Después de más de cuatro décadas, el canal de música MTV (Music Television) anunció que el 31 de diciembre dejará de producir y emitir su señal para siempre. Para quienes nacimos en los años 80 y 90, es un golpe duro, una sacudida que nos hace replantearnos, una vez más, cómo el mundo se mueve a una velocidad tan acelerada que ya ni pensamos en encender la TV y sentarnos a mirar un video musical de nuestro artista favorito. ¿Por qué? Porque hoy está todo al alcance de un clic en la web, disponible para verlo, inmediatamente cuando queremos.
Ya no existe la espera, la magia ni el deseo que había antes, cuando teníamos que sentarnos frente al televisor y aguardar a que nos mostraran el videoclip de nuestro artista preferido.
Esto va más allá de un canal de televisión que transmitía videos musicales, reality shows, entrevistas con artistas y mucho más. Se termina un movimiento cultural: una forma de sentir y transmitir la música que nos volvía fanáticos de un artista, de un género y de una comunidad. Se pierde ese punto de encuentro colectivo y la curaduría que definía qué era popular para toda una generación.
Recuerdo que, de niña y también de adolescente, volver del colegio implicaba encender la televisión y poner MTV, porque sabía que en algún momento iban a pasar el videoclip de mi canción preferida o de mi artista favorito. Hay que recordar que hace unos 15 años o más, escuchar nuestros temas preferidos todo el tiempo era casi imposible. Solo existía la radio; después llegó el casete, luego los CD y, finalmente, aparecieron los reproductores MP3, que permitían descargar música online de manera masiva. Ese sí fue un gran cambio para la industria musical.
MTV fue muy especial y lo mejor que había en la industria audiovisual. Pasaban los mejores temas musicales, los clásicos que hasta hoy seguimos escuchando, lo último en tendencia, e incluso tenían programas exclusivos para cada género. Era algo increíble: podía pasar horas mirando MTV, aprendiendo música y descubriendo artistas que hoy son mis favoritos. Convirtió los videos musicales en arte y a las estrellas de la música en mitos globales.
MTV no solo mostraba videos, sino que también creaba tendencias y moldeaba íconos. El canal dejó huella en distintas generaciones, como cuando en 1983 se estrenó el histórico videoclip Thriller de Michael Jackson.
Además, se convirtió en un espacio fundamental para movimientos musicales como el grunge, con Smells Like Teen Spirit de Nirvana sonando reiteradamente en los años noventa, y fue escenario de presentaciones íntimas e inolvidables en los MTV Unplugged, donde brillaron artistas como Eric Clapton y Nirvana.
El mundo en cámara rápida
Con la noticia de MTV, vuelve esa sensación de que, si bien el mundo avanza en muchos aspectos, para mejorar, en otros siento que estamos retrocediendo.
En medio de tanta inmediatez, parece que se nos está olvidando vivir y apreciar más el presente, ir más despacio, observar alrededor nuestro y volver a sentir esa emoción por lo no inmediato: saber esperar, ser pacientes y sonreír más.
Soy una persona nostálgica y, a veces, algo romántica. Pero cuando hablo desde el romanticismo, me refiero al punto de vista que nos hace apreciar y valorar las cosas simples. Por ejemplo, recuerdo que en el aeropuerto de mi ciudad, que, si bien es pequeño, es internacional. Pregunté en la tienda si vendían postales. El vendedor me respondió: “No, eso no vendemos. Las postales son algo viejo, ya no se usan más”.
La respuesta me dejó fría. Imagínate, fue hace varios años y aún lo recuerdo porque me marcó. Suena increíble pensar que, si algo es “viejo” o no está de moda, automáticamente deja de servir o se considera obsoleto. Solo pienso en todo lo bello que nos estamos perdiendo al no enviar más cartas, escritas a mano, y postales de los lugares que visitamos.
Si retrocedemos un par de años, nos daremos cuenta de que antes disfrutábamos más la vida, sin tanto apuro ni estrés. Eso sí: creo que no esperábamos que el cambio llegara tan rápido, a una velocidad que nuestros ojos y nuestra mente no alcanzan a procesar. En verdad, nuestro cerebro no está diseñado para el mundo actual en el que vivimos.
