La cumbia es un género musical que nació en Colombia, según muchos expertos investigadores, y se expandió por toda América, hasta traspasar continentes. Pero en Perú, a finales de los años 60, sufrió una evolución que la acercó a los terrenos del rock psicodélico. Con guitarras eléctricas, efectos propios del surf rock norteamericano y teclados, nació la cumbia psicodélica, hoy ampliamente reconocida en Latinoamérica y Europa, gracias a esos virtuosos solos de guitarra y atmósferas de sintetizadores, amalgamados con el característico sonido tropical cumbiambero.

Para quienes tienen más de 50 años, y desde un tiempo a esta parte para los más jóvenes, es indudable reconocer que la cumbia en Perú dio un giro importante en aquella época. La guitarra eléctrica pasó a comandar las composiciones de las nacientes agrupaciones de cumbia, dando paso a un nuevo estilo de hacer esta música. Aunque nació en suelo colombiano, al llegar a Perú evolucionó hacia un sonido más eléctrico y experimental, reflejando el sentimiento social de la época y la idiosincrasia de las tres regiones del país (costa y selva primero, y la sierra después). Los pioneros fueron Los Destellos, del virtuoso guitarrista Enrique Delgado, considerado ampliamente el padre de la cumbia peruana y psicodélica, quienes crearon la cumbia costeña. Años después, se destacaron Los Mirlos, Juaneco y su Combo, y Los Wemblers de Iquitos, con su cumbia amazónica.

El legado de estas agrupaciones es indudable, ya que influyeron en muchas otras, hasta mediados de los 80 y luego en el primer quinquenio de los 2000, haciendo historia en países como Argentina o México (en el caso de Los Mirlos, principalmente) y hasta Colombia o Venezuela, donde reversionaron muchas canciones originadas en suelo inca. Las agrupaciones selváticas se convirtieron en los principales embajadores de la cumbia psicodélica y amazónica en todo el continente y también en Europa. Esta cumbia, nacida a finales de los años 60, volvió a cobrar vigencia, recordando al mundo que en Perú la cumbia se hace con guitarra eléctrica como elemento principal.

Mi acercamiento a la cumbia fue precisamente en esa búsqueda de bandas antiguas peruanas de rock. Antes no era muy fan de la cumbia, sobre todo de la de los años 90 a la actual, que tomó un desvío hacia un camino más fácil en la composición musical y lírica, tornándola más pop y menos entregada al virtuosismo. Esto es cierto, puesto que vengo de los fueros del metal y el rock progresivo, donde la guitarra y el nivel de composición son innovadores. Sin embargo, por ese afán de descubrir nueva música, supe que en Perú, en aquellos tiempos, muchas de esas producciones tenían un gran tinte rockero, con solos alucinantes de guitarra eléctrica, pedaleras fuzztone o wah wah, además del uso de teclados, como los Moog (usados por Los Jaivas en Chile) y Hammond (Deep Purple en Inglaterra), por citar algunos ejemplos. Esto me recordaba mucho a los viajes sónicos de las bandas psicodélicas norteamericanas como The Doors y el garage en general.

La cumbia colombiana tiene su encanto, eso es claro, pero se enfoca más en los instrumentos de percusión y viento que en las cuerdas como instrumento preponderante. No así en la peruana, donde la guitarra toma por asalto la composición con eternos y muy bien elaborados solos. No es para menos, pues muchos de los artífices, como Enrique Delgado, eran músicos experimentados, expertos en el uso del instrumento y, sobre todo, venían de influencias rockanroleras o de la música criolla y andina peruana, géneros musicales en los que el instrumento de cuerdas es, sin duda, el protagonista.

¿Influencia de la dictadura?

La cumbia colombiana llegó a Perú a principios de los 60, al igual que el rock. De hecho, las primeras agrupaciones rockeras en este país datan de antes de 1965, con Los Incas Modernos, Los Saicos, Traffic Sound, entre otros, que cantaban principalmente en inglés (los Saicos no). Según algunos estudiosos, la represión por la dictadura militar de Juan Velasco Alvarado, que comenzó en 1968, limitó a los músicos peruanos en la producción de música en idioma extranjero, así como en la producción del rock and roll, al considerarlo alienante. Bajo esa concepción, se dice que los músicos peruanos exploraron otras formas de manifestar su arte, lo que se reflejó en el nacimiento de la cumbia peruana, en la cual se alternan temas propiamente del género con otros muy rockeros, como es el caso de "Constelación" de Los Destellos, que data de 1971, donde destaca el tema rockero "Onsta la yerbita", entre muchos ejemplos de bandas peruanas.

