Alicia Scherson nació en Chile un 17 de abril de 1974, siete meses y un poco más después del golpe de Estado de Augusto Pinochet. Aries según el Zodiaco, es un signo de fuego al que los astrólogos le atribuyen dones de acción, energía y pasión.
Se licenció como bióloga en la Universidad Católica, pero pronto abandonó los microscopios para reemplazarlos por la cámara y se marchó a estudiar en la Escuela de Cine y TV de San Antonio de Los Baños, el plantel internacional fundado en Cuba por Gabriel García Márquez. Luego, Alicia obtuvo la beca Fulbright para graduarse con un máster en Fine Arts en la Universidad de Illinois, Chicago.
Con esta buena caja de herramientas filmó Play en 2005, su primer largometraje. Una propuesta creativa novedosa donde evidenció sus talentos de guionista y directora. Presentó la película en el Festival Tribeca, de Nueva York, el evento creado por Robert de Niro luego del atentado a las Torres Gemelas. Veintiún años después volvió a Tribeca para exhibir Guerra de verano, en junio de 2026.
Guerra de verano es la adaptación al cine de El tercer Reich, la novela que Roberto Bolaño escribió en 1989 y fue publicada en 2010, siete años después de su muerte. Antes, en 2013, Alicia Scherson tuvo su primer rescate cinematográfico del autor de Los detectives salvajes, al estrenar en el Festival de Sundance El futuro, versión fílmica de Una novelita lumpen, de 2002, la última obra que el escritor publicó en vida.
En general, no es fácil aventurarse en la literatura a través del cine. La historia del celuloide está llena de ejemplos de clamorosos éxitos y sonados fracasos, aunque también abundan logros comerciales que han sido burdas manipulaciones de buenas novelas. Prescindiendo por ahora de este debate, hay que establecer que Alicia Scherson es una gran intérprete cinematográfica del mayor escritor chileno de finales del siglo XX.
Acción, energía y pasión. Tres condiciones esenciales para hacer cine en Chile, donde la creatividad requiere, además de talento, capacidad de gestión en la búsqueda de financiamientos, armar equipos y reclutar buenos elencos. En El futuro, Scherson usó locaciones en Italia y contó con las actuaciones de la entonces joven actriz chilena Manuela Martelli, además del holandés Rutger Hauer, el replicante de Blade runner.
Guerra de verano se estrena este segundo semestre en Chile mientras inicia su recorrido por festivales. Sus locaciones se distribuyeron entre Piriápolis (Uruguay), Santiago, San Antonio y el popular balneario costero de Cartagena en territorio chileno. También en esta película Alicia configuró un buen elenco, encabezado por la chilena-estadounidense Lux Pascal y el canadiense Dan Beirne, además de los argentinos Agustín Pardella y Malena Sánchez y los chilenos Aline Küppenheim, Gabriel Cañas, Camilo Arancibia y David Gaete.
Gaete es el Quemado, el personaje más especial de la novela de Bolaño, que acompaña a Udo Berger (Dan Beirne) en la obsesión compulsiva por el juego de guerra basado en las campañas finales del Tercer Reich, aunque en rigor la cuestión bélica es en la obra literaria una suerte de metáfora que atraviesa los conflictos que cargan todos los protagonistas.
El segundo largometraje de Scherson fue Turistas, estrenado en 2009. Como en toda su filmografía, aquí también la directora fue guionista. A propósito de esta cinta recuerdo intercambios con Alicia donde reafirmó su admiración por Michelangelo Antonioni (1912-2007), de quien en alguna medida se considera discípula.
Directora, guionista, académica universitaria. Alicia Scherson compatibiliza su carrera fílmica con la dirección del Taller de Ficción en la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad de Chile, donde dirige también desde su creación en diciembre de 2020 el canal de TV, una estación pública sin fines de lucro.
El siguiente es el diálogo de Meer magazine con Alicia Scherson:
¿Cuál es el mayor desafío, según tu experiencia con Bolaño, al adaptar una obra literaria al cine?
En ambos libros de Bolaño el real desafío es enfrentarse a ese intangible que puede llamarse “atmósfera”, esa sensación que nos dejan sus novelas de haber viajado por un universo particular que funciona en una frecuencia propia, y que no radica en la trama, ni en los personajes ni en la estructura, sino en aquello que la escritura misma produce en los lectores. Ese misterio inasible es justo lo que intento bajar a tierra, materializar en una puesta en escena, en una iluminación, un tono actoral, una música. Son decisiones muy concretas que tratan de construir el equivalente cinematográfico de esa atmósfera, que por lo demás es profundamente subjetiva, es mi lectura de Bolaño lo que estoy buscando.
¿Cómo se logra en la adaptación cinematográfica interpretar y transmitir la esencia (mensaje, intención) del autor y su obra? Hay quienes sostienen que muchas películas “literarias” fracasan en esto y sin duda hay muchos ejemplos que lo demuestran.
Depende mucho de lo que se pretenda desde el cine. Y de la selección de la obra. Hay quienes buscan en la literatura solo las ideas para la historia, la trama, o bien productores que piensan que una novela exitosa asegura una película exitosa. Ambas estrategias para mí tienen altas probabilidades de fracaso. Una novela demasiado perfecta es probablemente una película fallida. Me interesan los materiales más precarios, brillantes en algún sentido por supuesto, pero no redondos. Creo que allí puede producirse realmente la colaboración de la literatura y el cine. Frente a la obra maestra, canonizada, el cine siempre va a fallar. Me parece mucho más interesante cuando un libro te interpela a ti particularmente, no porque sea un best seller o haya ganado un premio, de la misma forma en que una pintura, algo visto al pasar en la calle o una canción puede interpelarte, hechizarte y convocarte a hacer una película a partir de eso.
En ti confluyen la directora y la guionista. Escribes los guiones de tus películas y has sido coguionista de filmes de otros/as directores/as. Pareciera que en tu formación como creadora la literatura va de la mano con el cine ¿Es así?
Soy muy lectora y me gusta mucho escribir, pero a la literatura con mayúscula le tengo miedo. El guion es una manera quizás precavida o protegida de poder escribir, porque siempre es un borrador de obra, uno que solo leen los colaboradores y que puede tener errores porque está eternamente inconclusa, hay tiempo de corregir, versión tras versión y luego en rodaje, en montaje y hasta en la mezcla de sonido, puedes seguir reescribiendo.
Dijiste en una entrevista que Los detectives salvajes y 2666 son novelas demasiado buenas como para llevarlas al cine. ¿Además de Una novelita lumpen (El futuro) y El tercer reich (Guerra de verano), hay otras obras de Roberto Bolaño que te gustaría adaptar al cine?
Novelas como Amuleto o La pista de hielo podrían ser películas magníficas, pero no creo que yo adapte otra obra de Bolaño, al menos no en los próximos años. He estado mucho tiempo sumergida en ese universo que es muy seductor, pero también espeso, muy masculino y un poco desesperanzado. Creo que Bolaño fue un escritor profético en el sentido de que describió un estado de mundo que vemos ahora demasiado de cerca. Hoy necesito salirme un poco de eso y buscar otras miradas de otros futuros posibles.
¿Tienes en la mira otras obras literarias para llevarlas al cine? ¿Cuáles?
No. Estoy leyendo mucha novela latinoamericana contemporánea, pero no pensando en adaptar. Tengo un guion mío que se llama Estoy bien y ya estamos buscando financiamiento para filmar y además tengo un documental, codirigido por María Paz Gonzalez, sobre la obra Neva que está en proceso de montaje. Con esos dos proyectos es suficiente por un tiempo.















