El filósofo austriaco Karl Popper entendió el problema mente-cuerpo y proporcionó a la discusión elementos lo suficientemente claros, sensatos y apegados a los contenidos de la filosofía y la ciencia natural. Prolífico filósofo con un suficiente conocimiento científico, Popper se presenta en el horizonte de nuestro problema como punto de referencia.

Este artículo es un intento, esperemos no infructuoso, por describir el modo en que Popper afrontó la relación mente-cuerpo desde la perspectiva del mundo número tres. En 1977 presentó un texto llamado El problema mente-cuerpo1 que inicia con la conjetura que el análisis del problema a la luz del mundo número tres puede dar luces que lo permitan resolver. La existencia de tres mundos distintos, relacionados, pero autónomos es parte central de las propuestas de Popper. Ello nos remite, necesariamente, a la teoría del conocimiento y exige un dominio del tema, pues sobre él basa el filósofo austriaco su respuesta.

Según Popper existen tres mundos distintos, cada uno de ellos autónomo. El primero y original es el mundo de los objetos físicos. El segundo, el mundo dos, es el mundo de los estados de consciencia o las disposiciones conductuales para actuar.2 Entre estos mundos existe una íntima interrelación. El mundo tres de Popper es el conjunto de contenidos objetivos del pensamiento, cercano al universo propuesto por Frege y radicalmente distinto al mundo de las ideas o al espíritu objetivo de Platón y Hegel respectivamente. Sus habitantes, si se permite la metáfora, son los sistemas teóricos, los problemas de este, las situaciones problemáticas y el estado de la una discusión o estado de un argumento de crítica.3

Dicho mundo tiene su origen en la tarea especulativa del hombre al intentar conocer. Orgánicamente tiene una base neurológica, mundo dos, pero es independiente de él. Es mucho más que extensiones simbólicas, lingüísticas y procesos de comunicación del mundo dos. No distinguir entre dichos mundos es un error en el cual han caído los filósofos de creencias (Descartes, Berkeley, Kant, entre otros, según Popper), pues han basado la teoría del conocimiento en el mundo dos, cuando debería estar basada en el mundo número tres. El mundo dos es el mundo del conocimiento subjetivo (los estados emocionales que provoca el conocimiento, por ejemplo) mientras que el mundo tres es lo objetivo del conocimiento.

El mundo tres tiene una serie de características a considerar. En primer lugar, es autónomo con relación a los otros dos. Ello implica que tiene su origen (físico y epistemológico) y dependencia en el hombre y su investigación (en el mundo uno y dos), pero muchos de sus componentes, propiedades y argumentos no dependen del hombre. El mundo tres es independiente del hombre fáctico (Aristóteles, Newton, Russell) que lo desarrolló y la mayoría de sus partes surgen como subproductos. En otras palabras, el mundo tres es un producto natural del hombre y sus propiedades son emergentes, no intencionales del hombre.

La segunda característica es la objetividad de dicho mundo. Ya que es autónomo del hombre fáctico, podemos argumentar que el sujeto cognoscente particular es accidental. El mundo tres es objetivo en la medida que tiene la potencia de ser entendido, interpretado o decodificado por alguien. Es, simplemente, la capacidad de ser entendido. Ello supone una unidad en la racionalidad de los seres racionales. La tercera característica es que guarda una relación, mutua, de afectación con el mundo uno y dos por medio de la acción del sujeto en el mundo. El mundo tres provoca estados emocionales en el mundo dos, por ejemplo, la alegría ante un descubrimiento y la frustración ante una paradoja; estados de ánimo que pueden impulsar o retener la investigación. Popper supone el siguiente esquema: se tiene un problema teórico (P1), al cual se le formula una teoría tentativa (TT), sujeta a un proceso de eliminación de errores (EE) del cual surge un nuevo problema (P2). La relación con el mundo uno es más obvia; por un lado, los objetos físicos son los objetos de estudio y, por otro, la acción del hombre, cognoscente del mundo tres, crea nuevos objetos físicos.

Junto con el mundo tres, Popper pone las funciones del lenguaje como límite del problema mente-cuerpo, además de que el lenguaje es un claro ejemplo del mundo tres. Popper se apoya en la teoría de las funciones de lenguaje de K. Bühler. Existen dos conjuntos de funciones del lenguaje: las inferiores y las superiores. Debemos mencionar que las funciones inferiores siempre están presentes en las funciones superiores. Las inferiores son la función de autoexpresión (sintomática del estado del órgano) y función de señalización (capacidad de enviar mensajes al exterior). Las funciones superiores son la función descriptiva (que otorga, de modo emergente, el contenido de verdad) y la función argumentativa (críticas desde el punto de vista de las ideas regulativas de verdad y validez).

Regresando al problema mente-cuerpo, Popper sostiene tres argumentos: primero, que el conjunto de objetos del mundo tres son abstractos, pero reales. De ello ya se ha hablado. El segundo consiste en que dicho problema es una relación entre los mundos uno y dos, y para entender dicha relación ayuda entender la relación de los mundos dos y tres. Ella puede pensarse como la fabricación de objetos en el mundo tres y su conjunción por medio de la selección crítica.4 Ello supone que el mundo dos es activo, productivo y crítico. El tercer argumento es sobre la incidencia del lenguaje en el problema mente cuerpo.

