En este artículo se analizará el consumo del alcohol entendida como medio de entretenimiento en la ciudad de Azogues. Para abordar este tema, es necesario considerar varios antecedentes que permitan comprenderlo en su contexto y profundidad.
Primero, es fundamental reflexionar sobre el término “entretenimiento”, alejándolo de su significado coloquial y deconstruyéndolo a través de sus orígenes etimológicos. Esto permitirá reivindicar la noción de entretenimiento más allá de su uso común. Segundo, la metodología utilizada en este artículo se basa en la experiencia personal; por ello, hago uso de la auto-etnografía como herramienta para abordar esta problemática desde una perspectiva vivencial, situándome como un cuerpo-testigo de acontecimientos; evocador de preguntas en búsqueda del historiar testimonios y experiencias; esto con el fin de salir de lo anecdótico a la pregunta, de lo privado a lo público, de la memoria personal a la memoria colectiva.
Un concepto en crisis: pensar el entretenimiento para desbordarlo
Para entender una palabra, considero que es necesario acudir a su origen etimológico, ya que esto no solo permite ubicar el término en un contexto determinado, sino que también amplía su significado. Muchas veces, las personas usan los términos de manera incorrecta debido a la tradición oral o a la interpretación de esta.
El vocablo “entretenimiento” proviene de “entretener”, cuyo significado etimológico es “tener entre”. En este sentido, el entretenimiento puede considerarse un espacio de tránsito, un umbral con objetivos concretos.
En las artes vivas, el entretenimiento se entiende como un espacio de reafirmación de ideas a través de diversas dinámicas que exploran ámbitos específicos. Estas pueden responder a cualquier estética o intención, ya sea como una bifurcación de discursos preestablecidos, una herramienta política para cuestionar el statu quo o reivindicarlo, un motor de movimiento social…, etcétera, y lo que busca este artículo es entender el concepto para posteriormente cuestionarlo. Según el Diccionario de Patrice Pavis:
En los siglos XVII y XVIII, era costumbre introducir entre las diversas partes de los espectáculos, o a su término, un entretenimiento, especie de entremés bailado y cantado. (...) el entretenimiento resume humorísticamente su moraleja, solicita la benevolencia del público, le ofrece melodías conocidas y populares para coronar entre canciones el espectáculo y transmitir así, con mayor eficiencia, su mensaje.1
Esto demuestra que el entretenimiento no es sinónimo de diversión, como suele entenderse coloquialmente; pese a que esta pueda contenerla, no es en sí mismo sinónimo de divertir.
Cuántas veces se ha escuchado la frase “el evento no estuvo entretenido” haciendo alusión a la carecía de diversión; entonces, ¿dónde radica realmente el problema? Considero que este no está únicamente en el uso que se le da a la palabra, sino en los contextos sociales en los que se decide etiquetarla como tal, una vez más, la interpretación.
Por esta razón, las interrogantes que nortean este artículo son: ¿qué sucede cuando asociamos al alcohol como entretenimiento?; ¿cómo influye la percepción del consumo de alcohol en la construcción de una identidad comunitaria?; ¿qué factores han llevado a que el consumo de alcohol sea visto de una forma entretenida?; ¿existen diferencias trans-generacionales en la percepción del alcohol?; ¿cómo afectan las políticas públicas y privadas en la normalización del alcohol?; ¿hasta qué punto la falta de acceso a alternativas culturales refuerza esta interpretación? Honestamente, no podré dar respuesta a todas estas interrogantes, pero sí propongo un desentramado que llama a la pregunta y, al mismo tiempo, a la reflexión.
Beber para no aburrirse o entretenerse para no beber: deficiencia cultural
¿Qué sucede cuando las políticas públicas y privadas hacen caso omiso a una problemática vista desde una perspectiva de la salud y no desde la cultura? A simple vista, no ocurre nada; las costumbres se mantienen y las conductas, como el consumo de alcohol, se normalizan.
En este artículo, no pretendo negar la existencia del alcoholismo como enfermedad crónica que afecta a millones de personas cada año, sino proponer otra mirada de abordar el tema: ¿cómo se ha convertido el consumo de alcohol en un medio que propicia el entretenimiento inmediato de fácil acceso? Pensar esta perspectiva como un fenómeno (ente) observable en otros espacios, como en ciudades pequeñas o de poblaciones reducidas donde el acceso al arte y a la cultura -democratizada- es limitada.
Azogues está ubicada en el centro-sur de la región interandina del Ecuador, este lugar es el punto de partida desde el cual escribo y politizo para este artículo. Desde mi perspectiva artística-investigativa, considero que el arte es un mecanismo capaz de transformar y para que este adquiera esa esencia, es necesario que la sociedad tenga acceso a múltiples miradas y corrientes artístico-culturales.
Entonces, ¿cuál es el acceso real al arte en una sociedad de casi 74 mil habitantes (Censo 2022)? Primero hay que conocer que las políticas públicas y privadas relacionadas con el arte y cultura son escasas -al igual que las fuentes laborales- lo que conlleva a no tener empleos estables relacionado a esta actividad. Al existir una deficiencia en la producción de “artilugios” artísticos la población ha desarrollado sus propias dinámicas de entretenimiento, muchas de ellas basadas en el consumo de alcohol a edades tempranas (adolescencia).
En Azogues, el consumo de alcohol entre los 14 y 15 años es una práctica trans-generacional, perdurable en el tiempo debido a varios factores: la interpretación del entretenimiento, la falta de alternativas culturales-artísticas y la influencia de dinámicas socioculturales que han dado paso la apropiación de fenómenos como la gentrificación o la narco-cultura.