Esta situación de malestar social, junto con la inminente inmigración del campo o del interior del país a Lima, fue la amalgama perfecta para el nacimiento de la cumbia peruana en la costa. En el caso de la selva peruana, se dice que pudo haber sido por la influencia de personas norteamericanas que llegaron a esa zona del país en búsqueda de petróleo; otros dicen que, por influencia japonesa, ya que sus instrumentos eran más baratos, pero también por la influencia colombiana. A través de la onda corta, muchos peruanos en la selva escuchaban música colombiana. Con toda esa influencia, a principios de los 70 nació lo que hoy conocemos como cumbia selvática amazónica, distintiva de la costeña, por el agregado de teclados atmosféricos, el uso de onomatopeyas que imitan a las aves selváticas y los ritmos tribales de esta parte de la geografía peruana.

En el caso de la cumbia de la sierra, esta obedeció principalmente a la migración y se añadieron elementos musicales andinos. Surgió en la segunda parte de la década de los setenta y, al igual que sus otras hermanas, la guitarra suena como elemento principal y hasta más furioso, siendo sus letras más introspectivas y hasta lastimeras, reflejando esa añoranza por abandonar el terruño y abrirse campo en una Lima muy difícil. El resultado es lo que se conoce popularmente como "chicha peruana", siendo su principal embajador "Chacalón", quien gozaba de una potente y distintiva voz, y que saltó a la fama con el Grupo Celeste. Temas como "Viento" y "Como un ave", de este último grupo, se han convertido en verdaderos himnos de la cumbia psicodélica, versionados en todo el planeta por bandas como Chicha Dust (hoy Xixa), proveniente de EE. UU., por citar solo una de las más contemporáneas.

Si bien la cumbia de la sierra nació un tanto marginada, equivocadamente, por la sociedad peruana de los años 80 y 90, hoy en día, junto a sus hermanas costeña y selvática, forman parte del concepto de cumbia peruana psicodélica y se han convertido en verdadera música de culto en países como Argentina, Chile, Colombia, México, EE. UU., Francia y parte de Europa, donde nacieron en la década del 2000 agrupaciones musicales influenciadas por el estilo peruano.

La cumbia psicodélica peruana rumbo al triunfo

Tratar de explicar el fenómeno musical de la cumbia peruana amerita páginas y horas de estudio, y es cierto que requiere estudios sociológicos y musicales extensos, incluso para hacer sendas tesis. Lo único cierto es que hoy en día los peruanos más jóvenes y los amantes de la música rock, así como de la tropical, coinciden en una sola opinión: "La cumbia psicodélica peruana es harina de otro costal".

El camino fue muy difícil; pasó de un nacimiento apoteósico a la marginación nacional en los años 80, sobre todo en su versión andina. Tuvimos que enterarnos de que, mientras en gran parte del país ganaba terreno la tecnocumbia y la cumbia norteña (muy poco emparentadas musicalmente con la cumbia psicodélica y de tendencia más popular, coros pegajosos y sin guitarras como elemento principal), músicos y melómanos en el resto de América y Europa la apreciaban en demasía.

Quizá el detonante para la reapreciación de esta cumbia fue la publicación en Estados Unidos de un compilatorio denominado "The Roots of Chicha – Psychodelic Cumbias from Peru", en formato CD, que desempolvó grandes himnos sesenteros y setenteros en una antología de cumbia costeña, amazónica y chicha. La tarea de compilación y remasterización fue realizada por el músico Oliver Conan a través de su sello Barbes Records en 2007. La obra contempla diecisiete canciones, y en 2011 apareció una segunda compilación.

La obra fue distribuida por toda América, y los peruanos fueron los últimos en enterarse de que esta música se convirtió en un verdadero culto para los amantes de la música tropical fusionada con el rock. De hecho, la motivación de Conan se debió a un viaje realizado a Perú, donde conoció esta música, y luego, en 2008, realizó un disco llamado "Sonido Amazónico" con su proyecto denominado "Chicha Libre", en clara alusión a la chicha peruana. Este fue el punto de partida para que otras bandas asumieran como propia la herencia de Los Destellos, Los Mirlos y un largo etcétera de bandas incas.

Arequipa y otras ciudades revaloran esta cumbia

En Arequipa, en 2006, se formó un colectivo musical llamado Los Chapillacs, que tomó la influencia setentera y ochentera y la trasladó a la escena contemporánea, logrando notable éxito y culto dentro y fuera del país por su postura chichera cumbiambera rockera. Su disco "Odisea Cumbia 3000" marcó el desarrollo de nueva música bajo ese patrón en el siglo XXI, y de igual forma lo hicieron otras agrupaciones.

En Lima, La Inédita, La Nueva Invasión, o en la selva, La Mente, y en Cusco, más recientemente, La Sonora Patronal o Chintatá, añadirían reggae, ska, rock o música andina a sus propuestas musicales, abriéndose paso hacia un nuevo público, más juvenil, pero también al más longevo que ve en sus propuestas la clara herencia de los artífices de la cumbia psicodélica. Paralelamente ocurriría algo parecido en Chile y Colombia con la influencia peruana.

