¿Alguna vez te has detenido a pensar si la versión de ti misma que describes hoy seguirá siendo la misma cuando termine el año? Siempre he sentido que intentar definirme de forma estática es, en realidad, una forma de limitarme y de cierta forma engañarme a mi misma y a los demás. Cada año que pasa sigo descubriendo nuevas capas de quién soy, y asegurar algo con demasiada firmeza sobre mi identidad sería ignorar que el próximo año, inevitablemente, habré evolucionado. He pasado por muchísimas fases, como cualquier persona curiosa que se permite experimentar la vida, pero si hay algo que ha mantenido unidas todas mis versiones, es mi esencia ligada al arte. Las pinturas, la fotografía, los libros y la música no han sido solo complementos; cada uno, en su forma particular de expresión, ha logrado conectarme con el mundo, permitiéndome apreciar la realidad a través de sus maneras disruptivas y únicas, inspirándome a relucir mi creatividad.
En ese recorrido, la escritura dejó de ser una simple forma de expresión para convertirse en algo mucho más profundo y vital. Para mí, escribir es la forma de no hundirme, de sacar eso que habita en mí que quizá de otra manera no puedo manifestarlo. Es el mecanismo que utilizo para salir de cualquier revolución interna, el espacio seguro donde puedo liberar el cúmulo de pensamientos que a veces saturan mi mente. Es un ejercicio de catarsis y claridad. Por eso, mis textos son un reflejo de esa diversidad interna: escribo sobre sentimientos, existencialismo, espiritualidad, consciencia humana, creatividad y reflexiones personales. También sobre los libros que me transforman por que estoy segura que así como a mi me resuenan, en otras personas también lo hará. Incluso escribo sobre marcas, porque al final del día, esa es mi vida profesional. Como redactora de contenido en un medio peruano especializado en marketing y publicidad, me dedico a brindar mi voz como puente para comunicar campañas, noticias y estrategias.
Sin embargo, más allá de los compromisos profesionales, mis días cobran un sentido especial cuando dedico tiempo a mi proyecto personal. En mis redes sociales, me enfoco en compartir contenido sobre creatividad, en todas sus fases —los bloqueos, las formas, inspiraciones, etc.— y creación de contenido desde un lado humano. Este espacio no solo me permite compartir con otros mis conocimientos, sino que me obliga a mantenerme conectada con mi propio lado creativo, impulsándome a seguir avanzando en este camino de constante aprendizaje. Soy una comunicadora que ha tenido la fortuna de experimentar casi todos los ámbitos de esta carrera: desde capturar instantes a través de la fotografía y el desarrollo de videos, la planificación estratégica y el marketing, hasta ahora que se podría decir que son funciones de prensa. Cada una de estas facetas ha moldeado mi mentalidad actual.
Esa es la razón por la cual insisto en que estoy en constante cambio. Cambia mi enfoque, cambian mis actividades diarias y mis prioridades, pero mi esencia permanece intacta, ya que los cambios que aparecen y los nuevos caminos que se abren, no busco amoldarme a ellos para avanzar, sino que se complementen con quien soy para no perder mi autenticidad, al final, en esta era de digitalización, todo es muy parecido, sería perderme entre la multitud y mi objetivo es prevalecer. Estoy en una búsqueda permanente de evolución como ser humano, absorbiendo nuevos conocimientos pero manteniendo mis ideales y mis pasiones. Compartir mis escritos por este medio es lo que me hace feliz. No busco el aplauso; busco la resonancia. Si alguien, al otro lado de la pantalla, logra conectar con lo que escribo o siente que mis palabras le devuelven un poco de claridad o emoción, entonces mi propósito está cumplido y me siento satisfecha. Al final, creo que no somos solo lo que hacemos, sino lo que logramos hacer sentir a los demás mientras intentamos entendernos a nosotros mismos.
Soy instantes, e insisto en ser esplendor. Soy eternidad, que busca tallar en la brevedad. Soy el fuego, cuando irradia el sol en mis poros. Soy la oscuridad, que la luna acurruca a mi quimérica misión de volar. Pero más que todo, soy real dentro de un mundo de apariencias, tengo heridas por curar, cicatrices de batallas vencidas, errores de los que hacerme cargo y placeres, como a la fragancia deleitable de una mente nueva.





