Cuando pensamos en guitarras, posiblemente Finlandia no sea el primer país que se nos venga a la mente. Aunque se sabe que el país nórdico alberga una de las mejores escuelas de música del mundo —la Academia Sibelius—, es sorprendente cuando aprendemos que algunos de los más destacados guitarristas del siglo XXI son originarios de esta región del planeta.

Los músicos de arte en Finlandia son personas mundialmente conocidas por ser excepcionalmente buenas en hacer su trabajo. Y los guitarristas clásicos no son la excepción.

Petri Kumela es un guitarrista originario de una pequeña ciudad llamada Mikkeli, al este de Finlandia. En la escuela de música de esta ciudad, Petri cursó sus primeras clases de música.

Aunque primeramente su intención era estudiar piano, un desconocido le recomendó de último momento, en el examen de admisión, que era mejor estudiar un instrumento menos competido. Y por eso se inscribió en guitarra.

Esto no es algo raro que suceda; en las largas filas de espera de las audiciones para ingresar a las escuelas de música, es común que alguien con buenas intenciones te sugiera una opción donde sea más fácil ser seleccionado. En México, donde abundan los guitarristas, la recomendación siempre es intentar con otro instrumento, tal vez fagot o corno francés, donde seguramente no habrá casi aplicantes.

En Finlandia es al revés. “Entrar a piano va a ser muy competido, mejor deberías estudiar guitarra”, alguien le dijo a Petri, y esa recomendación inofensiva cambió el destino de su vida para bien y para siempre.

Hoy, después de haber realizado sus estudios en la academia de música de Mikkeli, posteriormente en el Conservatorio de Helsinki y finalmente en la Hochschule für Musik Nürnberg-Augsburg, en Alemania, Petri Kumela se ha convertido en uno de los guitarristas más importantes de la escena musical finlandesa y sin duda también a nivel mundial.

Petri es ejemplo único de cómo ser un guitarrista clásico a la vez audaz y versátil; tanto lo podemos encontrar trabajando en instrumentos musicales antiguos originales del barroco europeo, así como estrenando obras de compositores contemporáneos, motorizando guitarras en México, dando recitales en Calcuta o impartiendo clases maestras en Japón.

Petri tiene su estudio en el corazón de Helsinki, estratégicamente ubicado entre dos escuelas de música —el Conservatorio y la Academia Sibelius—, un cementerio y una de las más bellas playas de la ciudad: el lugar es llamado Hietsu por los habitantes locales.

En el verano del 2025, tuve la fortuna de poder visitar a Petri en su estudio y charlar sobre sus proyectos, su filosofía y sus experiencias como artista.

Rodeados por su colección de maravillosas guitarras construidas por Gabriele Lodi, sus guitarras microtonales, un par de guitarras rotas, una máscara de luchador de la lucha libre y un EMMA prize, sucedió esta conversación que, con permiso del artista, me permito traducir y transcribir:

Hola Petri. Si uno busca la definición de guitarra clásica y luego ve uno de tus conciertos, posiblemente note que tu música va mucho más allá de la definición tradicional, ¿te consideras a ti mismo como un guitarrista clásico?

De alguna manera sí, pero mis intereses en la música son mucho más amplios. Sí, mi formación musical es de guitarrista clásico, pero en realidad yo trabajo con sonido. Puedo sí, a veces tocar repertorio tradicional de guitarra clásica, o a veces incluir literatura en mis conciertos, e inclusive he llegado a hacer instalaciones de sonido para trabajar con electrónica. Músico, creo que sería una definición más adecuada sobre mi profesión.

Tus proyectos musicales suelen incluir repertorio clásico que fue escrito hace 100 o 200 años, pero también trabajas con música actual escrita especialmente para ti. ¿Cuál es la diferencia entre trabajar el repertorio tradicional de la guitarra y trabajar con compositores contemporáneos vivos?

Al final no hay gran diferencia. Es verdad que en el repertorio tradicional tenemos muchas buenas grabaciones que otras personas han hecho extremadamente bien y con ello tenemos buenas referencias de cómo queremos interpretar cierta música. Por el contrario, en la música contemporánea muchas veces no existen grabaciones porque es música recientemente escrita o no estrenada aún. Sin embargo, siempre hay que tratar de tener el mismo nivel de dedicación y cuidado con el repertorio tanto nuevo como con el tradicional.

