La obra de Michele Angelo Merisi, Caravaggio (1571-1610), se caracteriza por su uso extremo del chiaroscuro o tenebrismo y la aplicación de iluminación diagonal que emerge de fondos oscuros, permitiéndole crear un realismo crudo, dinámico y teatral. Humaniza lo sagrado mediante el uso de personas comunes y corrientes como modelos. La de Johannes Vermeer (1632-1675), por el contrario, puede definirse por la maestría inigualable en el manejo de la luz para crear atmósferas de enorme quietud, íntimas, serenas y cotidianas, absolutamente realistas, de colores brillantes y composición geométrica perfecta.

Aunque no existe registro alguno que confirme que Vermeer conoció la obra y fue influenciado directamente por Caravaggio, muchos aceptan que sus primeras obras se inspiraron en pintores caravaggistas (seguidores del estilo de Caravaggio) de Ámsterdam y Utrecht, tales como Hendrik Ter Brughen (1588-1629) y Gerrit van Hornthorst (1592-1656), quienes introdujeron el tenebrismo en los Países Bajos.

Henricus Antonius "Han" van Meegeren (1889-1947), realizó una pintura “La cena de Emaús” utilizando como modelo la versión de 1606 del mismo nombre realizada por Caravaggio. Esta versión presenta a Jesús barbudo, demacrado y cansado, justo en el momento antes de revelar que es el mesías resucitado. El Jesús de van Meegeren se nota melancólico, etéreo y algo plano. La presenta como una obra perdida de los primeros tiempos de Vermeer. Este óleo, según los entendidos de la época, “conecta” a Caravaggio y Vermeer al fusionar sus estilos distintivos en una única y engañosa obra “maestra”. Van Meegeren adoptó la composición dramática y un tema religioso abordado por Caravaggio tiempo antes, a la vez que imitaba la paleta de colores y la luz típica de Vermeer. Van Meegeren apuntó a una laguna en la biografía artística de Vermeer, sugiriendo un período religioso temprano perdido que mostraba influencia del máximo exponente de la pintura del barroco italiano.

En 1937, Gerard A. Boon (1882-1962), respetado político progresista, amigo de van Meegeren, y actuando supuestamente en representación de una “familia holandesa” presentó la pintura a Abraham Bredius (1855-1946), reconocido historiador y crítico de arte holandés, quien en 1899 había identificado una obra temprana de Vermeer, en gran formato, compleja y simbólica, representando el triunfo de la iglesia católica durante una época de culto restringido en Holanda, “Alegría de la fe católica”, que había sido pintada entre 1670 y 1672. Comenzando el siglo 20, también confirmaría otras dos obras de Vermeer, “Cristo en Casa de María y Marta” y “Diana y sus compañeras” ambas pintadas a mediados de 1950. En 1906, también descubriría y atribuiría al holandés un pequeño óleo, “Joven con Flauta”. Aunque aún con ciertas dudas, esta última ha sido descartada en 2022 como original de Vermeer.

Treinta años más tarde, a sus 82, Bredius volvía a estar frente a un auténtico Vermeer, “¡Sin lugar a dudas!”, calificándola de obra maestra en un artículo escrito para The Burlington Magazine. Apenas vio el cuadro, le escribió una nota a Dirk Hannema (1895-1984), director del Museo Boijmans de Róterdam, “Estoy en estado de ansiedad, en éxtasis. Tengo frente a mí un Vermeer … ningún otro conocedor lo ha visto aún”. Eventualmente, algunos expertos expresarían sus dudas debido a ciertas inconsistencias estilísticas con los Vermeers conocidos. Bredius, agregaría, “Creo que la obra pertenece a su etapa temprana, de los mismos tiempos, quizás algo después, de la bien conocida “Cristo en la casa de María y Marta”.

Considerándola una obra "temprana", periodo poco conocido del pintor holandés, algunos escépticos terminarían por aceptarla. Van Meegeren inventó la historia de la familia que poseía la obra y contactó a Boon, pidiéndole no ser nombrado durante las negociaciones con Bredius y posibles compradores.

Van Meegeren utilizó un lienzo del siglo XVII para esta obra. En ella, al igual que en otras falsificaciones, incorporó fenol formaldehído (baquelita) a la pintura para endurecerla, dando la impresión de tener siglos de antigüedad. Las pinturas también las mezcló con aceite de lila para evitar que los colores se desvanecieran o amarillearan debido al calor. Una vez terminada la obra, la horneaba a una temperatura entre 100 °C y 120 °C para endurecerla y, a continuación, pasaba un cilindro por encima para crear un efecto craquelado convincente. Posteriormente, lavaba la pintura con tinta china, rellenando las grietas con tinta negra para simular envejecimiento. Estuvo experimentando unos seis años para perfeccionar esta técnica.

