Apolo no pudo vivir sin Dioniso.

(Friedrich Nietzsche, El origen de la tragedia)

Dos obras de la segunda mitad del siglo XIX, escritas por Friedrich Nietzsche y Erwin Rohde, estudiosos de la mitología clásica, tratan de los mitos griegos, deteniéndose en las imágenes de Apolo1 y Dioniso2. Los escritores alemanes tuvieron relaciones cercanas, pese a que, transcurrido alrededor de un cuarto de siglo, en 1887, rompieron su amistad y se distanciaron, habiendo prestado similar atención especializada a las figuras míticas. En el primer caso, fueron reflexiones filosóficas y simbólicas; en tanto que Rohde interpretó histórica y filológicamente las imágenes como parte significativa de las representaciones occidentales y de determinado espíritu sociocultural.

El filósofo de Röcken, Nietzsche, en su obra escrita a los 27 años a principios de la década de los setenta, El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música3, interpretó filosófica, estética y simbólicamente que Apolo y Dioniso constituirían fuerzas culturales opuestas y complementarias de la existencia y el arte. Dioniso es manifestación oculta y secreta de la psique y la condición humana que tiende a presentar solamente lo apolíneo: esto es, lo racional, la luz, la mesura y la individuación. En tanto que a Dioniso, le corresponde lo que queda críptico: lo irracional, la sensualidad, el éxtasis y la vida desbordada.

Por su parte, Erwin Rohde, en su obra de dos volúmenes publicada en 1890 y 1894, Psyche: La idea del alma y la inmortalidad entre los griegos4, enfatizó la dimensión histórica, filológica, ritual y religiosa de las figuras míticas. Identificó las expresiones apolíneas que relievan la forma, la estructura y la mesura; en tanto que lo dionisiaco evidencia la ausencia de razón y la primacía de la pasión y el exceso vital. Afirmó que Dioniso fue un dios extranjero tracio, primitivo, extático y de culto invasivo en la Grecia antigua con componentes culturales orgiásticos y místicos5. El investigador nacido en Hamburgo estudió las formas literarias y poéticas relacionadas con Apolo y Dioniso, identificando descriptiva y culturalmente, tanto la poesía épica apolínea como la lírica dionisíaca.

La cultura occidental, con importantes movimientos desde el Renacimiento y pensadores destacados como Arthur Schopenhauer, Sigmund Freud, Carl Jung, Thomas Mann y Hermann Hesse, ve a Dioniso como la imagen profunda de Apolo. Es el revés; cuyo envés, Apolo, es el dios profeta más importante después de Zeus, su padre. Es interesante cómo el oráculo de Delfos, el ombligo del mundo, no solo explicitaba las profecías apolíneas, sino que fue escenario posterior de cultos dionisiacos. Apolo es asociado con lobos, por criarse en el Monte de los lobos, protector del ganado; ser salvaje y natural con exuberante vitalidad como domesticador de la naturaleza.

Apolo es dios de las bellas artes, presidente del coro de las musas e inspirador de la poesía con lira. Se lo asocia con el Sol; siendo también profeta, aunque su piel inmortal lo hace señor del mal6. Como hermano de Artemis, la cazadora, es arquero que mata lobos y criaturas salvajes; también gobierna las enfermedades y plagas por su conocimiento de pócimas y propiedades medicinales de las hierbas. Es purificador y médico, a quien se recurre ante males desconcertantes e insalubres, desgracias naturales y enfermedades indeseables.

Dioniso tiene triple nacimiento, asociándoselo con la vida que se rehace, la muerte que se supera y los ciclos que giran indefinidamente.

El primer nacimiento de Dioniso es de la mortal Semele y de Zeus, vencedor del tiempo y amo del Olimpo. Semele se relaciona con Semelô (diosa de la tierra). Concibió a Dioniso entre las entrañas de la tierra; las huellas de la emoción, el instinto comprensivo y adivinatorio y la comunicación primitiva. Fiel a la embriaguez de la tierra, Dioniso llevó a su madre ante los dioses olímpicos y rescató a Ariadna del infierno7. Realiza el instinto de la tierra; la vida libre, estética e ilimitada frente a la adversidad; trascendiendo lo terrible, indeseable y extraño; con actitud lúdica y profunda de espíritu erótico. Es el dios joven que une en un todo inefable lo trágico y la belleza como dimensiones de vida que dicen a la existencia.

Dioniso nace, por segunda vez, del muslo de Zeus, lugar corpóreo, erótico, carnal y sensual que explica su embriaguez, gestos, cantos, danza, sexualidad, voluptuosidad y olvido de sí mismo, contra la individuación.

