobernador y sus ministros, entre el padre y el hijo, entre el marido y la mujer, entre el hermano mayor y el menor y entre esclavos y dueños. Señalando claramente que el superior tiene la obligación de proteger y el inferior de mostrar lealtad y respeto.
Se cree qué su maestro fue el famoso filósofo Laotsé, que dudaba del valor de la cultura existente, y la civilización exagerada y sugería el retorno a la simplicidad y a la naturaleza (siglos después en Francia, el filósofo Rousseau trató de poner de moda es retorno, sin lograrlo). Gracias a su formación y cultura, acudieron a él muchos jóvenes para aprender de su sabiduría, por lo que se convirtió en su maestro, cobrando por enseñar y educar, pues necesitaba tener ingresos para vivir (por esos tiempos, en Grecia, un grupo de filósofos llamados sofistas, encabezados por Protágoras, educaba a los jóvenes ricos, cobrando por las enseñanzas).
La finalidad de la enseñanza de Confucio era lograr formar buenas personas y ciudadanos, que los jóvenes de diferentes partidos políticos aprendieran a ser tolerantes, que amarán al prójimo y en general ayudarles a mejorar la conducta para que la sociedad se desarrollara mejor, ya que en esos tiempos existía una crisis social y moral en China, con corrupción en los gobiernos y tiranía en el imperio, así como, continuas luchas entre señores feudales.
El señalaba que el pueblo obedecería con gusto (se volvería dócil, aunque rechazaba la tiranía), encumbrando al poder a los hombres rectos para que hagan presión sobre los torcidos, pues, para él, gobernar significada obrar bien, ya que, el Estado existía para buscar el bien de los gobernados.
Consideraba que el alma humana había sido dotada de bondad por el Cielo, y si el hombre recibe educación y aprende una disciplina interna de mejoramiento moral, en especial contando con grandes ejemplos, se inclinará a la benevolencia, la buena fe, la rectitud y el respeto a los demás, a su propia familia y a sus antepasados. Pero como los políticos y gobernantes eran corruptos y por eso no eran capaces de dar buenos ejemplos, se hacía necesario que los primeros maestros fueran los padres y luego los maestros. Él no logró atraer a los príncipes de su época, pues proclamaba que la nobleza no procedía del nacimiento, sino de la superioridad moral, y dejaba abierta la puerta a la rebeldía contra los gobernantes inmorales.
Señalaba que si la sabiduría y la capacidad para gobernar podían reunirse en una misma persona, desaparecerían las dificultades del imperio; además, el personal al servicio del Estado debería seleccionarse mediante oposición, escogiendo a los mejores. Pero comprendía que lograr un cambio en todos los hombres tratando de que fueran virtuosos no era fácil. Los príncipes, que gobernaban, deberían ser los primeros en esto (en la sociedad actual, los presidentes), para brindar un modelo de sociedad y facilitar así la reconstrucción y el orden.
El problema decía, es que, lograr que las personas fueran morales, no se hereda (como era el caso de los nobles antes o de los políticos actuales), y la virtud se conquista con la educación y no se recibe de ningún dios. La soberanía del hombre es la fuente del descubrimiento y la concreción de la armonía. Por esos tiempos Aristóteles en Grecia opinaba parecido, este, filosofo veía a la sociedad como una organización política fundada en la comunidad, el trabajo obligatorio y el respeto. Tanto Aristóteles como Confucio señalaban la familia como célula unitaria de la sociedad, y que, la organización política está fundada también en la comunidad y el respeto al pueblo. Esa sociedad sustenta a ancianos, débiles y niños, en la que todos deben intervenir en la producción según sus fuerzas y habilidades, y regula el consumo de manera que puedan satisfacer sus necesidades.
El origen del término confucianismo dado en Occidente a sus enseñanzas se deben al jesuita Mateo Ricci quién vivió en China y fue el primero que estudio a fondo los textos del confucionismo y llevo esas ideas a Europa donde Voltaire, Leibniz y otros quedaron fascinados con ellas en especial con las ideas éticas, las sociales y las políticas. Era un racionalista que rechazaba lo sobrenatural y lo milagroso; para él, si el alma sobrevive tras la muerte o si hay un Cielo que ordena las cosas, son asuntos que no deben distraer a las personas de los problemas humanos. El maestro no hablaba nunca de milagros ni de prodigios ni de dioses. No le agradaban las especulaciones metafísicas. En una sociedad en su tiempo mayoritariamente campesina e ilustrada, el sufragio universal actual carecía entonces de sentido. Lo mismo en la China contemporánea, como veremos.
“No hacer a otros lo que no quieras para ti mismo” era algo usado frecuentemente por Confucio.
Se atribuyen también a Confucio los “Cinco Clásicos”, una serie de publicaciones que aparecieron con posterioridad a la muerte del maestro. Cuando le preguntaron: ¿Qué pensaba usted de la muerte? Contestó. Si no conoces la vida, ¿cómo quieres conocer la muerte? Yo no me ocupo, decía, de problemas religiosos específicos, pero recomiendo a la gente cumplir con los rituales en que cree.
