En 2012, Randy Moore tuvo una idea descabellada: filmar una película en el parque de diversiones de Disney sin pedir ningún tipo de permiso y sin ser descubierto. Por más loco que fuera el plan, Moore consiguió reunir a un grupo pequeño de actores y técnicos para llevarlo a cabo. Y así fue como obtuvimos Escape from Tomorrow, una película grabada de forma clandestina en Disney World y Disneyland.
La historia sigue a una familia estadounidense promedio que está disfrutando sus vacaciones. En la primera escena de la película, el padre recibe una llamada de su jefe que le comunica que está despedido. Él decide no contárselo a su familia y sigue como si no pasara nada, pero empieza a tener visiones turbias en el parque. Cada vez el ambiente se vuelve más extraño hasta que unas vacaciones soñadas se transforman en una pesadilla.
Esta historia, a priori, no supondría más problemas de rodaje que cualquier otra película. Pero el hecho de tener que filmarla a escondidas, en un lugar tan monitoreado, complicó todo. Aunque Escape from Tomorrow no fue la primera en intentar algo así: una parte del documental de 2010 Exit Through the Gift Shop, del grafitero Banksy, está grabada sin permiso en Disneyland. El equipo fue atrapado en el acto por las autoridades del parque, pero logró esconder las filmaciones que terminaron en la película.
También en 2012 se publicó en YouTube un corto de terror estilo found footage llamado Missing in the Mansion, filmado casi por completo en Disneyland, teniendo como escenario principal The Haunted Mansion, una atracción cuyo nombre se traduce como “La mansión embrujada”. En este caso, no tuvieron ningún problema; como usaron una técnica found footage, pasaron desapercibidos. Disney, obviamente, no tiene problema con los turistas filmando su recorrido por los parques.
Randy Moore decidió que la mejor manera de hacer la película era que el equipo se hiciera pasar por un grupo de visitantes comunes y corrientes. Los actores y el resto del equipo entraban a los parques en grupos pequeños, tenían el guion en sus celulares, filmaron con dos cámaras Canon y cada miembro del elenco tenía un micrófono escondido en la ropa. Una vez que terminaron el rodaje en locación, notaron que ciertos planos no habían quedado bien y los tuvieron que rehacer frente a una pantalla verde. Y no es difícil notar en la película cuáles son esos momentos. De hecho, hay varias tomas que se ven poco profesionales, lo cual es lógico teniendo en cuenta las condiciones. Pero también hay algunos planos en los que resulta imposible pensar cómo los consiguieron.
Como mencioné antes, Disney no tiene problema con que los turistas filmen sus vacaciones, pero una película entera que además tiene una visión negativa sobre la empresa y la experiencia del parque en sí ya es otro tema. Por eso, Randy Moore, para evitar que Disney se enterara del proyecto, se fue con el material a Corea del Sur para hacer el montaje. Al volver a Estados Unidos, intentó ingresar la película en el Festival de Sundance y, para su sorpresa, lo logró: Escape from Tomorrow se estrenó en la edición de 2013. El miedo de que Disney tomara medidas estaba presente tanto para Moore como para los organizadores del festival, por lo tanto, la información que se daba era limitada. La locación se describía en la sinopsis simplemente como “un parque de diversiones”.
Después de la primera función, corrió la noticia de que se trataba de una película filmada de forma clandestina en los parques de diversiones de Disney, lo que le hizo ganar mucha más atención por parte del público del festival. La idea de que un problema legal estaba a la vuelta de la esquina fue usada como una herramienta de publicidad. Randy Moore advertía cada vez que podía que si uno quería ver la película, tenía que apresurarse, porque en cualquier momento las proyecciones podían ser intervenidas.
Finalmente, la respuesta de Disney fue de completa indiferencia. Obviamente se enteraron de la existencia de Escape from Tomorrow, pero parece que fueron conscientes de que cualquier acción legal que tomaran iba a darle más atención a la película, así que decidieron ignorarla.
Hoy se puede ver muy fácilmente —no en una plataforma, pero sí en los callejones oscuros de internet—. Debo advertir que no estamos hablando de una gran película, sino de una curiosidad. Los tropiezos técnicos no son el mayor problema; lo peor de todo, sin duda, es el guion. Es una buena idea en principio, pero está muy mal desarrollada e incluye una visión de las mujeres que Randy Moore debería hablar en terapia. Es una de esas obras que se cree mucho más inteligente y mordaz de lo que realmente es. La recomiendo a todo aquel que no le moleste ver una película mala, con tal de acceder a una experiencia distinta a todo lo que uno está acostumbrado. Una película única en su concepción: un drama surrealista y cínico filmado en “el lugar más feliz del mundo”.