La esencia de lo analógico
Nací en los 90 y recuerdo que, de niña, todo llevaba su tiempo. Esto nos obligaba a trabajar la paciencia, a usar la imaginación y a sentir más intensamente las mociones. Era esperar a que tu artista favorito lanzara un nuevo álbum, ir a las disquerías y vivir esa magia de escuchar un pequeño adelanto para decidir si comprabas el disco o no. Todo un arte.
La sensación de comprar música, de poseer el disco e ir armando la biblioteca musical, igual que una biblioteca de libros, pero de música, generaba una satisfacción distinta.
Ni hablar de los casetes, que, a diferencia de los discos vinilos, permitían grabar y rebobinar fácilmente, lo que hacía que la experiencia fuese mucho más interactiva. Y sí, ¿acaso no han vuelto los vinilos? Hay toda una generación que añora esa esencia, ese arte de colocar un disco en el tocadiscos y volver a escuchar música distinta, porque sí, el sonido que emite es diferente.
Pensemos en las películas: primero alquilábamos en VHS y, con el tiempo, todo fue mutando hacia los DVD.
Las películas ya no se miran con la misma emoción que antes. Sabemos que, en algún momento, estarán en una plataforma digital. Ya no existe esa ansiedad ni esas ganas de ir al cine, como cuando se estrenó Titanic, que fue un boom absoluto.
Alquilar películas también era todo un ritual. Primero, había que ser miembro de un videoclub; después, ir con tiempo para buscar tu película favorita, porque podía estar alquilada. Incluso, a veces, el videoclub era un punto de encuentro para muchos, lo que lo convertía en un lugar especial.
La industria fotográfica también fue mutando. De hecho, Kodak presentó su quiebra en el 2012 por ignorar lo digital. Hoy sigue operando, pero con un modelo de negocio diferente: produce y vende productos químicos, soluciones de empleo de materiales y equipos de impresión comercial.
Lo interesante es que, una vez más, estamos volviendo a lo analógico. Así como muchos artistas lanzan sus álbumes en vinilo, cada vez más personas regresan a la fotografía con cámaras de rollo.
La fotografía analógica tiene algo realmente especial y mágico. Requiere observar lo que sucede a nuestro alrededor. Sentir el presente, como si el tiempo se detuviera para capturar la foto perfecta. Se trata de valorar los detalles, porque no queremos malgastar un rollo de 24 o 36 exposiciones.
Luego viene la espera: el revelado. Y aquí aparece lo más interesante; a veces ni recordamos qué fotos sacamos, y nos mata de ansiedad saber si salieron bien o si alguna quedó con mala exposición. Ahí está la magia. Por eso, sacar fotos antes era un tesoro, algo de muchísimo valor. Se armaban álbumes de fotos o también una biblioteca o una videoteca.
Hoy, todo es instantáneo. Sacamos fotos constantemente, casi sin pensarlo. A veces ni siquiera recordamos dónde fue ni por qué la sacamos. Todo queda almacenado en la nube, entre miles de imágenes que a veces no tienen sentido. Esto, de alguna manera, nos quita la posibilidad de apreciar y revivir esos momentos, como sí sucede con una foto impresa que está en un álbum, donde hay una historia detrás.
Aunque MTV apague sus canales musicales, su influencia persistirá para siempre y quedará atrapada en la nostalgia. Su forma de transmitir música era un portal, que modificó la manera de consumir música y cultura, revolucionando la industria musical.
Para muchos, MTV fue un canal de escape, una puerta para descubrir géneros y un lugar donde sentirse parte de una comunidad. Me siento afortunada de poder haberlo vivido, sin dudas me formó musicalmente.
A medida que la tecnología digital se apodera de nuestras vidas, nos sentimos cada vez más atraídos por la tecnología analógica del pasado. Quizás sea una señal de que, en el fondo, necesitamos reconectar con lo humano y lo tangible, con aquello que nos obliga a hacer una pausa. La música despierta emociones, y MTV supo potenciarlo gracias a su lenguaje audiovisual.















