Pensaba hablar de los últimos avances de la IA, de la mamajuana, de República Dominicana. Pensaba hablar de la inteligencia de las urracas, de los beneficios de beber un vaso de agua bien grande y frío nada más levantarse por las mañanas. Pensaba escribir sobre lo fácil que es plantar ajos, lo ricas que son las frambuesas de mi huerto, los cuidados que hay que tener con el pulgón en esta época del año, cuando todo está por empezar de nuevo, cuando la primavera está a unos días, hablar de tantas cosas, pero ahora, con esta guerra, todo sonará banal.

Porque una guerra lo cambia todo, pero tantas al mismo tiempo, aunque te pillen lejos, tanta al mismo tiempo de forma tan descarada, tan atroz y estúpida al mismo tiempo, tantas, copan toda la atención y es casi imposible mirar para otro lado.

Así que me propuse hablar de otra cosa.

Quiero hablar de los lazos familiares, del reencuentro con mi hermano después de no vernos en tres años, de lo bien que lo pasamos en familia, compartiendo todos esos momentos perdidos y pensando en los que van a venir, porque viviendo lejos, te acostumbrás a vivir para atrás y para adelante, alargando los presentes, aprovechando una semana y transformándola en meses. La familia es necesaria, es una fuerza vital que podés no tener contigo, pero siempre está ahí. Para bien o para mal.

Quiero hablar también de las etapas de la vida, de cómo vamos creciendo y nuestros hijos empiezan a tirar solos, tener sus propios desafíos y lanzarse con proyectos, con ilusiones y planes de vida. Los mismos que tuvimos nosotros hace unos años y nos parece imposible que los alcancen, pero no nos parecía imposible alcanzar los nuestros. Y miramos el presente y estamos cerca (o tal vez lejos) de donde queríamos estar y los vemos a ellos tan ilusionados, tan verdes y al mismo tiempo tan fuertes y capaces, capaces de comerse el mundo. Quiero hablar de la etapa de la vida en la que estoy, en la que las fuerzas ya no son las que eran y uno de los mayores objetivos es cuidar la maquinaria para poder vivir la mayor cantidad de años posible, porque ya has cruzado una línea y se le ven las orejas al lobo.

También quiero hablar de la etapa siguiente, la de algunos amigos que ya cuentan con los que a su alrededor se van muriendo y se van quedando solos en un mundo que les es bastante extraño, con modernidades que no pidieron y con añoranza de las cosas que otros llaman antiguas y con las que a ellos los hacían felices. Esa otra etapa vendrá y no quiero sufrirla como algunos la sufren, pero para eso hay que prepararse en esta etapa en la que estoy, en la que todos estamos, porque prepararse es fundamental en la vida, de eso también quiero hablar, pero se me hace muy cuesta arriba hablar de todas estas cosas tan importantes para mí, porque hay una gran nube negra en el cielo, porque hasta aquí llega la estela de los misiles, porque tengo amigos que no pudieron volar, otros iban en el aire y regresaron al aeropuerto de partida y hay gente que ya no tiene dónde ir, hay personas que llevaron a sus hijas al colegio por la mañana y un tremendo hijo de puta hizo explotar el colegio entero.

Murieron ciento diez niñas. No puedo hablar de otra cosa que no sea: esas familias y el dolor que tienen. No puedo hablar de otra cosa que no sea misiles cayendo en barrios obreros donde cada mañana se levantan para ir a trabajar y una mañana ya no suena el despertador, suena un misil, suena un dron y todo se acabó.

Desaparecen las familias y si alguno queda, si una hija, un padre, un tío, si alguno de ellos queda con vida, esa vida ya no es vida, es un resto, es una felicidad que nunca llegará, es una tristeza que se queda para siempre con esa persona, con miles de personas que tendrán mucho más apego al odio que al amor, porque el odio es lo que provocó las muertes y el odio es esa nube oscura que se expande por el cielo. El odio que nació en Occidente y en algunos países de Oriente Medio se expande por todo el mundo ahora mismo. Y no, no es lo mismo atacar que ser atacado.

En esta última guerra, dos los atacan y no es solo por odio, también hay intereses económicos y geopolíticos detrás. Y los que se defienden, ahora mismo, lo hacen por su propia sobrevivencia y eso es, en un determinado punto, una bomba de odio contenida, porque cuando quieres sobrevivir solo ves la muerte del agresor como objetivo.

Los que atacaron primero tienen todos los medios posibles y un poderío armamentístico muy superior a los que recibieron el primer golpe. Pero no tienen la pasión y el poder de la supervivencia. Puede que ganen esta batalla, pero habrán creado miles de millones de enemigos para las siguientes generaciones. Es una fábrica de odio y aunque ellos, esos primeros que atacan, odien, su odio nunca tendrá el poder del que se defiende a vida o muerte, como comunidad, como sociedad.

El gran desvarío descontrolado empezó en Gaza.

Esa fue la primera prueba de que si el mundo calla ante un genocidio, el genocida tiene vía libre para seguir y seguir hasta donde le den las fuerzas. Un misil contra un colegio de niñas y en las noticias aparece un tipo grandote, con la cara pintada de color naranja, diciendo que está salvando al mundo de los ayatolás. Más de setenta mil muertos en Gaza, casi dos mil y contando… en Irán, y a muchos lo que más les preocupa es el precio de la gasolina. Querría hablar de tantas cosas, pero no puedo; no puedo evitar pensar en que alguien o algo tiene que parar esta masacre. Tenemos que unirnos de una vez, levantarnos y exigir el fin de la guerra. ¡Ya!