Siempre me he considerado una persona extraña, diferente y rara… ese pensamiento formó parte de mi adolescencia, donde no solo las hormonas se desordenan. cambian de lugar y de rutina, sino también las ideas se transforman y, por supuesto, el cuerpo muta. Creí firmemente que la extrañeza-diferencia de mi ser-persona era sinónimo de vulnerabilidad. Es necesario aclarar que no solo hablo de la heteronormatividad que gobierna en el mundo, razón por la cual siento que no pertenezco, por mi orientación sexual (como un hombre que disfruta del placer y afecto de otro similar), sino también hago referencia a la forma de ver y observar el mundo, cómo prescribo las sensibilidades y cómo soy permeable a estas, disfrutando de esa vulnerabilidad que gobierna mis acciones, pensamientos y mi propia persona.
Por esta “rareza” sabía que mi vida no iba direccionada a un espacio donde la rutina o la cotidianidad (muerta) sea el combustible de la máquina operaria llamada trabajo, sino al contrario, necesitaba un espacio donde el cuerpo y la mente purguen, se liberen. Es así como llegué al arte y, específicamente, a la escena, el teatro. Comencé a inmiscuirme en la escena desde joven; participaba en grupos de danzas folclóricas y montajes escolares, hasta que en 2017 tuve mi primer acercamiento desde una mirada más técnico-estilística, a través de un taller organizado por la Casa de la Cultura. Esto marcó un hito no solo en mi ciudad –por acercarse a las artes en una ciudad con escasez de artistas y de conocimiento sobre el tema– sino también marcó un inicio de mi carrera artística, lo cual agradezco profundamente.
A partir de ahí, mi entorno y mi vida comenzaron a cambiar, el cuerpo sensible comenzó a gestarse, a despertar. Gracias a eso, he realizado diversos montajes y acercamientos al teatro, como clown, mimo corporal, improvisación y actuación. Todavía hasta este punto era visto como un hobby y no como una profesión. Mi situación se agravaba por el hecho de que mi bachillerato estaba por acabarse y la decisión de una carrera universitaria se encontraba a la vuelta de la esquina. Antes de tomar el taller, mis opciones sobre una carrera profesional estaban inclinadas a la medicina, ingeniería en telecomunicaciones o diseño de interiores, en ese orden de preferencia. Esto principalmente porque no sabía que existía la posibilidad de estudiar teatro; conocía que existían carreras de dibujo, pintura, bellas artes, música, etcétera, talleres que realicé en la niñez-juventud y, honestamente, era muy malo para esas disciplinas, pues no llenaban mi ser.
Sabía que quería estudiar una carrera en teatro, pero lamentablemente por la poca demanda que existía (y existe) en el Ecuador, el teatro no es una “necesidad”, y como consecuencia, la oferta educativa era escasa. Sabía que dos universidades cerca de mi ciudad (a 40 minutos) ofertaban esa carrera, por lo que me di a la tarea de buscar, preguntar y conocer sobre la oferta académica. La primera opción había quitado la carrera por falta de estudiantes y la segunda me recomendaron -por palabras de los propios estudiantes y conocidos- que si mi objetivo era el teatro, es mejor buscar un espacio donde este estuviera presente. Primera decepción.
Posteriormente, a mi colegio llegaron personas a ofertar carreras universitarias especializadas en arte; tuve la esperanza de estudiar pues Creación Teatral estaba entre su oferta, además era una universidad pública; una esperanza comenzó a irradiar en mí y con ella un futuro deseable. Lamentablemente, la Universidad de las Artes estaba situada en Guayaquil (a 4 horas de distancia de mi ciudad). Segunda decepción.
La decepción no era por vivir lejos de mi ciudad, sino que el simple pensamiento de vivir en una ciudad catalogada como una de las más violentas de Latinoamérica invadió mi mente; sentí que mi sueño se quebró y un vacío de no saber a dónde ir me gobernó, conocí la decepción. Con un sueño ya casi abandonado, decidí contárselo a la que fue mi profesora del taller, una teatrera con experiencia, quien decidió dar un poco de luz a mi sueño ya abandonado, me incentivó y me llenó de valentía para abordar cualquier obstáculo presente. Con esa recarga energética decidí postular, a escondidas de mis padres. El secreto me acompañó hasta el momento que tuve que viajar a Guayaquil a rendir las pruebas de ingreso, que eran presenciales.
Necesitaba confesar lo que había hecho, (en este punto hablo como si fuese algo malo, gracioso), y la oportunidad que tenía delante de mí. La respuesta inmediata fue negativa, por la misma razón: el lugar. La preocupación de mis padres era genuina, tenía 17 años y apartarse de un hijo es doloroso, pese a que el sentimiento era compartido. Por alguna razón decidieron apoyarme, quizás porque vieron en mí el deseo y las ganas de alcanzar eso tan anhelado y que solo existía en un lugar. Al igual que para ellos, las opciones eran limitadas, por lo que accedieron. A partir de este momento en mi vida, que lo catalogo como “Momento B”, comienza una transición brutal de mi propia persona, pues había llegado a un lugar donde esa extrañeza era compartida: ya no soy raro, solamente no estaba en mi tribu, esa es la diferencia. Las sensibilidades son necesarias, los amigos son reales y el cuerpo está presente.
Durante mis estudios universitarios, me he desarrollado y aprendido en torno a la escena contemporánea, expandida y tradicional. He realizado diversos proyectos investigativos, de asistencia administrativa y académica. Estas oportunidades laborales (pasantías) me han permitido explorar diferentes aristas del arte, liderando y participando en talleres, contribuyendo con actividades que combinan la creatividad y el análisis crítico, lo que me ha llevado a consolidarme como un profesional versátil y comprometido con la acción y la escritura investigativa en/para la escena.
Me gradué en 2024 como Licenciado en Creación Teatral y desde entonces he realizado talleres, conversatorios y he movilizado mi trabajo artístico llamado “Bienvenidxs a Casa”, un trabajo de carácter escénico expandido, el cual me ha permitido participar en festivales y encuentros en artes escénicas a través de la investigación.
