El relato único crea estereotipos, y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Convierte un relato en el único relato.

(Chimamanda Ngozi Adichie)

El carácter mágico y espiritual de la vida no es algo precisamente extraño para alguien originario de Latinoamérica, pero poner un pie en el mercado de fetiches de Akodessewa, Togo, lleva ese limitado y casi inconsciente imaginario colectivo a niveles insospechados.

Estar rodeado de cráneos, huesos, cuerpos y diferentes partes de animales disecados, así como de todo tipo de amuletos y talismanes, en un aire de total normalidad, con niños correteando alrededor e, incluso, a cargo de algunos de los puestos, produce una sensación de asombro y de incertidumbre no apta para el ojo occidental más sensible, pero sí para el más curioso.

Y es que la imagen más común que nos viene a la mente al pensar en prácticas de vudú se resume en muñecos atravesados por alfileres usados para provocar el mal ajeno o cobrar venganza. Una imagen sesgada y distorsionada que nos ha llegado a raíz de la colonización, el cristianismo, la literatura y el cine.

Originario de África Occidental (Benín, Togo y algunas zonas de Nigeria y Ghana) y con estimaciones de más de 40 millones de practicantes en todo el mundo, el vudú (o vodun) se refiere tanto a la práctica y el conocimiento religioso como al conjunto de divinidades y espíritus involucrados en ella. El término proviene de la lengua fon de Benín y significa literalmente “espíritu”, “alma” o “energía vital”. Es considerada una de las formas religiosas más antiguas del mundo y se ha desarrollado con elementos de corte animista, politeísta y mágico. Con una estructura y una jerarquía bien delimitadas, se establece como una cosmovisión muchísimo más profunda y esencial de lo que podríamos imaginar.

Se pueden destacar aspectos muy interesantes, como que su deidad principal, Mawu-Lisa, representa las categorías de lo femenino y lo masculino simultáneamente, pero que no suelen usarse representaciones físicas de esta o que en sus ceremonias hacen uso de la música con tambores, la danza, los sacrificios animales o las posesiones.

Uno de los aspectos que resulta más llamativo (y que explica en cierta medida la visión actual que se tiene de esta religión) es que, al ser animista, concibe que todos los elementos naturales están dotados de espíritu o alma (los ríos, las rocas, los árboles), e incluso objetos cotidianos pueden ser una representación simbólica de los espíritus.

Los llamados “fetiches” son los talismanes propios del vudú: estatuas, animales disecados, figuras o muñecos pueden representar o poseer energía de un espíritu determinado y se usan generalmente en rituales y ceremonias. Hay que señalar aquí que, en su mayoría, estas ceremonias, rituales u ofrendas, son de tipo medicinal o de petición y agradecimiento de la buena suerte, la curación o la fortuna. Las lleva a cabo una especie de sacerdote (houngan) o sacerdotisa (manbo), que son considerados intermediarios entre el mundo de los dioses y el mundo terrenal.

De hecho, durante mi visita al mercado, dentro de las cosas que nos comentaron tanto el guía como posteriormente el sacerdote con el que pudimos conversar brevemente, fue que, además de que es el mercado más grande de su tipo en el mundo, la mayoría de los objetos y animales disecados que están a la vista suelen usarse para curar enfermedades y dolencias. Así, ciertas partes de animales molidas, bebidas o aplicadas en la piel pueden ayudar a curar desde el asma hasta problemas sexuales. Lo que nos dice que este lugar se puede entender como una suerte de farmacia ancestral a la que acuden fieles de diversos lugares.

Con la llegada del cristianismo a la zona, a partir del siglo XVI, el vudú fue juzgado y tildado de magia negra o brujería, comenzando así un legado de incomprensión y demonización. Sin embargo, el vudú (y otras creencias y religiones africanas como la del pueblo yoruba, por ejemplo) fue también evolucionando y asimilando elementos del cristianismo, un proceso de evolución que llegaría a su culmen con el tráfico de esclavos desde esta zona de África hacia las Américas, especialmente en los siglos XIX y XX.

Las religiones y creencias africanas que llegaban con los esclavos y el cristianismo europeo ahora se encontraban con el componente indígena americano, en el Caribe en primera instancia, sobre todo de la mano del pueblo taíno, y posteriormente se fue extendiendo al resto de territorios americanos. Fue así como surgieron el vudú haitiano o el de Luisiana, la santería en Cuba o el candomblé en Brasil, algunas de las formas religiosas con raíces africanas más conocidas dentro de la diáspora fruto de esta mezcla de culturas.

Y es dentro de la variante haitiana donde podemos rastrear la influencia más directa que ha dado lugar a la imagen distorsionada que todavía prevalece dentro de la cultura popular. Esto se debe, por un lado, a que dentro de esta existe la figura del bakor, una especie de sacerdote, similar a los houngan y manbo, pero a los que se contrata por obra y a los que se les suelen atribuir prácticas más oscuras y maléficas: las maldiciones, el uso de muñecos o fetiches para provocar el mal ajeno o incluso la creación de “zombis” mediante brebajes.

Por otro lado, el vudú fue denigrado, juzgado e incluso prohibido, llegándose a practicar en secreto, como parte de la estrategia colonial por desacreditar y controlar todas las creencias de origen africano en el “nuevo mundo”. Por lo que no es de extrañar que, en Haití, esta forma religiosa tuviera una relevancia que la llevó hasta el plano político, sirviendo de elemento importante de cohesión social durante su lucha por la independencia del gobierno francés desde finales del siglo XVIII.

En todo este contexto es como aparece retratada esta religión en la literatura de la época y posteriormente en películas y series, dando lugar a la visión reduccionista, incomprendida y oscura que aún persiste de ella: es el claro reflejo de la mirada occidental y de poder con la que se ha juzgado y oprimido aquello que no era comprensible o conveniente. Una mirada cargada de prejuicios que ha escrito nuestra historia y que se debe seguir cuestionando.

Referencias

Adichie, C. N. (2019). El peligro de la historia única (M. Ordiz, Trad.). Literatura Random House. (Obra original publicada en 2009).
Hierro, L., & Folly, Y. (2022, 27 de marzo). Una visita a la ‘farmacia’ vudú [Álbum fotográfico]. El País.
Historia General de África. (s. f.). El vudú: Una religión ancestral entre el animismo y el sincretismo. 31 de enero de 2013.
Montgomery, E. J. (2016). “Syncretism in Vodu and Orisha: An Anthropological Analysis”. Journal of Religion & Society, 18. Creighton University.
Muy Interesante. (2022, 29 de marzo). ¿Qué es el vudú?
Wolf, N. (2023). “The Material Culture of Vodun. Case Studies from Ghana, Togo, Germany and In-Between”. En Z. Jallo (Ed.), Material Culture in Transit: Theory and Practice (pp. 150–170). Routledge.