Si bien existen campañas públicas y privadas para frenar el consumo de alcohol, también es importante reconocer que esta percepción del entretenimiento tiene una brecha cultural considerable. Durante un voluntariado en las Islas del Rosario, Cartagena (Colombia), en marzo de 2024, observé una dinámica similar: a pesar de la presencia de música, baile y tradiciones, el consumo de alcohol seguía siendo un eje central del entretenimiento.
Aquí surge una pregunta clave: ¿es el alcohol el verdadero responsable de ser interpretado como medio de entretenimiento o es la falta de acceso a alternativas culturales y artísticas lo que perpetúa esta visión?, ¿el consumo de alcohol se ha mantenido como medio de entretenimiento por tradición o por falta de alternativas reales?, ¿es el alcohol un refugio ante la monotonía y la falta de experiencias sensoriales y creativas en ciertos entornos? Las respuestas a estas interrogantes resultan complicadas de desglosar, por la amplitud del tema; igual que las anteriores interrogantes, es importante tenerlas presentes como un acto de reconocimiento y llamado a la acción.
Lo que no se investiga, no se cuestiona, no existe: el vacío cultural en los estudios sobre consumo
Han sido pocas las investigaciones que han abordado esta problemática desde una perspectiva cultural. La mayoría de los estudios sobre el consumo de alcohol en Azogues se han centrado en aspectos médicos o sociológicos.
Por ejemplo, Walter Suárez (2022-2023)2 estudió el consumo de alcohol en adolescentes de una unidad educativa particular, utilizando el cuestionario AUDIT de la OMS. Su estudio, con 267 estudiantes de entre 15 y 18 años, mostró que:
El 91,39% presentaba un bajo riesgo de consumo.
El 7,87% tenía un consumo de riesgo.
El 0,75% tenía un consumo de dependencia.
Los varones consumían más alcohol que las mujeres.
El consumo de riesgo aumentaba a los 17 años.
Otro estudio, realizado en 2023 por María Luna y Zuly Vinueza3, encuestó a 362 personas de entre 20 y 29 años en Azogues. Se identificó que:
El promedio de inicio en el consumo de alcohol es a los 16 años.
El 72% de los encuestados consumía alcohol con sus amistades.
El 68% bebía cuando en algún evento en su hogar.
Los principales motivos de consumo fueron la amistad con un 34,8% y la celebración con un 36,5%.
El 71% de los adultos jóvenes se encontraban en un nivel de riesgo bajo, el 23% tenía un consumo de riesgo medio y el 6% presentaba un consumo problemático o de dependencia.
Estos estudios proporcionan datos importantes sobre el consumo de alcohol en la ciudad de Azogues, pero es indispensable reconocer que las cifras y los comportamientos descritos no son solo el resultado de factores relacionado con la salud o la sociología, sino que están influenciados directamente por un contexto cultural -como ente transversal- donde el alcohol se ha “normalizado” con el entretenimiento y la socialización. La escasa atención a este fenómeno desde una perspectiva cultural impide una comprensión integral del problema central, obviando cómo las dinámicas sociales y la falta de alternativas culturales impactan el consumo del alcohol y el abandono a otras corrientes, como el arte.
Entender el consumo de alcohol no como un fenómeno individual, sino como un reflejo de una cultura que ha reducido el acceso a otras alternativas culturales y de entretenimiento. En este sentido, es necesario aclarar que el problema no es el consumo de alcohol en sí mismo, sino el desplazamiento de su sentido-significado-interpretación original.
Azogues al ser una ciudad con un antecedente pre-colonial de culturas nativas como la Inca y la Kañari que han dejado su herencia hasta la actualidad, en prácticas ceremoniales en donde se consume alcohol para un propósito específico. Es de esta forma que, cuando su objetivo cambia y se transforma en un placer individual (no mágico), su función y regularidad también son alteradas.
Entonces, ¿la sociedad está preparada para aceptar alternativas de entretenimiento? La respuesta inmediata es no sé. En una ciudad normada por valores conservadores, donde lo diferente se percibe como una amenaza, el acceso a nuevas dinámicas es difícil pero no imposibles, por esa razón no doy respuestas directas a preguntas, sino que, utilizo el tema y alrededor de este planteo preguntas gatillantes que tienen como finalidad un auto-cuestionamiento permitiendo abrir la puerta a debates sobre el consumo de alcohol, el acceso al entretenimiento y la falta de opciones culturales. Una vez más, salirse de lo individual para ir a lo colectivo.
Escribo esto porque he estado en constante cercanía con el alcohol y, al igual que la mayoría de los adolescentes de mi ciudad, lo he consumido a temprana edad. Esta práctica, profundamente normalizada, es resultado tanto de la desinformación como de la falta de actividades inclusivas, especialmente para quienes, como yo, nos entendemos disidentes en un contexto conservador.
No escribo esto para cuestionar a las administraciones públicas de turno, sino para hacer un llamado a mis compañeros artistas-pensadorxs-investigadores (en/para/desde las artes) y al público en general, a apropiarse de esta mirada y a generar un tejido, de manera colaborativa, sobre las alternativas que desborden lo cotidiano y que se habiliten nuevas formas de entretenimiento con una visión al futuro, pero a la vez, perdurable.
Notas
1 Patrice Pavis, Diccionario del Teatro, Barcelona: Paidós Ibérica, 1998, 162.
2 Walter Suarez, El consumo de alcohol en los estudiantes de bachillerato de la Unidad Educativa Luis Rogerio Gonzalez de la ciudad de Azogues, año lectivo 2022-2023, Cuenca: Universidad Politécnica Salesiana, 2023, 34-35.
3 María Luna y Zuly Vinueza, Factores de riesgo para el consumo de alcohol en adultos jóvenes de 20 a 29 años en Azogues, 2023, Azogues: Universidad Católica de Cuenca, 2023, 13-14.















