Nacido el 10 de junio de 1821 en Danzig —hoy Gdansk, Polonia—, el alemán Alexander von Frantzius Ritt se graduó como médico en la Universidad de Berlín en 1846. No obstante, dado su interés en varios campos zoológicos, vivía en una especie de limbo, sin definir hacia dónde orientarse profesionalmente.
Para su fortuna, a mediados de 1851 el diplomático Franz Hugo Hesse —uno de los líderes de la Sociedad Berlinesa de Colonización Agrícola para Centroamérica— le ofreció la posibilidad de trasladarse al istmo con una plaza de naturalista, para dedicarse especialmente al estudio de la fauna. Sobre esta entidad hay abundante información en mis libros Trópico agreste: la huella de los naturalistas alemanes en la Costa Rica del siglo XIX (2013) y La bandera prusiana ondeó en Angostura (2020). Aunque la propuesta le resultó atractiva porque padecía de asma y el clima tropical podía sentarle bien, al final la opción no cuajó.
Inescrutable como es, el destino le tenía reservada una segunda oportunidad que llegó por otra vía. Como desde 1852 residía en Costa Rica el abogado Fernando Streber Goldschmidt —secretario de la citada Sociedad— y era amigo del médico y naturalista Karl Hoffmann Brehmer, quien había sido compañero de estudios de von Frantzius en Berlín, Streber persuadió a Hoffmann para que se radicara en el país.
Fue así como Hoffmann y von Frantzius, con 30 y 32 años respectivamente, llegaron a San José a inicios de enero de 1854 junto a sus esposas. Habían zarpado de Bremen en octubre de 1853 en el bergantín Antoinette, que ancló en San Juan del Norte (Greytown), en el Caribe nicaragüense, tras lo cual debieron atravesar las tupidas y muy lluviosas selvas de Sarapiquí.
Sin saber español y respaldados por una carta de recomendación del gran sabio Alexander von Humboldt dirigida al presidente Juan Rafael (Juanito) Mora Porras, aspiraban a ejercer la docencia en la Universidad de Santo Tomás y dedicar el tiempo libre a sus exploraciones. No obstante, en dicha institución no había carreras de medicina ni de farmacia, por lo que la alternativa más lógica fue instalar sus propias boticas-consultorios.
Así lo hizo Hoffmann en el costado sur de la Plaza Principal —hoy Parque Central—, pero no su colega, quien pronto percibió que el clima capitalino no atenuaría su asma y prefirió mudarse a una ciudad más cálida, la cabecera de la provincia de Alajuela, ubicada a unos 20 km.
A diferencia de Hoffmann, quien disfrutaba de la compañía de la incipiente colonia alemana en la capital, von Frantzius quedó bastante aislado. El único compatriota que vivía en Alajuela era Juan Barth Wollmann, pero al ser director de la Casa de la Moneda, permanecía en San José durante los días laborales. Además, Juan Gätjens Timm y Franz Ludwig von Chamier von Schwieder residían algo lejos, en Atenas y Tacares de Grecia, respectivamente. A pesar de estas adversidades, von Frantzius fue afortunado: el 11 de abril de 1854 don Juanito lo nombró médico de pueblo —una suerte de médico comunitario—, con un salario elevado de 100 pesos mensuales.
En contraste con Hoffmann, muy activo en exploraciones botánicas y zoológicas, von Frantzius se limitó —tal vez por el asma— a determinar el patrón térmico anual de Alajuela y a medir la humedad relativa en diferentes épocas, quizás desde el solar de su casa o desde un potrero que adquirió tiempo después. Además, allí tuvo la oportunidad de tratar a Miguel Alfaro, pionero explorador de la zona norte de Costa Rica, quien con varios alajuelenses se adentró en las desconocidas selvas del norte en 1826 y 1827. Esta vivencia le sería de gran utilidad para escribir, años más tarde, el amplio artículo La ribera derecha del río San Juan: hasta ahora una parte casi completamente desconocida de Costa Rica (1862).
La pregunta obvia es dónde vivía exactamente, un detalle desconocido antes de la aparición de Trópico agreste. El enigma no fue sencillo de resolver, como se explica detalladamente en el libro, pero gracias a fuentes documentales clave y a una minuciosa labor detectivesca me fue posible dar en el clavo.
