Mucho se habla de la inconformidad con el mundo. Todos los días enunciamos el desamparo de una realidad que se gobierna sin consultarnos. La naturaleza humana rastrea maneras de revestirse para destacar en su individualidad inmersa en la masa. La libertad implica la reinterpretación del mundo o la creación de uno propio.

La literatura permite moldear espacios impalpables y efímeros sostenidos por las direcciones que toma el lenguaje a través del canal humano. Se construyen imágenes visuales, sonoras, olfativas o táctiles en descripciones minuciosas que nos transportan brevemente al lugar abstracto en donde la sensación puede existir (o imaginarse). Estos elementos, sin embargo, son en su mayoría referenciales a la realidad ontológico-material que nos contiene, pero existen otras propuestas tan complejas que conectan sus elementos en un «no-lugar» que se convierte en mundo, y en el que ahora todo ocurre.

En las últimas décadas, ha surgido un concepto intrigante en la creación artística: el worlding o traducido al español, algo así como el «mundeo» o «la creación de mundos». El worlding es una técnica que implica la construcción detallada y la inmersión profunda en los mundos ficticios. En este artículo, exploraremos el mundo del worlding específicamente en la literatura, aunque no se agota en ella.

El concepto de worlding no es nuevo, pero su énfasis en la creación minuciosa de mundos literarios ha ganado fuerza en los últimos años. Sus raíces pueden rastrearse hasta las epopeyas clásicas, como la Odisea de Homero, aunque la detonación más importante que se ha producido es en la literatura de ciencia ficción y fantasía, donde los autores como J. R. R. Tolkien y George R. R. Martin han iniciado la construcción de mundos paralelos.

El worlding implica un trabajo fino y meticuloso, prestando atención a los detalles. Un mundo existe en su geografía e historia hasta en su cultura e idioma. Los autores son demiurgos, arquitectos, profetas, agrónomos, inventores y el sinfín de semillas que sostienen el sistema.

En el mundo de la literatura contemporánea, el worlding ha representado una propuesta base ideológica o un análisis de principios para los artistas experimentales. Estos artistas ponen sobre la mesa realidades alternativas y abiertas a ser visitadas, como intercambio dan la bienvenida ya sea a su caos o a su orden, pero siempre prometiendo la posibilidad de apropiación y envolvimiento de quien desee adentrarse.

Worlding en el arte contemporáneo

El arte contemporáneo transmite confesiones de sus creadores, y muchas veces enuncian la falta de pertenencia o comodidad en la realidad inmediata, de ahí la urgencia por otras posibilidades.

Ian Cheng, un autodenominado «creador de ecosistemas virtuales» que analiza el mundo y a los seres en él, intentando encontrar el motor del cambio y la resistencia este, comienza preguntándose: ¿qué es un mundo?

Podríamos decir que un mundo es algo así como un jardín cerrado. Un mundo tiene fronteras. Un mundo tiene leyes. Un mundo tiene valores. Un mundo tiene disfunción. Un mundo puede crecer. Un mundo tiene miembros que viven en él. Un mundo otorga a sus miembros el permiso para actuar de manera diferente a lo que hacen fuera de él. Un mundo incentiva a sus miembros a mantenerlo vivo, a menudo con los placeres de su disfunción. Un mundo considera ciertas acciones dentro de él como relevantes y significativas. Un mundo experimenta reformas y perturbaciones. Un mundo tiene figuras míticas. Un mundo es un contenedor de todas las posibles historias sobre sí mismo. Un mundo manifiesta evidencia de sí mismo en sus miembros, emisarios, símbolos, artefactos tangibles y medios de comunicación, pero siempre es algo más.1

Después de hacerse esta pregunta, Ian menciona que lo que se dice sobre el mundo está descrito por quienes viven en él, pero no habla del inicio de un mundo, de cómo se encamina o cómo originarlo. Dice que «para pensar en comienzos, tenemos que volver al momento antes de que el mundo nazca, el momento en el que un creador curioso observa la realidad: caótica, sin sentido, tenebrosa, pero con potencial latente, y se pregunta qué hacer con ella».2

Y si un mundo es una realidad, ¿qué tipo de realidad es esta que buscamos? Una «en la que puedas creer: una que prometa traer algo parecido a una estructura habitable desde el potencial del caos, y dirigirse hacia un futuro suficientemente transformador para metabolizar el dolor y el placer de su disfunción».3

Worlding y mutación

Para construir un mundo nuevo solo podemos deconstruir el viejo y usar los cimientos, no hay algo que podamos pensar que no hayamos visto antes, pero la labor principal del proceso es la mutación de la primera base. Filósofos como Jacques Derrida y Donna Haraway se han aproximado a estos métodos de cuestionamiento y replanteamiento semiótico del mundo.

