Akira Kurosawa es uno de los directores más legendarios de toda la historia del cine. Tal vez no sea tan conocido por el gran público, pero su influencia en generaciones de cineastas es imposible de negar. En 1961 estrenó una de sus películas más aclamadas: Yojimbo. Esta obra se convirtió en un hito dentro de su filmografía y, con el tiempo, en una pieza para analizar el cruce cultural entre Oriente y Occidente.

En Yojimbo puede percibirse la huella de los westerns norteamericanos, especialmente los de John Ford, un director que Kurosawa admiraba. Hay una forma de filmar los enfrentamientos con espadas, y los escenarios en los que ocurren, análoga a cómo en Hollywood retrataban los duelos con revólveres entre vaqueros. Por eso no resulta extraño que otro creador de westerns se sintiera atraído por la película. Estamos hablando de nada más y nada menos que Sergio Leone, pocos años después, popularizó el subgénero conocido como spaghetti-western. Su irrupción en el cine europeo revolucionaría la forma de entender el western, pero también abriría un debate sobre los límites entre inspiración y plagio.

Yojimbo cuenta la historia de un rōnin, o sea, un samurái que ha perdido a su señor, que llega a un pequeño pueblo. Allí se encuentra con un viejo malhumorado que le ofrece asilo. Además de alojarlo, le advierte que la comunidad está dominada por dos bandas criminales que se disputan el poder. Le recomienda que no se involucre. El protagonista, sin embargo, decide actuar. Con una mezcla de habilidad con la espada e inteligencia estratégica, logra engañar a ambos bandos haciéndoles creer que trabaja para ellos, aunque en realidad su objetivo secreto es destruir a ambos grupos.

En 1964, tres años después, Leone estrena Por un puñado de dólares, que cuenta la historia de un forastero sin nombre que llega a un pueblo del Lejano Oeste dominado por dos bandas rivales. Recibe ayuda y asilo de un viejo malhumorado, que le aconseja mantenerse al margen. El forastero utiliza su astucia y su rapidez y puntería para disparar, para manipular a los dos grupos con la intención de acabar con ambos.

La película lanzó a Clint Eastwood a la fama mundial, inició la Trilogía del Dólar, que siguió con Por unos dólares más (1965) y El bueno, el malo y el feo (1966), y llevó atención a los westerns que estaban siendo producidos en Italia y España, y sus convenciones particulares. Sin embargo, es muy difícil defender a Leone en la acusación de plagio. Al mirar su argumento, las similitudes con la obra de Kurosawa son imposibles de pasar por alto. Reducir el cine únicamente a su historia sería injusto. Una película no se define sólo por su guión, sino también por recursos como el montaje, la puesta en escena y la iluminación, entre otros. Aun así, no se puede ocultar lo evidente: Por un puñado de dólares es un remake no autorizado de Yojimbo. Así como Los infiltrados de Martin Scorsese, es una adaptación de la película hongkonesa Asuntos infernales, pero con la diferencia crucial de que Leone nunca adquirió los derechos.

El parecido no se limita al argumento. Existen detalles muy específicos que conectan ambas películas, como diálogos prácticamente calcados. Kurosawa lo notó y no tardó en expresarlo. Luego de ver Por un puñado de dólares, le envió a Leone una carta con un mensaje breve pero contundente: “He visto su película. Es muy buena. Desafortunadamente, es mi película”. El asunto, como era de esperarse, no terminó con una mera queja epistolar.

El asunto pasó a instancias legales y concluyó con un acuerdo. Kurosawa recibió el 15% de la recaudación internacional de Por un puñado de dólares. Para Leone, aquel acuerdo significó reconocer la deuda creativa, aunque no lo detuvo en su carrera. Al contrario, su película fue un éxito mundial y consolidó el spaghetti western como un fenómeno cultural. Kurosawa, por su parte, obtuvo un reconocimiento económico por la copia, pero también la confirmación de que su influencia trascendía fronteras.

El episodio entre ambos directores plantea una discusión que sigue vigente: ¿dónde termina la inspiración y dónde empieza el plagio? El cine siempre ha sido un arte de préstamos, influencias y diálogos entre sujetos y culturas. Leone transformó el relato de un espadachín en el de un pistolero, trasladando la esencia de Japón feudal al polvoriento desierto del Lejano Oeste. Cambiando las sensibilidades netamente japonesas, que responden a su historia y sus costumbres, por las sensibilidades de un italiano influenciado tanto por el cine japonés como por el cine de Hollywood. Aunque esa transformación no borra el hecho de que la similitud de base narrativa y personajes requería un permiso previo.

Al final, este cruce tuvo una conclusión feliz: Kurosawa pudo retribuir la influencia que recibió de cineastas como John Ford, obtuvo reconocimiento y más dinero por la distribución de Por un puñado de dólares del que jamás recibió por Yojimbo, Leone logró catapultar el spaghetti western, y nosotros podemos disfrutar de dos grandes películas que, a pesar de sus similitudes, ofrecen experiencias distintas. Este duelo entre samuráis y pistoleros nos recuerda que el cine es un territorio de cruces, tensiones y herencias. Y que, aun en medio de polémicas, las obras que valen la pena terminan trascendiendo.