Una propuesta que ayudó también a recobrar el gusto por la cumbia psicodélica fue el proyecto "Cumbia All Star", que agrupó a los mejores músicos provenientes de aquellas bandas setenteras en un proyecto musical en el que participan exintegrantes de Los Diablos Rojos, de Juaneco y su Combo, Los Girasoles, Los Beta 5 y Los Ribereños, siendo de los primeros en realizar giras europeas a partir de 2013.

De la Selva a Coachella

El legado de Los Destellos, Los Mirlos, Juaneco y su Combo, Los Wemblers de Iquitos, Los Orientales de Paramonga, o Los Ilusionistas con su himno "La colegiala", y el Grupo Celeste, Chacalón o Los Shapis, entre otros, es indiscutible.

Entre los más vigentes, y después de 50 años de haber comenzado su camino musical, Los Mirlos, liderados por Jorge Rodríguez Grández (coros y voces) y Danny Johnstone (primera guitarra), continúan por la senda del triunfo, dando a conocer y reviviendo aquella cumbia que ayudaron a cimentar desde 1973 en su natal Moyobamba, con himnos como "La canción de los Mirlos" o "Eres mentirosa".

Con más de 30 discos producidos en su haber, siguen sonando como en el primer día. Es cierto que ahora están acompañados por integrantes más jóvenes, pero difunden su propio legado y su propia historia. Después de recorrer en los 70 Argentina y México, y en los 2000 Europa, EE. UU., Bolivia, Ecuador y Colombia, este año llegaron a tocar en Coachella, uno de los festivales de música más importantes del calendario musical del planeta.

Su paso por Coachella los erige como el primer grupo peruano en ser parte de este festival, creado en 1999 y que se realiza en abril en California, agrupando a artistas de fama mundial y emergentes en distintos géneros musicales como rock alternativo, indie rock, pop, hip hop, electrónica, k-pop y, en 2025, la cumbia psicodélica peruana, en un hecho histórico no solo para Perú, sino para los países hispanohablantes.

Uno de los momentos más celebrados fue cuando Los Mirlos hicieron un inesperado homenaje a “Queen” al interpretar el intro de "We Will Rock You" como antesala a su icónico tema "Sonido Amazónico". Los arpegios de guitarra y el sonido del bajo crearon una atmósfera rockera que hizo vibrar al público.

La velada llegó al clímax sónico con las canciones "Muchachita del Oriente" y "Un Traguito de Ayahuasca". Al final, los músicos alzaron la bandera del Perú junto a la de Estados Unidos, tomándose una postal. "¡Muchas gracias! ¡Viva Coachella y viva el Perú!", gritó Rodríguez Grández, mientras el público pedía "una canción más".

La pura emoción

Dos meses después de ese acontecimiento, en Arequipa, mi ciudad, en junio se celebró la "Fiesta de la Música", un tradicional festival que se lleva a cabo hace 33 años y que agrupa a más de un centenar de artistas de distintos géneros en varios escenarios, que van desde el jazz al metal, pasando por la fusión, la música tradicional y la cumbia. Tuve la fortuna personal de conocer a uno de mis grupos héroes de este género.

A Los Mirlos los escucho desde hace unos 20 años; me gustaron en mis días de universidad, cuando un gran amigo (Omar) nos compartió aquella compilación "The Roots of Chicha", en medio de nuestras largas tertulias sobre música, rock progresivo y metal. Omar, Heiner y Jeffrey eran los amigos de periodismo con los que fielmente escuchábamos esa música y descubríamos nuevas bandas o géneros mientras repartíamos unas buenas copas de pisco cada mañana de interminables sábados.

Recuerdo que no le había tomado mucho interés al "Festival de la Música", hasta que me contaron que se presentarían Los Mirlos, y no lo pensé dos veces. Luego de terminar el trabajo, llegué a casa y les dije a mis hijos, Matias y Cristina: "Hoy es un día especial, conoceremos a Los Mirlos, una de las bandas iniciadoras de la cumbia psicodélica".

Sin mayor pretexto, nos alistamos y fuimos a uno de los estadios locales, donde se presentaban otras bandas, 380 de punk y luego La Mente (cumbia y ska), para dar paso a Los Mirlos. La sensación fue simplemente única; su sonido era fidedigno y su ritmo, por demás contagioso, poniendo a las más de 2.000 almas reunidas en el escenario a bailar al ritmo del "Sonido Amazónico" bajo los pies del volcán Misti, que tutela mi ciudad. La algarabía fue mayor al compartir mi alegría con mis hijos, Cristina, de 9 años, y Matías, de 15, despojándonos de la solemnidad para entregarnos a la danza, los saltos y la envolvente música de Los Mirlos, que se apoderaba de cada uno de los presentes bajo la oscura y fría noche arequipeña. El sufrimiento por el frío y el sueño fueron totalmente recompensados por cada una de aquellas notas entregadas por Rodríguez Grández, Johnston y compañía… Fui feliz.