Derrida busca desestabilizar la idea de verdad, reexaminando los valores otorgados a conceptos que determinan nuestro sistema ético-moral. Existen jerarquías implícitas en las normas, tanto sociales como legisladas, que moldean también nuestras creencias personales. El esfuerzo de la deconstrucción derridiana implica cuestionar las jerarquías binarias y las oposiciones tradicionales presentes en el lenguaje y el pensamiento. Derrida argumenta que, en el discurso y la escritura, las palabras y los conceptos no tienen significado fijo y absoluto, sino que están sujetos a una constante reevaluación y reinterpretación, por lo tanto, no existe la verdad ni mucho menos una realidad inmutable, por el contrario, una que debe cambiar.

Para pensar en mundos distintos, hay que pensar con nuevos lenguajes y objetos:

Importa con qué materia pensamos otra materia; importa qué historias contamos para contar otras historias; importa qué nudos anudan nudos, qué pensamientos piensan pensamientos, qué descripciones describen descripciones, qué lazos enlazan lazos.4

Un mundo es coexistencia. Habitado por culturas, especies, pero también por cosas, naturaleza, palabras y significados. El todo es una envoltura de redes y caminos, sin los cuales hay nada.

Worlding y derrumbe

El worlding, a pesar de definirse como una construcción, es sobre todo un derrumbe provocado para el nuevo levantamiento. Se debe saber que el desarrollo de creación de mundos no es únicamente a decisión de colocar elementos en un ecosistema imaginado, sino que estos elementos estén tan intrínsecamente relacionados y conectados entre ellos que cualquier cambio o evolución afecte inevitablemente al resto. Incluso al creador. Porque el creador, una vez que ha logrado establecer la condensación íntima, se vuelve también un elemento vulnerable a la dinámica armónica del nuevo espacio.

Tiger Dingsun ve este conjunto como un área de juego en la que la afectación inminente del mundo por los detalles más íntimos puede ser alterado con elementos absurdos en la realidad inmediata. Introduce su concepto de Chimeric Worlding desde el que trabaja la deconstrucción de elementos tradicionales para acomodarlos de maneras más vanguardistas e incluso polémicas, permitiéndose así retar sus propios sistemas de verdad.

Este trabajo de quimeras devela también absurdos de la realidad conocida, así como similitudes que se creían alejadas en formatos lingüísticos distintos (cfr. Digimon based off of 12 animals in the Chinese Zodiac) y que ahora permiten lijar la capa sacra para entenderlas e interpretarlas desde otras exploraciones.

Dingsun habla de expandir los límites de lo aprendido, identificando una mitología convencional de significados comunes, culturales y sociales. Por otro lado, el significado idiosincrático de la lógica interna, una mitología propia. Estos factores sumados pueden buscar en las poéticas posibles mundos accesibles a la otredad, significados mutantes e incluso una profundidad en la interacción con la realidad. Crear el mundo en el que se quiere vivir.

Sería imposible hablar de una técnica exacta para este concepto que, si bien es más sencillo de comprender en el mundo de la literatura, se expande a las artes plásticas, la dramaturgia, la música y cualquier disciplina artística, sin embargo, el ejercicio del worlding no es intrínseco a las artes, pero sí a la humanidad. Imaginar mundos posibles es parte de la condición humana, desde las esperanzas de cambio hasta las acciones políticas. Nombramos ahora este carácter innato para sensibilizarlo en las artes, pero especialmente para demostrar que es posible una construcción formal y completa de una idea efímera, y ese es el primer paso para un nuevo hogar.

Notas

1 Cheng, I. (2019). Original: «We could say a World is something like a gated garden. A World has borders. A World has laws. A World has values. A World has dysfunction. A World can grow up. A World has members who live in it. A World gives its members permission to act differently than outside of it. A World incentivizes its members to keep it alive, often with the pleasures of its dysfunction. A World counts certain actions inside it as relevant and meaningful. A World undergoes reformations and disruptions. A World has mythic figures. A World is a container for all the possible stories of itself. A World manifests evidence of itself in its members, emissaries, symbols, tangible artifacts, and media, yet it is always something more».
2 Ídem. Original: «To think about beginnings, we have to go back to the moment before a World is born, to the moment of a curious creator looking at Reality— chaotic, meaningless, scary, but latent with potential —and wondering what to do with it».
3 Ídem. Original: «A World is a reality you can believe in: one that promises to bring about habitable structure from the potential of chaos, and aim toward a future transformative enough to metabolize the pain and pleasure of its dysfunction».
4 Haraway, D. (2016). Original: «It matters what matters we use to think other matters with; it matters what stories we tell to tell other stories with; it matters what knots knot knots, what thoughts think thoughts, what descriptions describe descriptions, what ties tie ties».