En noviembre de 1854 adquirió en subasta pública una propiedad de “una casa y solar de cincuenta varas en cuadro” (un cuarto de manzana) situada “a una manzana de la Plaza Principal, al oeste de ella, valorada en novecientos pesos”, y que había pertenecido al finado Francisco López. A la usanza de la época, era una “casa de tejas sobre adobes”. El predio ocupaba la esquina suroeste del cuadrante ubicado al oeste del actual Parque Central, donde hoy se yergue el edificio de la tienda Llobet, fundada en 1934 por el español Francisco Llobet Matalonga.
Las pesquisas revelaron que von Frantzius tuvo dos propiedades más. En octubre de 1855 adquirió un solar de “cincuenta varas en cuadro” ubicado “a la orilla de la calle de Ronda [hoy calle Ancha] al sur, de esta ciudad”, es decir, cinco manzanas al sur del actual Parque Central (intersección de la calle Ancha y la calle 2, frente al edificio de Kentucky Fried Chicken, donde inicia la carretera radial hacia el aeropuerto internacional Juan Santamaría). Se ignora el uso que le dio a este sitio o si se trató de una mera inversión.
La otra propiedad correspondía a un potrero de tres manzanas ubicado al noroeste de la ciudad, fuera de la calle de Ronda, que colindaba por el norte con el río Alajuela. Este predio, al noroeste del actual Cementerio General, lo ocupa hoy la Urbanización Meza. Es posible que utilizara una parte para mantener sus cabalgaduras y las de su esposa, o incluso que alquilara sectores como repastos, aunque esto es solo una especulación.
También en contraste con Hoffmann, quien siempre alquiló casa en San José, se nota que von Frantzius poseía vivienda propia en Alajuela y dos amplios terrenos. Parecía estar a gusto en la ciudad: con un trabajo estable, bien remunerado y en un entorno cálido.
Por ello, permanece sin explicación por qué decidió vender sus predios y mudarse a la capital entre octubre y noviembre de 1857, sin haber completado cuatro años de residencia en Alajuela. Cabe conjeturar que, en viajes de paseo a San José —trayecto que tomaba unas cuatro horas a caballo—, él y su esposa notaron que el clima de la altiplanicie capitalina (considerado delicioso por la época) no les resultaba tan adverso como percibieron al llegar en 1854.
Independientemente del motivo de la mudanza, en San José residió por poco más de 10 años, antes de retornar a Alemania a mediados de 1868 tras la muerte de su esposa. Fue en la capital donde pudo expresar a plenitud sus dotes de naturalista al acopiar la información necesaria para escribir, ya de vuelta en su patria, la mayoría de sus 18 artículos científicos. Aunque vivió en dos o tres casas en diferentes períodos, la última se localizaba donde hoy se yergue el Museo Nacional, sitio donde falleció su cónyuge.
En la capital compartió muy poco con Hoffmann, quien padecía una enfermedad degenerativa que lo llevó a la tumba a inicios de 1859. Pese a ello, instaló una céntrica botica-consultorio y contrató a los jóvenes José Cástulo Zeledón Porras y Juan José Cooper Sandoval para apoyarlo en las labores cotidianas; además, les enseñó a recolectar y embalsamar aves y mamíferos, lo que enriqueció sustancialmente sus colecciones.
Los aportes de von Frantzius no se restringieron a la zoología: también escribió sobre geografía, cartografía, geología, vulcanología, mineralogía, climatología, antropología, etnografía, salud pública e historia. Por si fuera poco, se involucró como médico en dos episodios de la Campaña Nacional contra el ejército filibustero de William Walker. En el artículo Alexander von Frantzius, notable pionero de nuestras ciencias naturales (Revista de Ciencias Ambientales, 2021) se encuentra una síntesis de sus aportes a la ciencia y a la medicina.
Falleció el 18 de julio de 1877, cinco semanas después de cumplir 56 años, víctima del asma que lo aquejó casi toda su vida.
Sería oportuno que, en su memoria y como retribución a sus méritos con Costa Rica, la municipalidad local —con la anuencia de los propietarios de la tienda Llobet— coloque una placa en el sitio donde vivió en Alajuela. Este acto de justicia histórica podría realizarse el 18 de julio de 2027, al conmemorarse el 150.º aniversario de su muerte.















