Recordando que el arte griego y el arte romano son dos expresiones artísticas que tuvieron un enorme influjo en la historia de la cultura occidental, si bien presenten muchas similitudes - debidas al hecho de que los Romanos asimilaron y adaptaron muchos elementos del arte griego- existen diferencias significativas que reflejan las características de ambas civilizaciones.

El arte griego se desarrolla entre los siglos VIII y IV a.C. y se caracteriza por el anhelo de la belleza ideal, de la armonía y del naturalismo. Los Griegos conciben el arte como un medio para expresar los valores de su cultura como la democracia, la libertad, la racionalidad y el mito. El arte griego se manifiesta sobre todo en la escultura y en la decoración pictórica de las vasijas.

La escultura griega representa la figura humana de forma realística y desnuda, exaltando la perfección física y el movimiento. Los Griegos utilizan el bronce y el mármol para realizar sus obras, desde los kouroi (jóvenes atletas) a las estatuas de la divinidad, desde las de los filósofos y poetas a las de los atletas vencedores. Cabe citar las más famosas como los Bronces de Riace, el Discóbolo de Mirón, la Afrodita de Cnido de Praxíteles y el Laocoonte. Según Plinio el Viejo, los autores de los Bronces de Riace, rescatados en el mar por unos pescadores, son Fidias y Polícleto.

Sabido es que el Partenón está considerado la obra maestra de la arquitectura dórica y fue proyectado por Ictino y Calícrates, bajo la supervisión de Fidias mientras el templo de Zeus es uno de los mayores templos griegos, famoso por alojar una de las siete maravillas del mundo antiguo: la estatua criselefantina de Zeus fue realizada por Fidias.

En cuanto a la pintura decorativa en las vasijas de terracota, ésta se basa en escenas mitológicas, históricas o cotidianas. Los Griegos usaban dos técnicas principales: la figura negra, donde aparece sobre fondo rojo, y la figura roja, sobre fondo negro. En este ámbito, se destacan los pintores Esquiel y Andócides.

Por su lado, el arte romano se extiende entre el siglo III a.C, y el V d.C. y se distingue por la funcionalidad, por el realismo y por el espíritu histórico. Los Romanos conciben el arte como un medio para expresar el poder político, la grandeza militar, la gloria de los emperadores y la vida social. El arte romano se manifiesta sobre todo en la arquitectura, en la escultura y en la pintura mural.

La arquitectura romana se basa en el uso de nuevas técnicas de construcción como el arco y la bóveda, que permiten realizar edificios más amplios y altos. Los Romanos utilizan materiales diferentes del mármol griego, como la toba, el peperino, el ladrillo y el cemento. Los principales edificios son las obras públicas, como las carreteras, los acueductos, los puentes, las termas, los teatros, los anfiteatros y los circos. Entre las obras más famosas, recordemos el anfiteatro Flavio de Roma (más conocido como Coliseo) dedicado a los juegos gladiadores y animalísticos, o el Panteón, un templo circular con una cúpula forada, todo un ejemplo en la Arquitectura actual.

La escultura romana representa la figura humana de forma realística e individual, exaltando los rasgos característicos así como las expresiones. Los Romanos utilizan mayormente el mármol y el bronce para realizar sus obras, que abarcan desde los retratos de emperadores y ciudadanos a los de las divinidades, desde los de personajes históricos a los de bárbaros derrotados. Entre las obras más célebres se encuentran el Ara Pacis en Roma, un altar dedicado a la paz de Augusto, el busto de César o la columna Trajana en Roma, que narra las secuencias de las gestas del emperador. Como narra Plinio el Viejo, los Romanos llevaban a Roma muchas obras maestras griegas como botín de guerra y también como donaciones diplomáticas.

En definitiva, el arte griego y el arte romano han tenido un papel fundamental en el incremento de la cultura occidental, que aunque teniendo muchos puntos en común, ambas artes se distinguen por sendas finalidades, sendos lenguajes y sendos testimonios. Las fuentes antiguas que nos informan del arte griego y romano son tanto literarias como epigráficas, permitiéndonos apreciar mejor aún el legado y los autores de estas dos civilizaciones.

Y ahora una exposición, valiéndose de 150 obras maestras originales griegas -entre esculturas, relieves y hallazgos arqueológicos- ofrece puntos de reflexión y curiosidades para revelar el encuentro artístico que redefinió identidad, poder y belleza en la antigua Roma. Todo ello en un diálogo que ha plasmado el gusto y la estética del Occidente. Un traslado que inicia con la fundación de Roma y atraviesa los siglos hasta la edad imperial, restituyendo la extraordinaria fuerza con la que el arte griego penetró en la sociedad romana: primeramente por medio de los intercambios comerciales así como por la importación de elegantes manufacturas, y posteriormente gracias a las conquistas en el Mediterráneo Oriental, que enriquecieron Roma con piezas maestras de inestimable valor, como estatuas de mármol y de bronce, platería cincelada, pinturas y decoraciones lujosas. Estas obras, a menudo colocadas en plazas, edificios públicos y jardines transformaron el aspecto de la ciudad y contribuyeron a crear nuevos cánones de los modelos estéticos y culturales romanos, mientras que en los espacios privados el arte griego fue sinónimo de distinción y poder, lo que hoy día definiríamos status symbol.