Posiblemente la más grande de las invenciones humanas a lo largo de la Historia la constituyó la creación y el desarrollo de la escritura por los sumerios 3,100 años a. C., mejorada por los egipcios, los fenicios y los griegos (también se dio algo parecido en China y en la India). El conocimiento que tenemos del pasado de los seres humanos se ha obtenido de tres fuentes: los hallazgos arqueológicos, estos nos proporcionan datos a partir de objetos como son los utensilios y las primeras armas empleadas por los hombres primitivos hace aproximadamente un millón de años; luego tenemos las leyendas o narraciones trasmitidas oralmente de generación en generación sobre algunas personas y hechos. Estas están llenas de mitos, donde la realidad está distorsionada y, por ello, no se pueden aceptar como verdades.

Sin embargo, al principio, la guerra de Troya fue trasmitida oralmente entre los griegos por siglos y calificada como una leyenda, posteriormente, se pudo demostrar que Troya había existido y que esta había sido sitiada por una tribu o país de los conocidos como Aqueos. La guerra de estos con los ciudadanos de Troya tenía mucho de ficción, pero también de Historia. Finalmente, cuando apareció la escritura y se detallaron en documentos los hechos de los seres humanos, hizo su aparición la «Historia». Los acontecimientos anteriores a la escritura se califican de «prehistóricos» sin que eso signifique que no tienen aspectos históricos.

La Historia la organizan los «historiadores» mediante lo que han conocido y estudiado; la hacen coherente e inteligible. No obstante, usualmente sus interpretaciones suelen ser muchas veces más subjetivas que objetivas. Pero, en todo caso, la mejor fuente de la Historia son los documentos escritos, aunque su interpretación es relativa y no una ley, lo cual no significa que no haya una tendencia en la evolución del ser humano que la Historia puede mostrarnos. La Historia refleja, entonces, el progreso permanente del ser humano gracias a los cambios y realizaciones que este provoca, incluyendo en ello también el relato de retrocesos. En todo caso, estos relatos nos ayudan a conocer el pasado para comprender mejor el presente.

La humanidad hace la Historia, pero es ella la que da a conocer a la misma humanidad sus cambios. Cada época y sus hechos y, sobre todo, el papel de las grandes figuras, hay que juzgarlos en cuanto al momento que vivieron, al ambiente del suceso, a los conocimientos existentes, y a las dificultades y oportunidades que tuvieron para brillar en su momento. Entre los seres humanos más conocidos que nos trasmitieron en la antigüedad sus leyendas e historias por escrito se encuentran los siguientes: Homero y Hesíodo, Heródoto y Tucídides.

Homero

Aunque por mucho tiempo se creyó era una figura mítica, es citado por Heródoto —conocido como el «Padre de la Historia»— y, además, por los filósofos Jenófanes y Heráclito. Según relata Platón, Homero era considerado el fundamental educador del pueblo griego, ya que dio lugar con sus escritos a una cultura y tradición que por siglos fue seguida por los griegos, quienes admiraban los ejemplos heroicos y el mundo de aventuras de dioses, nobles y soldados de la época. Al parecer, nació en la isla de Quíos (Chíos) en la costa jónica del Asia Menor, en el siglo VIII a. C. Fue, según la leyenda, posiblemente el primer «escritor» griego; era ciego. Dos de sus libros. La Ilíada y La Odisea, son considerados los pilares de la literatura occidental. Están constituidos por poemas épicos, compuestos de cantos que narran la grandeza de los héroes griegos y de sus dioses.

La Ilíada narra un episodio de la guerra de Troya, donde un grupo de príncipes aqueos (griegos) atacaron, sitiaron y destruyeron dicha ciudad en Asia Menor cerca del Helesponto, todo eso para rescatar a Helena, la esposa del rey Menelao, quien fue raptada por el príncipe troyano Paris. Habla de la conquista de Troya por los griegos y, en ella, se entremezclan los seres humanos y los dioses en las batallas. Se aceptaba la existencia de dioses que podían cambiar o que, de hecho, guiaban el destino de la guerra, a pesar de que el ser humano ofreciera resistencia a ello.