El tercer nacimiento de Dioniso es la metamorfosis que inicia como serpiente que aparece en invierno; después, se convierte en león de primavera y, finalmente, en toro devorado en el solsticio estival. Posteriormente, otra vez, vuelve a ser serpiente y el ciclo se reinicia y continúa8. Sus inmersiones en el mar, luchas de su ejército de sátiros y ménades contra pueblos orientales, indoeuropeos y asiáticos, a veces derrotado; muestran su renovación, recomposición y retorno, asociados con la alegría y el terror, la vida y la muerte, la milicia y el gozo. Sus ritos de entusiasmo, manía y éxtasis se expresan en los misterios eleusinos donde el hierofante y la sacerdotisa yacen para salvar a los iniciados9. Metafóricamente, es la unión de la lluvia del cielo que fecunda la tierra que concibe, preservando la memoria después de la muerte para que el alma reine entre los héroes10.

Mircea Eliade supone que Dioniso y su culto fueron rechazados en Grecia, aunque en la época helenista sus ritos extendidos llegaron a Roma, con gran embriaguez ritual, éxtasis simbólico y fálico. Fue resistido para defender las instituciones de religiosidad olímpica, el estilo de vida, los valores y los misterios de la vida y muerte11. Lo extático de las bacantes, su locura, manía y entusiasmo de eterno deseo de renovación espiritual, embriaguez, erotismo y fecundidad, permitían la llegada de los muertos, la inmersión en la inconsciencia animal y la identificación con Dioniso: "Me he librado del mal y he hallado lo mejor"12.

La anfibología de Apolo no es excepcional en la mitología griega. Es frecuente que las deidades míticas presenten características usualmente calificadas de positivas y benéficas, mostrando simultáneamente semblanzas negativas y malignas. La prolífica producción mítica de la cuna de la civilización occidental creó imágenes ambiguas y ambivalentes de la condición humana y la realidad contradictoria y compleja. En una entidad no se dan solamente determinadas características identificadas excluyentemente como buenas o malas, según escalas axiológicas. Son fuerzas opuestas (creativas y destructivas, benévolas y punitivas) que evidencian la complejidad del ser humano, la sociedad y el mundo.

Los siguientes son ejemplos de la ambigüedad eufórica o disfórica de las deidades míticas griegas13. Zeus exterminó a la humanidad, condenó a tortura eterna a varios dioses, se metamorfoseó para seducir a diosas y mortales —a veces violentamente—, castigó mortalmente con el rayo, y convirtió en piedra a Pandáreo y en tortuga a Chelone por nimiedades. Su hija, Atenea, infligió castigos brutales; participó ferozmente sin piedad en varias batallas y, como su padre, realizó conversiones crueles. Hera protagonizó espantosos actos de venganza por celos; en tanto que otros actos terribles fueron de Artemisa, Hermes y Ares, entre los principales.

La visión ambigua de los dioses griegos es una estrategia cultural de relativismo ético, existencial, social y político con entramados dinámicos y tesituras complejas; alternados con estados temporales, estables y armónicos. El caos, la transformación y la sucesión son designios de flujo cósmico; coexisten y se equilibran transitoria y contingentemente. El maniqueísmo de deidades buenas o malas es ingenuo; concibe a los seres humanos y los acontecimientos de la naturaleza y la sociedad como fuerzas esenciales simples, sin ambivalencia, siendo o creativas o destructivas; o vitales o mortíferas; o conservadoras o renovadoras. El orden cósmico expresa la veleidad de lo impredecible, las paradojas, dilemas e incomprensiones de los dioses que generan resignación, catástrofes, temores, esperanzas o felicidad entre los seres humanos.

