Con la presente publicación damos el punto final, que había quedado tan pendiente, a nuestro recorrido por los salones del vals, comenzado en la región de Austria y culminado hoy con obras mexicanas. Todo este tiempo he sentido el temor de desinformar, dada mi falta de conocimientos en la materia. En parte por eso es que me sacrifico a seguir con este tema –el cual ofrece tantas y tan variadas vetas.
Este recorrido es parcial y, por lo mismo, objetable; además de que da cuenta de solo algunos de los incontables países latinoamericanos en donde el vals se instaló.
Sobre todo, los valses aquí seleccionados no lo fueron porque se consideren los mayores botones de muestra de la música de su país: son, en cambio, tan solo ejemplificaciones.
En términos muy generales, se puede afirmar que el vals en América Latina toma –como tanta otra música– dos formas: la de salón y la popular. El vals que se ejecuta en los salones reviste de formalidad y ceremonia; el otro puede sonar de pronto en la calle. El de salón es un vals que quiere observar los cánones que le dieron origen. El popular es una variante que adopta formas e instrumentos propios de la tierra adonde llegó; no por no respetar, sino por la gran fuerza de la música nativa. Por otro lado, es una manera de volver al primitivo origen de esa música: el pueblo, por supuesto. Además, me sorprende que una de las formas que tome este tipo de música sea vocal; pero de que el vals como canción se impuso, se impuso.
Ejemplo de vals peruano
El compositor peruano de música criolla Augusto Polo Campos es autor de Cuando llora mi guitarra (desde luego, no hay que confundirlo con While my guitar gently weeps, de The Beatles, que por su título se le parece mucho), un vals surgido en la segunda parte del siglo XX. Se trata de una creación que ha trascendido muchas épocas y fronteras. Quien lo escuche percibirá un fluir de la música donde el ritmo consabido del vals se vuelve lento.
Aunque la versión de referencia y culto se debe a Julio Jaramillo, tanto así que se cae en el error de considerarlo su compositor, vamos a oírla con el tenor –precisamente peruano– Juan Diego Flórez –me parece que también interpreta la guitarra él mismo (es muy probable que cuando la cante le venga a la mente del artista el recuerdo de su padre, cantante popular, a quien de seguro se la escuchó).
Ejemplo de vals venezolano
Brisas del Zulia es un vals que se convirtió hasta en un segundo himno venezolano; asimismo es primario en el corazón de los nativos de aquel estado. Su composición se debe a dos comunicadoras: Gloria Alba Molero, en la letra, y Amable Espina, en la música.
Ejemplo de vals argentino
Los músicos rioplatenses Francisco Canaro y Luis César Amadori crearon Quisiera amarte menos, que, por ser ellos dos figuras del tango, es considerado como tal, además de que está dentro de su época de auge, etcétera, etcétera; sin embargo, se trata en realidad de un vals. El tema circuló también bajo el título de Primavera, acaso los que lo recuerden en México sea por la muy disfrutable versión de Marco Antonio Muñiz. En esa ocasión, lo escucharemos como la pieza que más me gusta, del cantante también mexicano José José.
Ya que nunca fue grabada en disco, óigala usted seleccionando, por favor, el minuto 1:02:26 de la siguiente videograbación:
Ejemplos de vals mexicano
Hablemos primero de Vals Capricho. En mi niñez, con unos 6 o 7 años, oía la historia de Chucho el roto por la radio: un bandido que robaba, a la manera legendaria, la fortuna de los ricos para que los pobres aliviaran en algo su infortunio. El Vals Capricho, del compositor y pianista mexicano Ricardo Castro, tema musical de la radionovela, me conquistó para siempre. Los invito a ver si arranqué en esto de mis (s)elecciones musicales con buen gusto, oyendo la versión orquestal de la obra.
Detengámonos ahora en Sobre las olas. El compositor mexicano Juventino Rosas compuso Junto al manantial, una de sus primeras obras, a la que el título Sobre las olas le fue impuesto más adelante. No imaginaba seguramente el joven –pues era entonces aún menor de edad– que la pieza se tornaría el vals mexicano más famoso y una de las selecciones más queridas del público de México de entonces a toda la posteridad.
Hacia la segunda mitad del siglo XX el tenor estadounidense Mario Lanza caracterizó a su colega italiano en la película El gran Caruso (en su traducción al español), donde interpreta, cambiando una vez más su nombre, nuestro vals; así que, incluso en este vals, instrumental por excelencia, tendremos predominantemente la voz humana.