La aristocracia de Grecia aceptó plenamente esos poemas, que constituyen por decirlo así, la «Biblia» del pueblo griego. Los hechos, los convirtieron en modelos de tradición y de su cultura, aceptando el mito como una realidad y estimulando con ello a su pueblo a aprender a guerrear. Ellos reconocían como ejemplos nobles el ser diestro en la lucha y esto era una guía para la acción. Sus épicos versos eran memorizados y repetidos por los jóvenes griegos.

Los valores fundamentales que Homero trasmitió a su pueblo fueron el honor, la valentía y la defensa de su pueblo y, en general, estimulaba a que ellos aprendieran a hacer guerras de conquistas. Por esa razón, las ciudades-estado griegas, peleaban constantemente. De ahí que una nación tan pequeña como Grecia, llena de ciudades guerreras, posteriormente unidas, primero, por Filipo de Macedonia, y, luego, por su hijo Alejandro Magno, fuera capaz de conquistar el mundo conocido de su tiempo.

Por cierto, en la Ilíada aparecen varias figuras muy conocidas por la Historia, una de ellas era Casandra, hija de un dios griego y una mujer troyana. A Casandra, Apolo le concedió el don de la profecía, pero luego se disgustó con ella y la castigó con que sus predicciones nadie las creyera. Ella trató de hacer ver a los reyes de Troya y a sus nobles que el rapto de Helena, esposa de un rey aqueo, por Paris, hijo del rey de Troya, causaría una guerra catastrófica y que había que devolverla, pero no le creyeron.

Los aqueos dejaron en la playa un caballo gigante hecho de madera —llamado luego «Caballo de Troya»— que tenía adentro a un grupo de guerreros. Este fue llevado en triunfo por los troyanos al interior de su ciudad y, en la noche mientras celebraban, descendieron del caballo los guerreros griegos y destruyeron Troya.

La Odisea es un poema épico compuesto por 24 cantos que narran las aventuras de Odiseo (Ulises), uno de los héroes de la guerra de Troya en su viaje de regreso a su hogar y patria, Ítaca, al finalizar la guerra. Los dioses participan en el viaje y en sus aventuras, y retrasan su regreso por años.

Hesíodo

En su tiempo, los jóvenes griegos eran educados para hablar bien en público, osea, para convertirse en oradores y, si era posible, en líderes y en guerreros. Los nobles griegos vivían, como ya señalamos, peleando constantemente. Quienes los alimentaban eran los campesinos, con el apoyo de esclavos producto de sus conquistas. Sin embargo, un campesino pobre y, además, poeta de nombre Hesíodo (siglo VII a.C.), en un lugar conocido como Beocia, trató de darnos otra visión del ser humano. En un libro titulado Los trabajos y los días, describe a una sociedad campesina y a un hombre griego que no está preocupado por acciones caballerescas o guerreras, sino por el trabajo en el campo. El honor y la gloria de los griegos no dependía, según Hesíodo, de estar combatiendo y haciéndose la guerra entre ellos o contra los persas y otras naciones, sino de esforzarse en trabajar bien para lograr progresar en la vida. El trabajo del campesino se convierte en el forjador de una cultura (agricultura).

Entre las dos tesis contrapuestas, la de Homero y la de Hesíodo, logró triunfar la de Homero y sus leyendas guerreras y de conquista, todo ello a pesar de que, indudablemente, Hesíodo y sus poemas, basados en el trabajo, ofrecían a ese pueblo campesino un ideal más lógico y práctico, así como una justicia más acorde con el ser humano, donde la razón no estaría de parte del más fuerte, sino del más justo y dedicado al trabajo; esto favorecía a todos y no afectaba a nadie.

Hesíodo, también escribió una obra llamada Teogonía (gr. Theos = dios, gone = generación) en el que narra los mitos que hablan de los dioses griegos y su parentesco entre sí. Los poemas de Hesíodo siempre cantaban la paz, los de Homero cantaban la guerra.