Siempre me llamó la atención el concepto de yuxtaposición. Lo descubrí en mis cursos de Apreciación Cinematográfica y Cinematografía, impartidos por el maestro Kerry Oñate en la Cineteca de la Universidad de Chile, en 1975. Luego en mis estudios de Dramaturgia Cinematográfica en el Dramatiska Institutet de Suecia, volví a encontrarme con este nombre, con este concepto. Concepto que podría resumirlo llamándolo como una de mis queridas. Haciendo alusión a lo que Ingmar Bergman dijo en relación a las queridas, a las cuales había que dejarlas fuera. Él se refería a esas escenas o planos, bellos en sí mismos, pero que no aportan mucho o nada al desarrollo de la historia. Yo no la deseché, todo lo contrario, es una querida que me ha acompañado siempre en mis filmes, pinturas y ahora también en lo que escribo.
Fue en ambos cursos, tan distantes entre sí, que la yuxtaposición se apoderó de mí. Fue con los filmes El Acorazado Potemkin, del extraordinario director de cine soviético Sergei Eisenstein, donde apareció esta querida que me iluminó, y con otro de los clásicos del cine mundial, NOW, del maestro de la cinematografía cubana Santiago Álvarez, que compartió ese concepto. En mis años en Mozambique, tuve la oportunidad de compartir en mi casa con Santiago Álvarez y oír de primera mano todos los detalles de esa realización. Aproveché para comentarle que su film había sido parte importante de mis estudios. Esto quedó retratado en una selfie de papel de la época.
La yuxtaposición de dos imágenes, aspecto central de la teoría de Sergei Eisenstein, también llamada efecto Kuleshov, tiene similitud con la hibridación. Ambos procesos enfrentan dos elementos contrastantes o relacionados uno al lado del otro para generar un nuevo significado, contraste o impacto narrativo. Ambos conceptos se utilizan frecuentemente en arte, literatura, cine, para generar también un nuevo concepto abstracto, idea o emoción en la mente del espectador.
El proyecto de videoarte que estoy desarrollando desde hace mucho tiempo, justamente, convoca estos conceptos. Son videoarte que en este caso yuxtaponen diversas expresiones artísticas que actúan dentro de una misma obra. Esta experiencia la llamo Sur-Realismo Social de Mercado.
Este concepto de yuxtaposición e hibridación también lo aplico en la revista cultural Off the Record, en la cual se mezclan todas las expresiones artísticas posibles, lo que otorga a este medio la oportunidad de romper moldes convencionales, fomentar la innovación, reflejar la diversidad creativa, mover los límites y expresar la complejidad contemporánea.
Hace varios años postulé la revista Off the Record al Fondart. Pero su postulación fue rechazada por ser una revista que mezcla diversas expresiones artísticas. Según los burócratas del Ministerio de Cultura, la revista debería abordar solo una expresión artística. Nuestra última postulación la hicimos declarando que la revista era absolutamente literaria. Obtuvimos sobre los 90 puntos, tampoco sirvieron. Desde ese día dejé de postular a cualquier fondo del Estado y de aceptar la invitación para ser evaluador de sus proyectos. La experiencia me indica que es mucho más agradable y liberador crear sin las exigencias del sistema, sin los criterios personales de evaluadores que muchas veces son niños recién egresados de alguna fábrica de chorizo del mercado cultural. No hay mayor libertad de creación que aquella que se realiza en la medida de tus propias posibilidades. Quien no esté de acuerdo que vaya a quejarse a Siberia.
Sur-Realismo Social de Mercado, como lo expresa su nombre, busca ser la confrontación de disciplinas distintas, como son la danza contemporánea, la pintura, la música, el cine, la poesía, el ensayo, en un formato de videoarte. El resultado es, por un lado, una especie de jam session, fusión de esas disciplinas, pero, por otro lado, es la búsqueda de nuevos tipos de disciplinas artísticas, de nuevas artes donde la convivencia de las diferencias se hace posible o al menos plantea el desafío.
La creación de obras artísticas interdisciplinarias es crucial para el presente en el que vivimos. La fusión amplifica la comunicación emocional, se potencia el pensamiento crítico y se facilita una comprensión más profunda y empática de la realidad. Algo muy necesario en el día de hoy, lo que permite al ciudadano de a pie poder apreciar en una sola obra la rica diversidad de expresiones artísticas existentes. Cuando la formación educacional que se ofrece a la gran mayoría es mediocre, y donde los propios artistas no han invitado al ciudadano de a pie a introducirse en el mundo del arte, se hace muy necesario intentar buscar nuevas fórmulas que permitan situar el arte al alcance de todos y no solo de una élite.