Con la firme intención de mantener a “Emaús …” en Holanda, el Boijmans, gracias al apoyo de algunos financistas, y el propio Bredius, la compraría por el equivalente a varios millones de dólares de hoy.

Hannema organizaría una exposición para presentar “Emaús...” al público, en la que se mostrarían diversas obras de Vermeer, junto con piezas de otros artistas influenciados por él o que compartían estilos similares. “Emaús …” era la estrella. Van Meegeren visitaría el museo, criticaría la obra, escucharía opiniones de los visitantes, conocedores o no de arte, y se regodearía interiormente al ver cómo su obra era la burla perfecta a los críticos que descartaban las pinturas por él firmadas.

Previamente, van Megeren había realizado un par de obras muy similares a las mejor conocidas de Vermeer. No se había atrevido a pasarlas por originales, por miedo a ser descubierto. La idea de Bredius y otros de que “debían existir obras de Vermeer asociadas al estilo de Caravaggio, a quien debió haber estudiado” le vino como “anillo al dedo”. Aprovechando el éxito de “Emaús…”, realizaría otras obras relativamente similares, las cuales terminaría vendiendo, mediante intermediarios, a otros museos y coleccionistas privados. Produciría 11 Vermeers falsos, un par del holandés Pieter de Hooch (1629-1684), uno del belga Frans Hals (1580-1666) y uno del también holandés Gerard ter Borch (1617-1681), que pasarían desapercibidas por un buen tiempo.

Para los nazis, las naciones europeas más codiciadas eran Francia e Inglaterra. Holanda era apenas “un medio para alcanzar un fin”. Invadir Holanda fue decisión de Hermann Göring (1893-1946), quien quería utilizar sus aeródromos como bases de lanzamiento para atacar Inglaterra. El comandante militar más poderoso del Partido Nazi, segundo al mando, se había consolidado como importante coleccionista de arte. Se jactaba de poseer la mayor colección privada de arte de Europa. El saqueo organizado de obras de arte en los territorios europeos conquistados era estrategia del Partido Nazi, y Göring era uno de sus principales impulsores.

Con el dinero robado a muchos, especialmente a judíos, era común que “negociantes” afiliados a jerarcas nazis como Adolf Hitler (1889-1945) o Göring se aprovecharan de la desesperante situación promovida por la guerra, para “comprar” obras de arte, a precios “de gallina flaca”. Una manera de hacer “legal” transacciones dudosas que en tiempos de paz no habrían sido posibles. Para la mayoría de los pobladores, la ocupación sumió al país en un estado de desesperación, era una trampa mortal. Casi todos parecían tener una soga al cuello, y a medida que pasaba el tiempo, el nudo apretaba más y más.

Pocos holandeses podían sobrevivir a la escasez y las atrocidades promovidas por los nazis; Van Meegeren se contaba entre ellos. Para 1942, uno de sus “Vermeers”, “Cristo y la adultera”, quizás la menos lograda de sus falsificaciones, pasaría a la colección personal de Göring, gracias al intermedio del banquero y negociante nazi Alois Miedl (1903-1970). Göring cambiaría unas 137 obras saqueadas por él y sus agentes, por el supuesto Vermeer. Su reventa le generaría una fortuna a Van Meegeren, al igual que el dinero generado por sus otras falsificaciones, y algún que otro retrato hecho por él, a ciertos miembros de clase alta.

Finalizada la guerra en 1945, las fuerzas aliadas encontraron tesoros artísticos escondidos en unos cincuenta y tantos lugares de Alemania. Göring había sido apresado y su esposa Emma “Emmy” (1893-1973) se había refugiado en una de sus propiedades en Zell am See, en Austria. Hasta aquí llegaría personal de la Sección de Monumentos, Bellas Artes y Archivos, encontrando entre varias obras maestras, al preciado “Vermeer”, “Cristo y la adúltera”.

Ya liberados del yugo nazi, los Países Bajos iniciaron una amplia investigación conocida como “Jurisdicción Especial”, dirigida contra poco más de 400 mil personas sospechosas de colaborar con los invasores. Entre 1945 y principios de los 1950s, más de 65 mil personas fueron juzgadas y unos 150 mil recibieron diversas formas de castigo, incluidas penas de prisión y hasta ejecuciones.