En primer lugar, aprender un lenguaje es una actividad doble del hombre. Por un lado, tenemos una predisposición genética a aprender algún lenguaje. Dicha configuración genética es parte del mundo uno. Por el otro, el aprendizaje de un lenguaje particular es un proceso cultural y el ingreso a una identidad, por lo tanto, regulado por el mundo tres. Claro ejemplo de la interacción y continuidad entre el mundo uno y tres.

La evolución no es solo un proceso biológico, continua en la evolución cultural de los objetos del mundo tres. El hombre es un ser que fabrica herramientas. Pero la única herramienta a la cual estamos determinados genéticamente es el lenguaje, que tiene una naturaleza inmaterial, pero se expresa en distintos medios físicos. La necesidad de comunicación en el hombre está determinada por nuestra genética.

En otras palabras, el lenguaje es un habitante natural del mundo tres que tiene una base expresiva física (mundo uno), regulado por procesos psicológicos (mundo dos), pero de naturaleza abstracta (mundo tres). El aprendizaje de un lenguaje es un trabajo activo intelectual en el cual el hombre se retroalimenta con su medio, consigo mismo e incluso su cerebro.

El lenguaje introduce a un hombre en una cultura particular, dando identidad. En ese sentido, el hombre, en tanto que parte de una cultura y sistema explicativos que lo determinan, es un objeto del mundo tres. Ser hombre es un proceso de maduración en el mundo uno y dos, pero también en el mundo tres, donde el lenguaje desempeña un papel decisivo.

El desarrollo del carácter de persona (la identidad del individuo humano) como parte del mundo tres se presenta en el texto El Yo de 1977.5 Dice David Miller sobre el texto:

El yo emerge mediante la interacción entre el animal humano «mundo uno y dos» y el lenguaje humano «mundo tres» y se sostiene durante toda su existencia mediante aquellos elementos de mundo número tres con los que logra seguir en contacto intelectual.6

El hombre no nace siendo un yo, adquiere su identidad en un proceso de aprendizaje de los tres mundos, sobre todo el mundo tres. Dicho proceso, que no se limita a un proceso de observación, se presenta en la acción y la solución de problemas. Popper enuncia tres mecanismos de dicho proceso. Primero, formamos nuestra identidad al conocer a los otros yoes. Existe un interés desde pequeños en los rostros humanos, que funcionan como un espejo de la consciencia que tienen de él mismo otras personas. En segundo lugar, tenemos el lenguaje. De él, el hombre recibe un nombre propio y signos de aprobación o desaprobación que tienen una fuerte carga cultural. Las sonrisas y gestos son entendidos desde pequeños, tienen un comienzo primitivo, prelingüístico, que es prerrequisito para la adopción del mundo tres.

Por último, la adquisición de una orientación teórica, el mundo tres, es el último mecanismo de la adquisición del yo. Dice Popper: «un yo es el resultado de disposiciones innatas, y en parte resultado de las experiencias especialmente de la experiencia social».7

Lo hasta ahora dicho pone a Popper en fuerte oposición con los reduccionismos físicos o materialistas. En El problema mente-cuerpo se enfrenta a dos posturas reduccionistas. En primer lugar, se enfrenta al mentalismo que sostiene que nuestras ideas y contenidos objetivos se reducen a disposiciones del cerebro para la conducta verbal. En términos de Popper, reducen al mundo tres al mundo dos. En segundo lugar, se enfrenta al materialismo radical que reduce las disposiciones del cerebro a disposiciones físicas y eléctricas. Reduciendo el mundo tres y dos al mundo uno. Popper refuta dichas teorías con tres argumentos.

Primero, ninguna de ellas hace justicia a las funciones superiores del lenguaje, la materialista radical solo contempla la función expresiva y la mentalista las funciones expresivas y comunicativa. De este modo, anulan las ideas regulativas de verdad y validez. En segundo, lugar, en su texto Indeterminismo y libertad humana,8 dice que no toma en consideración la creatividad y capacidad inventiva del hombre. Por último, en el mismo texto, explica que pueden ser verídicas, pero no es argumentable pues los argumentos a favor y en contra están predeterminados por la posición de los objetos del mundo uno.

Notas

1 Todos los textos han sido tomados de la compilación que hizo David Miller (1995) en: Popper: escritos selectos México: Fondo de Cultura Económica.
2 Popper habla específicamente de la vida psíquica humana, pero no descarta que ello se presente en los animales con sistemas nerviosos más desarrollados. 3 Popper, K. Conocimiento: subjetivo contra objetivo en: Miller, D. Popper: escritos selectos, p. 62.
4 Popper, K. El problema mente-cuerpo en: Miller, D. Popper: escritos selectos, p. 283.
5 Popper Karl, El Yo en: Miller, D. Popper: escritos selectos, p. 293.
6 Miller, D. comp. (1995). Popper: escritos selectos. México: Fondo de Cultura Económica, p. 18.
7 Popper Karl, El Yo en: Miller, D. Popper: escritos selectos, p. 298.
8 Popper Karl, Indeterminismo y Libertad Humana en: Miller, D. Popper: escritos selectos.