Él insistía en que no recomendaba ninguna religión, ya que su inquietud no estaba relacionada con la fe o la religión entre los hombres y los seres sobrenaturales, sino con los problemas éticos y sociales de los humanos en la Tierra: “Mi sabiduría está a nivel de la vida”. Algunos consideraron el confucianismo como una religión, pero la realidad, como vimos, es que sus enseñanzas tenían fines puramente educativos y filosóficos; fue un gran humanista, no un religioso. A su muerte se levantaron templos en su honor y se organizaron cultos y distintas formas de veneración, algo que jamás impulsó.
Él siempre sostuvo la soberanía del ser humano y lo colocó como fuente del descubrimiento y de la armonía una vez que se educara. La confusión estuvo en que, en una oportunidad en que sus discípulos le dijeron que estaba en peligro porque un gobernador lo perseguía, él respondió. T’ien me cubrió con su fuerza, así que ¿quién puede algo contra mí? Pero no se refería a una divinidad llamada Ti (Señor de lo alto), sino solo al T’ien conocido como el Cielo. Él nunca habló de una divinidad superior que premiara a los que obedecían o castigara al desobediente (como se señala en las grandes religiones).
Sus enseñanzas lo convertían tal vez en el primer laico, entre las grandes figuras de la historia, pues no tenían que ver con la religiosidad, sino con la benevolencia, la tolerancia y el amor para con sus compatriotas y la humanidad. Él siempre creyó en la esencia creadora de la naturaleza humana. Nunca tuvo en mente que un señor en el alto del mundo dictaba sus veredictos, para él era el hombre quien labraba su destino (él poeta Antonio Machado debió leerlo), y esto lo lograba al auto cultivarse, amando al prójimo y a la naturaleza y ayudando a mejorar la sociedad donde vivía. Él sugería estudiar el pasado para pronosticar el futuro. Parece que todas las épocas, los hechos y las crisis se repiten periódicamente en el mundo nuestro.
(El poeta Santayana debió conocer esto) Para los chinos acostumbrados por siglos de siglos a tener un emperador como una especie de dios y gobernadores que los trataban casi como esclavos, tener actualmente un partido único que dirija la política del país y cuyos miembros son los que eligen a quienes los gobiernan es aceptable sobre todo si sabemos que con sus políticas 700 o más millones de personas han salido de la pobreza y hoy ven a su país convertirse en el primer exportador mundial y la segunda potencia militar mundial, la democracia y sus defectos no le son atractivas.
Su sistema moral está basado en el respeto a los mayores, a la tradición familiar y nacional, que exalta la fidelidad y una concepción de la vida que en el último término se orienta hacia el beneficio de la sociedad, la cual debe estar por encima del individuo para lograr la armonía social. Él fue una orientación para los sabios y maestros de China, Japón, Vietnam, Corea, etc. Esta filosofía dio las bases para un sistema conocido como “colectivismo”, que en esa época daba gran estabilidad a la sociedad. Incluso podría explicar en parte el éxito de la revolución comunista, sin embargo, de Mao Zedong, que declaró al gobierno chino ateo, prohibió sus enseñanzas, mientras tuvo el poder en China, posteriormente, en la segunda mitad del siglo XX, su suceso Den Xiaoping que inicio el cambio económico político de la nueva China, entonces sus enseñanzas fueron permitidas y en cierta forma han contribuido al orden existente en la sociedad comunista de la China actual.
Para él, lo esencial no era determinar si el hombre es por naturaleza bueno o malo. Lo importante era darle la oportunidad de educarse en forma práctica para adquirir el conocimiento y lograr que se superara. Lo importante era que el hombre quisiera instruirse, que tuviera anhelos propios, que no sólo aceptara la verdad reconocida, sino que la convirtiera en hechos. La mayor gloria del hombre no está en caer jamás, sino en levantarse cada vez que caigamos. Consideraba que las virtudes fundamentales para el hombre eran. La bondad produce alegrías y paz interior. La ciencia, que disipa todas las dudas. La valentía, que ahuyenta todo temor. La verdad, hay que descubrirla en todo su contenido. La virtud, para ser sinceros y cooperadores, y la moral, personal para una conducta correcta, entre otras.
La organización de la humanidad tal como Confucio la deseaba era un ideal a lograr. Sus enseñanzas respecto al altruismo (hoy sabemos que existe un gen o predisposición genética a esto), que tenían un colectivo de cooperación y ayuda a los otros, se convirtieron posteriormente en una teoría sobre el amor universal para todas las clases sociales y todos los individuos. Sus ideas impregnaron posteriormente a filósofos, políticos y hasta profetas de todas las épocas, sobre todo si nos acordamos de lo que afirmaba: “Las formaciones políticas, sociales y económicas no son privilegio de una sola clase social, sino que existen para todas”.
La voz del pueblo es la voz de Dios, frase que emplean muchos juristas y políticos, y otra muy conocida es: que todo ha de hacerse por y para el pueblo, palabras que Abraham Lincoln haría célebres siglos después. En la actualidad y después del desprecio que Mao Zedong tuvo por Confucio, en el siguiente gobierno y hasta el actual de Xi Jinping, ha existido un proceso de recuperación de la figura de Confucio. El cumpleaños de Confucio en China es conmemorado nacionalmente como “Día del Maestro”.
Bibliografía
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