Si tuviéramos que rendir un homenaje a alguien por su aporte en la búsqueda de nuevos lenguajes en el arte, y específicamente en el cine, este sería Jean-Luc Godard. El Godard de sus últimos años. Años donde su creación se surte de material fílmico ya existente. Ya sean de sus filmes o de otros cineastas. Planos y escenas, que revisita para darles nueva vida, en la búsqueda de nuevos horizontes creativos. De ese Godard que, escapando de lo cursi, de lo snob, de las élites, fue capaz de viajar cinco veces a Mozambique postindependencia para empaparse del proceso liberador y colaborar.
Por otro lado, siempre me han interesado las nuevas técnicas simplemente porque todavía no hay reglas y cuando hay tiempo para probarlas y saber si es bueno o malo y construir las reglas y la ley al mismo tiempo que trabajamos. Poco a poco, me di cuenta de que, en el cine, la ley ya era muy fuerte, que había existido durante cien años y que no era posible cambiar, incluso cuando era mala. Entonces, el video me interesó porque era otra forma de hacer cine que aún no tenía reglas. Hoy, con la televisión, ya hay muchas reglas, pero el video, fuera de la televisión e incluso fuera del cine, quizás nos permitiría pensar en el cine de una manera algo nueva para descubrir las verdaderas reglas.
(Jean-Luc Godard)
Esta práctica mejora la capacidad de reflexión, la empatía y la inteligencia emocional tanto en los creadores como en los espectadores. La combinación de estos elementos, sumados a la IA y a la futura Realidad Aumentada, transformará la creación artística contemporánea.
Volviendo a aquello de Sur-Realismo Social de Mercado, mis próximos trabajos con Armando Uribe1 y Francisco Coloane me permiten experimentar, soltar la mano y dejar fluir la espontaneidad. Espontaneidad, resultado de años de experiencias, de observar y principalmente de hacer, hacer y hacer, independiente de los fondos del Estado y de la parafernalia de producción.
Cuando realizábamos el videoarte Pre-Apocalipsis, cada poema espontáneo que declamaba tenía como tiempo de duración lo que tardaba en fumarse un cigarrillo. Armando, al interior de un ataúd, y nosotros tapados por el humo, fuimos grabando uno a uno los diversos momentos del video. Al poco tiempo de la muerte de su mujer, el médico le aconsejó dejar de fumar. Su enfisema pulmonar ya no soportaba más. Grande fue mi sorpresa cuando llegué a nuestro habitual café, ver que ya no fumaba. Era impresionante su fuerza de voluntad. Durante todo el tiempo la cajetilla de cigarros permaneció intacta a su alcance en la mesa de centro. Nunca más fumo.
Estoy de espaldas contra el suelo blanco, no sé dónde me dejaron como un muerto con los brazos cruzados sobre el vientre que levanto, sobre el pecho. Me dejaron por muerto y fueron a buscar el ataúd, me dieron ganas de fumar y no encontré cigarrillo, sólo la boquilla. Me dieron ganas de hablar. Todavía no me corrompo por completo, pero tengo una voz que parece salir de la boca y detrás de la boca no hay dientes, no hay nada. Tal vez no tenga cerebro, pero me han puesto un sombrero negro y un velo sobre la cara; tengo que seguir rígidamente, rígidamente, rígidamente sin mente, sin cerebro. Me dan ganas de reír con muecas de muerto. A lo mejor no estoy muerto, a lo peor.
(Armando Uribe, final del videoarte Pre-Apocalipsis)
En la pintura homenaje que realicé como parte del próximo videoarte con Armando, titulada Café Off the Record. Cuando quieran, como quieran y con Solapa, se muestra a Armando sentado en un pequeño escenario del Café Off the Record desde donde monologa con mi cámara. Gracias a la IA, he podido ofrecerle su último cigarro a este gran protagonista de nuestra cultura.
Si no lograron entender esto de la yuxtaposición, no tengo más alternativa que usar un refrán que me contó un amigo de Santa Cruz mientras disfrutábamos uno de sus magníficos vinos.
Un beso es: nariz con nariz, boca con boca, mano en la cosa, cosa en la mano, pero no cosa con cosa… ¡porque eso es otra cosa!
A buen entendedor, buenas palabras.















