Pues ahí lo tienes, España ha ganado la final contra Argentina. Tenías dudas, ¿no? No te parecía probable que España rompiera de nuevo esa maldición de poder ganarle a una selección interplanetaria pero no en una final del mundo, como si aquella victoria del 2010 en Sudáfrica fuese irrepetible para igualar a Francia en cantidad de títulos… Te ríes, secretamente, confiando en que gane España, no por ser español, sino porque te gusta cómo juegan. Ah, y lo del mundial, eso que dicen de que estaba amañado, ¿quién lo sabe? Cierto que ha habido tantas cosas raras, ¿no?, pero no es la primera vez, ni será la última. Los que juegan saben todo eso; apenas ayer viste ese documental que repasaba todos los mundiales y los hechos sospechosos habidos. Así es esto, aquí la gente vuelca sus pasiones, su lado irracional…

“¿Y si retamos al equipo nuevo?
“¿El de José Manuel?
“¿Quién es José Manuel?
“¡Quién va a ser el panadero del Arbolito es quien formó el equipo y es su entrenador!
“Bueno, como sea, retémoslos.
“Son buenos, ayer le ganaron a Barrio San Cristóbal…
“Pero sí les podemos ganar si logramos reunir un buen equipo.
“¡No tenemos portero!
“Yo me encargo de convencer al Gato.
“¿En serio, qué le vas a proponer?
“Yo lo conozco; sé cómo llegarle.
“Bueno, si el Gato ataja….

Te levantas del sofá y vas a la cocina por un refresco… Nada. Con esa manía de no tomar azúcar ya no tienes ni agua fría. Buscas por todas partes hasta encontrar una botella de vino, tequila y whisky, pero ni lo piensas, es muy tarde (o muy temprano en la madrugada, como quieras verlo) y quieres evitar cosas que te impidan dormir. Esta semana has dormido en promedio cuatro horas, así que te conformas con un pequeño trago de agua, apenas para engañarte. ¡Qué miseria! Piensas, recordando el deterioro físico que has tenido los dos últimos años. Estás agotado, no tienes fuerza para nada. Si viste la final del mundial no fue por un decidido interés, más bien por simple renuncia a levantarte del sofá e ir a hacer otra cosa (dormir, por ejemplo, leer un libro, hacer una rutina de yoga), convencido de que tu agotamiento te lo impediría. En cambio, manejar el control remoto es algo que aún puedes hacer.

El día del partido te dispusiste a ir a la casa del Gato, aunque no supieras bien su dirección, solo el barrio, el último de todos, al final del pueblo, y la casa al final del barrio (como acabarías por descubrir).

Era un día caluroso, bochornoso e insoportable, por lo que la caminata de casi una hora te dejó exhausto, y más aún al saber que el Gato no estaba ese día en su casa pues había ido a visitar a una tía. De haberle podido telefonear antes, lo habrías hecho, pero el Gato era tan pobre como talentoso, por lo que su familia no podía permitirse el lujo de tener un teléfono. Para llamar a otros, como tantos en aquel barrio humilde, usaba el teléfono público junto a la pulpería.

¿Y ahora qué hago? Piensas en al girarte derrotado para regresar por donde viniste hasta llegar a la cancha de fútbol. Y de nuevo el bochorno te golpea, “inmisericorde”, y llegas empapado para dar las explicaciones del caso. Oscar sale a recibirte.

¡Oscar! Piensas en él y en toda la pandilla, aquella que te integró a pesar de ser malo para cualquier deporte, especialmente para el fútbol… Antes de la pandilla jugabas solo en el jardín de tu casa o ibas a mirar a otros niños jugar durante el recreo de la escuela. Entonces llegó Oscar y te dijo que ocupaban un jugador más. Terminaste en la portería y así supiste que el resultado no era tan importante; a esa edad importa más recordar cómo marcaste un gol o cosas por el estilo que el resultado final. Perder no era tan trágico, aunque ganar, desde luego, era mucho mejor.

“¿Dónde estabas? “Lo siento, no pude localizar al Gato. “De por sí ya jugamos…1.
“¿Y cómo quedaron?
“Perdimos 7 a 1”, dijo Oscar muerto de risa. Tendrías que haber visto al Enano lanzarse sobre el charco bajo el marco después de que la bola ya había pasado. Creo que se lanzaba de puro gusto.

Jorge Luis Borges tenía una muy mala impresión del fútbol: "El fútbol es popular porque la estupidez es popular —decía—. Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos”. Y para colmo, le parecía que despertaba atávicos sentimientos de odio… ¿Así que qué piensas? —te dices—, mientras sabes que Borges, que probablemente jamás jugó al fútbol (y afirma jamás haber visto un partido dada su grado de ceguera y tedio hacia lo que no estimulara su interés decididamente), nunca tuvo la oportunidad de sentir ese vínculo de párvulos que produce el fútbol libre de motivos políticos y comerciales, cuando el ser humano aún no está completamente dominado por la fuerza de su ego. Porque el odio —te dices— no es algo derivado del fútbol, sino una parte de la naturaleza humana.

Oscar, el Enano, el Gato y todos los demás se habían ido (o tú te habías marchado de su presencia), ahora que vivías en aquella tierra en la que luchabas por construir un hogar, pero que era tan distinta a la niñez en tu memoria. Por eso el fútbol te servía de catarsis para avivar los años idos y de nuevo vivirlos, aunque fuera internamente, sentado en el sofá de tu sala frente a la pantalla del televisor. El amor era lo que más recordabas del fútbol, la amistad compartida, la fuerza de ser invencibles a pesar de la derrota.

Nota

1 En el español costarricense, la expresión “de por sí” equivale a “de todas maneras”.