Como intérpretes es nuestra obligación no bajar los estándares de interpretación de una obra musical, sea tradicional o sea contemporánea. Es una pena a veces encontrar buenas obras de música contemporánea donde el intérprete no hizo bien su trabajo y la pieza consiguió una mala reputación.

Si una obra de música tradicional es mal interpretada, la audiencia podrá saber que la pieza es buena, pero la interpretación del músico no fue buena. En la música contemporánea no siempre hay segundas oportunidades; una mala primera presentación de una obra puede que deje a la obra en el olvido para siempre.

Has motivado a compositores no guitarristas para escribir para este instrumento, ¿cómo es el proceso creativo en este sentido?

La mayoría de los compositores de música clásica tienen su formación académica en instrumentos de orquesta sinfónica y, por supuesto, en piano. Muchos de ellos se sienten inseguros de escribir para la guitarra. Y es entendible; la guitarra es un instrumento extraño y bastante complicado, con muchos secretos.

Cuando tengo la oportunidad de colaborar con compositores que se sienten inseguros de escribir para la guitarra, les pido que sólo se imaginen el sonido, que se imaginen que quisieran escuchar y luego juntos podemos encontrar la manera de llevar eso a la práctica.

Cuando se estrena música contemporánea, hay ocasiones donde el intérprete no tuvo el tiempo necesario para preparar una obra. Si comparamos el trabajo que alguien ha hecho para presentar una obra tradicional, como por ejemplo el concierto de Aranjuez, sabemos que el intérprete muy posiblemente ha trabajado arduamente durante años en los pasajes difíciles de la obra, pero ¿cómo se trabaja en el caso de obras de música contemporánea donde a veces solo hay un par de meses de preparación para los estrenos?

Algunas veces hay un par de meses de preparación, pero inclusive hay veces que la pieza se prepara solo unos cuantos días antes del estreno. Obviamente esto no es lo ideal, pero todo depende de la carga de trabajo del intérprete. Hay profesionales que solamente se dedican a estrenar música contemporánea, por lo que presentan decenas de obras nuevas por año, lo que quiere decir que tocan las obras solamente una vez en su vida y luego cambian de repertorio. Pero si te dedicas a estrenar obras contemporáneas, seguramente has desarrollado técnicas para tener la música lista inclusive con muy poco tiempo de preparación.

Aunque esto no solo sucede en la música contemporánea. Pongamos de ejemplo una situación donde un profesional prepara una obra del repertorio tradicional en cuestión de semanas y presenta un concierto con una técnica brillante.

Ahora imaginemos a un estudiante preparando esa misma obra por más de un año y finalmente, después de mucha práctica, presenta la obra en concierto.

En la versión del estudiante podemos escuchar toda la intensidad, el afecto, el tiempo y todas las batallas que esa persona tuvo que librar para poder presentar la obra. Esto muchas veces da la sensación de que el estudiante que le dedicó un año a la obra ofreció una mejor interpretación que el profesional de técnica impecable.

Aunque técnicamente la obra pueda estar en el límite superior de las habilidades del estudiante, el resultado emocional y el impacto de la obra pueden llegar a ser más grandes que los del profesional.

De todas las obras de música que has estrenado: piezas para guitarra sola, música para ensamble, obras para guitarra solista y orquesta, ¿hay alguna que recuerdes que haya sido particularmente difícil por alguna razón?

En una ocasión tuve la oportunidad de estrenar un concierto para guitarra de un joven compositor finlandés, donde en un principio la obra no estaba pensada para que yo fuera el solista, sino otro guitarrista que abandonó el proyecto poco antes del estreno. Fui llamado de último momento para tocarla, tal vez con no más de un mes de anticipación, y me encontré con una pieza complicada, con una serie de dificultades propias de la música contemporánea. Algo así como la música de Helmut Lachenmann, pero en esteroides.

Durante la preparación de esta obra, que tiene una duración cercana a los 30 minutos y donde tuve no más de treinta días para prepararla, me pregunté algunas veces: ¿es esto siquiera posible? Pero logré estrenar la obra, después la interpreté tres o cuatro veces en diferentes conciertos y finalmente hicimos una grabación. Se puede encontrar en Youtube como 'confluence, divergence' de Sebastian Hilli.