Notas

1 Varios son los nombres y epítetos atribuidos a Apolo en los mitos antiguos: Febo (luminoso), Esminteo (portador de la plaga o Apolo rata), Delio (por su nacimiento en Delos), Loxias (complicado o enigmático), Pitio (relacionado con el oráculo de Delfos), Culicarius (que aparta mosquitos), Parnopio (saltamontes), Aphetoros (dios del arco), Argurotoxos (del arco de plata), Arcitenens (que lleva el arco), Licio (matador de lobos), Nomios (vagabundo o pastor), Clario (relacionado con la asignación de tierras) y Arcageta (director, fundador o guía).
2 Varios son los nombres y epítetos atribuidos a Dioniso en las tradiciones y regiones de la Antigüedad: Baco (nombre romano), Bromio (el que brama o atronador), Dendritas (el de los árboles), Eleuterio y Lisio (libertador), Acratóforo (dador del vino sin mezclar), Basareo o Básaro (cubierto con piel de zorro), Ditirambo (relacionado con canciones en festivales), Egóbolo (matador de cabras), Eneo (relacionado con la prensa de vino), Faleno (relacionado con la fecundidad), Hierofante (sacerdote del culto), Licnito (relacionado con la fertilidad y los cultos mistéricos), Lieo (el que desata), Omadio (que come carne cruda), Pericionio (rodeado de columnas), Sucites (protector de las higueras), Yaco o Íaco (relacionado con los misterios eleusinos) y Zagreo (niño-dios despedazado según un mito órfico).
3 Traducción, introducción y notas de Andrés Sánchez Pascual. Editorial Alianza, Madrid, 2012. El título de la obra original de 1872 (Die Geburt der Tragödie aus dem Geiste der Musike, editorial Ernst Schmeitzner de Leipzig) fue cambiado por Nietzsche en la edición de 1886, siendo la obra traducida posteriormente como: El origen de la tragedia o Grecia y el pesimismo.
4 Cf. la traducción de Wenceslao Roces, del Fondo de Cultura Económica, México, 2006.
5 Mircea Eliade dice que, según Walter Otto, Dioniso habría sido un dios panhelénico arcaico. Cf. Historia de las creencias y de las ideas religiosas. Tomo I: "De la pre-historia a los misterios de Eleusis". Trad. José Valiente Malla. Ediciones Cristiandad. Madrid, 1978, pp. 216 ss. La obra de Walter Friedrich Gustav Hermann Otto que trata el tema es: Dionysos, der Gott der Griechen, publicada en Frankfurt en 1933.
6 Varias fuentes, por ejemplo, de Homero y Hesíodo, muestran a Apolo como señor del mal: vengador, hacedor de plagas y enfermedades, calamidades y castigos divinos severos. Aplastó la soberbia de Niobe matando a sus hijos y escarmentó al sátiro Marsias por desafiarlo a un duelo musical. Es dios de la justicia divina implacable, muerte súbita y destrucción, temido incluso por los dioses. Véase los primeros versos de la obra de Hesíodo, Teogonía, donde dice que hiere de lejos. Trad. Aurelio Pérez Jiménez & Alfonso Martínez Díez, Gredos, Madrid, 1978. En el verso 43 y siguientes del primer canto de La Ilíada, Homero dice que Apolo provocó males letales y plagas al campamento aqueo porque Agamenón despreció a Crises. Trad. Luis Segalá y Estalella, Gredos, Madrid, 1997, pp. 41 ss.
7 Mircea Eliade, Op. Cit. Tomo II: “De Gautama Buda al triunfo del cristianismo”, pp. 276 ss.
8 Cf. Robert Graves, Los mitos griegos: Dioses y héroes. Trad. José Bianco, Losada. Buenos Aires, 1967. Primer volumen, pp. 120 ss.
9 Entusiasmo (del griego ἐνθουσιασμός, enthousiasmós) significa "estar inspirado por algún dios". Las palabras ἐν (en, dentro) y θεός (theós, dios) refieren "tener un dios dentro". Manía (μανία) indica locura, esquizofrenia y furia inspirada. Se relaciona con μαινόμαι que significa estar loco o estar furioso. Éxtasis (ἔκστασις, ékstasis) significa estar fuera de uno mismo. Formada por ἐκ (ek, fuera de) e ἵστημι (hístēmi, hacer firme estar, parar) refiere un estado de trance o arrobamiento anormal. Iniciados (μύστης, mýstēs) significa "el que cierra los ojos" o " iniciado en misterios sagrados". Relacionada con μύω (mýō) que es "cerrar", alude a la ceremonia de iniciación oculta. Cf. Diccionario griego-español ilustrado, Rufo Mendizábal et alii, Razón y fe, Madrid, 1963.
10 Los mitos griegos: Dioses y héroes, Op. Cit., pp. 119, 309 ss.
11 Ídem, pp. 376-7.
12 Mircea Eliade, Op. Cit. Tomo I: "De la pre-historia a los misterios de Eleusis", p. 383.
13 Eufórico proviene del griego εὐ- (que significa bien) y φορος (phoros) que deriva del verbo φέρω (pherein) que refiere llevar o soportar. Eufórico dícese de quien porta algo con fuerza generando bienestar. La semiótica de las deidades evidencia el estado de exaltación, júbilo, alegría o poder positivo que impulsa la vida, la energía y la vitalidad. Una deidad eufórica expresa entusiasmo (posesión divina con inspiración, creación y felicidad). Disfórico es lo contrario a eufórico. Su raíz griega proviene de δυσ (dys) que significa malo, difícil y con dificultad; y φορος. Dícese disfórico de un estado de malestar, insatisfacción, tristeza, ansiedad o angustia. Una deidad disfórica expresa fuerzas negativas o perturbadoras, con sufrimiento, conflicto, malestar y desazón. Dioses de características semióticas eufóricas y disfóricas tienen, simultáneamente, energía positiva y creativa; además de rasgos crípticos oscuros o destructivos. Cf. Algirdas Julien Greimas & Joseph Courtés, Semiótica: Diccionario razonado de la teoría del lenguaje. Trad. Enrique Ballón Aguirre, Gredos, Madrid, 1990. También, la obra citada: Diccionario griego-español ilustrado.