Quienes desde hace tiempo me conocen saben que adoro la cultura japonesa. El anime hizo parte de cierta irrupción en mi mundo que lo transformó todo, hasta el punto de haber configurado mi manera de ser en el mundo. Sin embargo, este no es un artículo sobre este arte, sino –más bien– una reflexión a partir de él, mi experiencia en el complejo y poco simétrico campo del amor y, finalmente, la magistral exposición de Chul Han sobre la muerte del amor1. Así las cosas, espero que este artículo –más que orientar a otros sobre el valor del amor– permita diferenciarlo de lo que lo limita, al igual que en Eliade2 lo sagrado es limitado por lo profano. Sin más que decir, empecemos: ¿Cómo describir el amor en una canción?
El amor hecho canción
Cansado de ver siempre los mismos animes de acción y aventura, decidí aventurarme hace meses a ver un anime cuyo opening3 sonaba en cada restaurante de ramen al que iba. No me dejaba en paz. Boku no Kokoro no Yabai Yatsu o The dangers in my heart encabeza este primer apartado del artículo por algo sencillo: el amor puede ser incómodo, sin estar ligado al drama. En muchas ocasiones he pecado por dramático, o por tomarme las discusiones con mi esposa demasiado en serio –esto no es propio del amor–, sin embargo, sí podemos prescindir del drama… ¿Se puede prescindir de la incomodidad en el acto de amar? Revisemos la letra de la canción en cuestión.
La canción “Boku wa...” de Atarayo no describe el amor como conquista ni como certeza. Lo canta como espera, como contemplación, como transformación silenciosa. En ella, el yo no exige reciprocidad, sino que se deja afectar. No busca poseer al otro, sino ser tocado por su presencia.
君が僕に見せてくれた世界はとても綺麗だったな
Kimi ga boku ni misete kureta sekai wa totemo kirei datta na
Fuiste tú quien me mostró lo hermoso que es el mundo.
Este verso no habla de otro “listo para amar y ser amado”, sino de revelación. El otro no es espejo, sino umbral. Como diría Byung-Chul Han, el Eros verdadero no busca eficiencia, sino alteridad. No se trata de “tener” al otro, sino de ser transformado por su aparición. La incomodidad del amor se refleja, según Han, en su forma anglosajona de pronunciarse: fall in love. El amor es una caída. Algo que irrumpe en nuestro modo de ver, hacer, creer, ser en el mundo y que empieza a transformarnos.
¿Por qué encaja tan bien con la forma en que Han describe el amor? Porque el amor es dejarse llevar, a veces a rastras, por otro que me hace salir de la comodidad de mi ser. Hasta el punto de hacer que nos sintamos extraños con nosotros mismos.
まるで僕が僕じゃなくなっていく
そんな日々もどこか愛おしくてMarude boku ga boku janaku natte iku
Sonna hibi mo dokoka itooshikuteEs como si yo ya no fuera yo.
Los días que paso contigo, de alguna manera, se vuelven preciados para mí.
Dan Da Dan: el amor no espera que estemos sanos
En tiempos donde todo debe estar “listo”, “resuelto”, “trabajado”, el amor ha sido secuestrado por una lógica terapéutica que lo convierte en premio: solo quien está sano, equilibrado, emocionalmente maduro, puede amar. Pero esta idea, aunque bienintencionada, desactiva el poder transformador del amor.
En la segunda temporada de Dan Da Dan –sí, muy nuevos los animes de este artículo– nuestros protagonistas adolescentes logran –después de varios capítulos hilarantes– estar solos en la parte de atrás de un automóvil. Así, llega el momento donde Ayase –la protagonista– toma la mano de su interés amoroso, rompiendo esa barrera física/tensión que solo el romance puede crear. Dejando a nuestro protagonista masculino nervioso y con palabras que, para mí, resumen el amor adolescente:
Pero Ayase, ¿qué es lo que estás haciendo ahora? No conozco las reglas de este juego.
Byung-Chul Han lo sugiere: el Eros no es eficiencia ni estabilidad, sino caída, desbordamiento, transformación. Amar no es llegar completo, sino permitirse ser tocado en la herida. No es tenerlo todo claro, sino dejar que el otro nos revele lo que no sabíamos que dolía. Así también recordamos, humildemente, que no nos sabemos todas las respuestas.
El amor no exige sanación previa. A veces, es el amor lo que cura, no porque nos arregle, sino porque nos permite ver. Nos quita la venda que el ego nos ha dejado. Nos muestra que no somos tan autosuficientes como creíamos. Que hay ternuras que no sabíamos que merecíamos. Que hay silencios que no son abandono, sino cuidado.
El amor no debe cerrarse a un menú
Vivimos en una época donde el amor parece ofrecido como catálogo: tipos de vínculo, estilos de apego, compatibilidades emocionales, tiempos ideales. Todo parece tener que encajar en una lógica de elección racional. Pero el amor —como el Eros que describe Han— no se elige, se atraviesa. No se planifica, se habita. No se ajusta a un menú, se consagra en la disposición.
La disposición no es certeza. Es apertura. Es decir: “No sé cómo será, pero estoy aquí”. Es confiar en que el vínculo puede sanar, no porque sea perfecto, sino porque ambos están dispuestos a transformarse.
En el episodio 97 de Yu Yu Hakusho4, Yusuke decide irse por tres años a entrenar en el mundo demoníaco. No lo hace por egoísmo, sino por soberanía. Sabe que necesita crecer, que aún no está listo, pero que su amor por Keiko no se suspende por ello. Antes de partir, le dice:
El día de mañana es mi cumpleaños. Volveré exactamente en tres años… Entonces, casémonos.
No le promete estabilidad inmediata. Le pide confianza. Le ofrece una promesa que no se basa en eficiencia emocional, sino en disposición mutua para sanar, crecer y encontrarse después del proceso.
Epílogo: Amar como quien contempla
No hay reglas claras. No hay garantías. No hay menú. El amor, como el Eros que describe Han, no se planifica: se atraviesa. Como Eliade sugiere, no se define: se revela. Como en Yu Yu Hakusho, no se suspende por la distancia: se consagra en la promesa. Como en Dan Da Dan, no se entiende del todo: se sostiene en la incomodidad compartida. Como en Boku no Kokoro no Yabai Yatsu, no se grita: se canta en silencio.
Este artículo no busca enseñar a amar. Busca recordar que el amor no exige estar listo, sino estar dispuesto. Que no se trata de saber las reglas, sino de sostener la mano del otro cuando el juego apenas empieza. Que no se trata de sanar antes, sino de permitir que el vínculo nos revele lo que aún no sabíamos que dolía.
Y si alguna vez te has sentido torpe, incómodo, incompleto, dramático, vulnerable… quizás ya estés amando. No como conquista, sino como contemplación. No como certeza, sino como caída. No como drama, sino como manifestación.
Notas
1 Ver La agonía de eros.
2 Ver Lo sagrado y lo profano.
3 Es el nombre que reciben las canciones con las que abre cada capítulo de un anime.
4 Este sí es lo suficientemente old school para los más puritanos.