Platícanos un poco de tu otro concierto, 'Andalusian Panzerwagen Jazz' y la experiencia de tocarlo con la Orquesta Barroca de Finlandia (FIBO, por sus siglas en inglés).

Tuvimos un tour con la FIBO en diferentes festivales de música antigua y la audiencia iba con la idea de escuchar Bach, Vivaldi, Bocherini, por lo tanto, las personas no esperaban escuchar música contemporánea en ninguna forma. Por supuesto, se tocó algo de Bocherini, Baguer y Haydn, pero también presentamos el 'Andalusian Panzerwagen Jazz'. Algunas personas ponían cara de “esto no debería de estar aquí” y otras estaban realmente entusiasmadas de que se les ofreciera algo que no esperaban.

Ese era el punto exactamente. Para mí es más interesante mezclar distintos estilos musicales que tener solo música contemporánea en un mismo programa. Por supuesto, no siempre se hace esto, depende del lugar y de cada evento. Pero en general me gusta que la gente escuche algo fácil de recordar, luego presentarles algo inesperado y que después la audiencia encuentre las diferentes conexiones y puentes entre la música.

¿Cuál es tu fuente de creatividad o tu inspiración para hacer cosas nuevas?

La creatividad es algo que puedes cultivar, un poco como lo es la curiosidad. Sin embargo, la creatividad y la curiosidad pueden ser fácilmente ahuyentadas por el estrés y el cansancio de estar muy ocupado. Ambas necesitan un poco de aire en tu agenda. Creo que mis mejores ideas de interpretación o de creatividad han llegado cuando estoy caminando o haciendo algo de ejercicio. De alguna manera, algunas cosas se combinan en mi cerebro cuando hago actividad física y de repente llegan las buenas ideas: “esto podría ser interesante, deja de intentar recordarla para cuando llegue a casa”.

El filósofo Immanuel Kant e incluso los desarrolladores en Silicon Valley en la actualidad pasan varias horas al día haciendo “caminatas pensantes” en la naturaleza; ahí es donde el pensamiento creativo muchas veces suele suceder.

A lo mejor no tengo un apartado en mi agenda que diga “esta media hora voy a activamente pensar en crear algún proyecto nuevo”, aunque sí hago meditación, pero ahí la idea es estar en silencio y no pensar.

Por supuesto, una vez que ya tengo un proyecto empezado, ahora sí es momento de sentarme a aterrizar las ideas de qué necesito y cómo es que voy a llevarlo a cabo.

Lo que sí pienso que mata toda la creatividad es pasar demasiado tiempo viendo la pantalla de nuestros teléfonos. Creo que es porque nos convertimos en recipientes; solo recibimos cosas de otras personas hacia dentro de nosotros. Y los seres humanos necesitamos aburrimiento y momentos donde podamos escuchar nuestras propias ideas. Si pasamos demasiado tiempo escuchando las ideas de otros, jamás tendremos oportunidad de saber qué está pasando dentro de nosotros.

¿Qué consejo le darías a los jóvenes estudiantes que en la actualidad quieren dedicarse a la música clásica?

Creo que no soy la persona adecuada para dar consejos de vida. Siempre fui el tipo de persona que se esforzaba mucho para lograr cosas, pero no pensaba demasiado en el futuro; solo tenía la ingenua idea de que algo bueno iba a pasar y que algo bueno eventualmente iba a llegar.

Pero alguien que podría dar buenos consejos sobre la vida profunda o deep life, es el escritor norteamericano Cal Newport, quien además de ser escritor es profesor y doctorado en informática. En sus libros habla de cómo optimizar la productividad y cómo construir una profesión. El autor tiene ideas muy interesantes de cómo debemos honestamente establecer cosas que realmente son importantes para nosotros y qué decisiones necesitaremos tomar si queremos llegar al lugar en el que seremos realmente felices cuando tengamos 40 o 50 años de edad.

Pero como dije, yo no soy bueno dando este tipo de consejos. Yo no tenía un plan. Solo era el tipo que estaba interesado en tocar su guitarra todo el tiempo y descubrir cosas nuevas.

En la actualidad, ya no es tan novedoso que la música clásica tenga inserciones de tecnología o electrónica, pero ¿has tenido alguna experiencia de trabajo con alguna inteligencia artificial o te interesaría hacerlo?