Joop Piller (1914-1998) fue un combatiente judío, miembro de la resistencia. Finalizada la ocupación, ayudaría a localizar a muchos de aquellos holandeses colaboradores nazis. Investigando las acciones de Miedl durante la guerra, lo llevaría a la pista de Van Megeren. Estos dos personajes habían estado en connivencia durante aquellos tiempos. Aunque Miedl desapareció súbitamente, sus archivos estaban impecablemente organizados. El falsificador, sin trabajo conocido, había vivido en estilo. Los archivos de Miedl lo conectaban a Göring, gracias a la transacción de un Vermeer. ¿Cómo lo había obtenido? La vaga respuesta era que “una familia conocida caída en desgracia había utilizado sus servicios” y éste los de Miedl. Por semanas estuvo Piller presionando por explicaciones convincentes, sin resultado.

Eventualmente, y gracias a un artículo de prensa, Piller se enteró de que, en 1942, Van Meegeren había publicado un libro algo extravagante, “Teekeningen 1” (Dibujos 1), algo escabroso, con dibujos suyos, acompañados de poemas del poeta y autor holandés, activo colaborador nazi, Martien Beversluis (1894-1966). La carátula muestra los colores nazis, negro y rojo, con letras en dorado. En página interior, una dedicatoria “Dem geliebten Führer in dankbarer Anerkennung gewidmet von Han van Meegeren” (A mi amado Führer en agradecido homenaje, Han van Meegeren). El libro estaba en la biblioteca personal de Hitler.

Al día siguiente, en medio de una acalorada entrevista por parte de Piller y dos colegas, Van Megeren no aguantó más, gritándoles: “¡Idiotas! … ¿Ustedes piensan que yo le vendí un Vermeer al gordo Göring? Ese no es un Vermeer. ¡Yo fui quien lo pintó! … Yo pinté otros Vermeer, y un par de De Hoochs. … ¡y el Emaus en el Boijmans es mío también!”.

¿Cómo era posible? ¿La obra maestra de Vermeer? En visible conmoción, Piller y los suyos no daban crédito a lo escuchado. Contactaron a Hannema y expertos. ¡Aquella obra exquisita había sido certificada por los más destacados conocedores de arte! “… Van Megeren debe tener una mente retorcida y fantasiosa y enorme envidia a los museos…”, habría dicho Hannema. El engaño era tan profundo que muchos expertos se negaron a creerle, ya que significaba admitir que sus propias reputaciones estaban basadas en una mentira.

Fue entonces llevado a juicio por traición, enfrentando la pena de muerte, al haber vendido parte del patrimonio cultural holandés a Göring. Acusación que lograría revertir. Para probar sus afirmaciones, el tribunal ordenó a Van Meegeren pintar una nueva falsificación en presencia de testigos. Crearía “Jesús entre los Doctores” bajo supervisión.

Los cargos serían cambiados de “traición” a “falsificación y fraude”. Lo declararían culpable el 29 de octubre de 1947, condenándolo a un año de prisión. Fallecería de un ataque al corazón el 30 de diciembre de 1947, antes de ser encarcelado.

Durante el juicio contra Van Meegeren, llamaron a declarar a un agente inmobiliario que había ayudado al falsificador a vender un De Hooch y tres Vermeer entre 1941 y 1942. Este declaró ante el juez y el jurado que no tenía conocimientos de arte. Cuando Van Meegeren lo reclutó, también le comentó su ignorancia. El fraudulento pintor le habría dicho: “No te preocupes, las personas con las que vas a negociar tampoco saben nada”.

Referencias

Dolnick, E. 2008. The Forger’s Spell. A true story of Vermeer, Nazis, and the Greatest Art Hoax of the Twentieth Century. New York: HarperCollins Publishers. 349 pp.
Han van Meegeren’s Fake Vermeers. En: Essential Vermeer 5.0.
Keazor, H. 2018. Six degrees of separation. The Foax as More (pp 11-40). in: Becker, D., Fischer, A., & Schmitz, Y. (Eds.), Faking, forging, counterfeiting: discredited practices at the margins of mimesis. Bielefeld: 2018 transcript Verlag.
Lopez, J. 2009. The Man Who Made Vermeers: Unvarnishing the Legend of Master Forger Han van Meegeren. Boston: Mariner Books. 352 pp.