Lo más interesante que he encontrado sobre las inteligencias artificiales es que no hay pruebas de que sean creativas. Por lo general te dan respuestas basadas en “lo más probable”, por lo tanto, en la mayoría de los casos, te dan una respuesta media y no algo inesperado. Por esto creo que lo más creativo que yo podría hacer con una IA sería usarla incorrectamente; pedirle hacer cosas que sé de antemano que no podrá hacer. Así, a lo mejor, el resultado podría ser sorpresivo e interesante.

De momento, es decir, hasta el día de esta entrevista, no he visto ni he escuchado algo musicalmente interesante generado por una inteligencia artificial.

Las IA son muy eficientes para hacer muzak; música genérica que se utiliza de fondo ambiental en los ascensores y centros comerciales. Esa música sí que se puede hacer desde una app en tan solo unos segundos, pero para mi gusto, eso no es interesante para colaborar.

¿Qué puede hacer un guitarrista o músico clásico para mantenerse relevante en la escena musical actual?

Lo afortunado y a la vez lo complicado de la música clásica es que necesita una capacidad de atención mayor de lo que vemos actualmente. Ese margen de 6 segundos que tiene un video en las redes sociales para captar la atención de la audiencia definitivamente no es suficiente en la música clásica, donde a veces necesitas hasta 6 minutos para que algo interesante empiece a suceder.

En este sentido sí es un reto mantener la concentración de la audiencia en un concierto de música clásica, pero quiero ser optimista en que esta situación en la que estamos como sociedad no va a ser permanente; que como especie no estamos evolucionando en esa dirección de cada vez dedicar menos atención a las cosas que nos rodean.

Cada vez encontramos que más personas buscan regresar a lo tangible, a lo real, incluso a lo low-tech y aquí es donde la música clásica vuelve a ser relevante, porque con solo darnos la oportunidad de escuchar atentamente, la música nos ofrece una experiencia verdaderamente profunda y emocional.

En cuanto a la guitarra clásica, una de sus cualidades es que su sonido puede seducirte en tan solo tres segundos. Si escuchas tres notas en otro instrumento, como en un piano, a lo mejor, no es lo mismo. El sonido de las notas, de la guitarra clásica, instantáneamente ofrece emociones profundas que conmueven a las personas que la escuchan.

En mi experiencia, mi proyecto “small creatures: a musical bestiary” ha sido algo que me ha provocado mucha esperanza, porque empezó como una serie de pequeñas composiciones contemporáneas para guitarra y ha ido creciendo. Hoy cuenta con un folleto con ilustraciones sobre los pequeños animales que inspiran las piezas del álbum.

Este proyecto se presenta en ocasiones en escuelas para las infancias. Mientras las niñas y los niños leen y ven los dibujos, el sonido de la guitarra evoca la imaginación en los pequeños y los hace interesarse por la música clásica. Para una niña o un niño no es importante si la música es clásica, moderna, complicada o contemporánea. Para ellos lo único importante es disfrutar la música.

Con este proyecto he tenido la oportunidad de ver, muchas veces, cómo se despierta la imaginación y el interés infantil al escuchar esta música llena de ruidos extraños, conectados con historias de animales.

¿Qué proyecto vienen para el 2026? Supe que hay algo de guitarra eléctrica y otras cosas novedosas en tus próximos conciertos.

Tengo varios proyectos en el horno; vienen varias piezas para guitarra clásica sola, algunas otras para guitarra eléctrica y ensambles de cámara, así como un par de conciertos para orquesta y guitarra solista. También tengo pensado grabar un álbum de piezas en una guitarra microtonal, donde algunas de las piezas serán composiciones contemporáneas, pero también habrá piezas del periodo renacentista y del barroco.

Algo muy interesante y novedoso para mí fue que, en mayo pasado, inesperadamente, recibí una llamada del ícono del rock finlandés Tuomari Nurmio. Sus primeras grabaciones son de los años 70 y son toda una leyenda en la música de blues y rock. Algo así como una amalgama finlandesa entre Bob Dylan y Tom Waits. Incluso ha recibido premios de literatura por las letras de sus canciones…

¿Y qué dijo?

Que formáramos una banda. Por supuesto, dije que sí. Aunque todavía se siente como si fuese un sueño, porque su música forma parte del soundtrack de mi juventud y él es toda una personalidad de la música finlandesa. Hablamos de hacer una pequeña gira por tres ciudades: Helsinki, Tampere, Turku. Incluso ya hemos hablado de qué canciones vamos a interpretar y quiénes nos van a acompañar en la gira.

Esto me tiene muy contento y emocionado. Tuomari Nurmio pudo haberle hablado al mejor guitarrista de rock-blues del país, pero ¿por qué me habló a mí? No lo sé, posiblemente tiene algo que ver con esto de hacer un giro inesperado colaborando con un guitarrista clásico que le gusta hacer cosas originales y creativas.

¿Qué es lo que más te gusta de ser guitarrista?

Sin duda lo que más me gusta es el tacto de la guitarra. En ningún caso podría ser un director de orquesta, por ejemplo, porque disfruto supremamente el sentir de las yemas de mis dedos sobre las cuerdas de nylon de una guitarra clásica y su reacción al tacto físico.

Cuéntanos de lo que sientes, cuando te subes a un escenario, ¿qué es lo que más te gusta de un concierto?

Si somos afortunados, esa sensación que mencioné sobre disfrutar el tacto de la guitarra sucede tanto en el estudio practicando como en los conciertos. Porque en un concierto las cosas son algo diferentes; ahí la idea es estar calmado y concentrado. En un concierto se trata de lograr las mejores circunstancias posibles, de hacer bien las cosas sobre las que sí tenemos influencia. Sólo entonces habrá posibilidad de que la magia suceda con tu guitarra.

Mis conciertos verdaderamente memorables no necesariamente están conectados con las salas de conciertos de alto perfil o de alto prestigio. Muchas veces disfruto más los conciertos íntimos, de ensambles pequeños o incluso los conciertos escolares.

A veces la comunicación y conexión con la audiencia son más importantes que la infraestructura que te rodea en una sala. Un buen concierto se recuerda por ese instantáneo momento en que logras hacer una comunidad entre tú como artista y las personas en la sala.

¿Te sientes pleno y realizado como intérprete y como maestro de guitarra?

Me siento plenamente feliz y realizado. Tengo la fortuna de poder enseñar guitarra en la Academia Sibelius, de tener una carrera internacional con conciertos, de grabar CDs, de hacer música de cámara con gente maravillosa, de hacer música con artistas visuales, con escritores, en teatros… Por si fuera poco, además puedo pagar la hipoteca de mi casa y disfrutar del tiempo con mi familia.

Como maestro es muy remunerador y valioso poder ayudar a pequeños aprendices, pero también a adultos profesionales. No estoy interesado en clonarme musicalmente con mis alumnos, al contrario, me gusta cuando mis alumnos están en desacuerdo conmigo y tienen una idea original que puedan debatir. Me interesa conocer el pasado y la experiencia de mis alumnos, para así saber cómo ayudarlos en el porvenir de su camino artístico. Eso me llena de satisfacción y además, aprendo mucho.

¿Algo que no te guste de tu vida profesional?

No me gusta tener una vida demasiado ocupada, vivir apurado y no tener tiempo suficiente para preparar el repertorio. No me gusta ser el músico que solo ejecuta la música y no la interpreta. Es extenuante y muy poco inspirador. Al contrario, trato de mantenerme enfocado en cosas que sí son verdaderamente importantes e interesantes para mí. Así puedo dedicarle el tiempo y la atención que cada proyecto necesita.

¿Aún te sientes emocionado y/o un poco ansioso antes de los conciertos?

Por supuesto. Si no te pones un poco nervioso, el concierto no será bueno. Es una reacción normal del cuerpo diciéndonos que eso que está por suceder es importante. Pienso que es una cuestión evolutiva, de que en la prehistoria, el sentirse observado por gente desconocida, fuera de tu tribu, significaba peligro.

Pero es una forma de energía y de adrenalina que puede ser muy positiva en algunas situaciones. Por eso en el escenario pueden suceder cosas que jamás lograrías en otras circunstancias. Solo hay que encontrar las maneras de no obstruir con esas emociones.

De cualquier manera, cada concierto es como una perla. Pase lo que pase, si el concierto va fantástico o no, mañana habrá otra perla y el viaje continúa. La idea es que perla tras perla, o concierto tras concierto, vayamos formando un collar de momentos emocionantes al lado de nuestra guitarra.