En mis más recientes investigaciones universitarias constantemente me veía confrontado con una interrogante, no necesariamente planteada en la literatura académica: “¿es la descolonización un fenómeno revisionista?”. La primera vez que vi una cuestión similar fue en el primer borrador e invitación a la conferencia “Revisionism in Modern International Politics – Historical Phenomenon and International Management” de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia y del Instituto Nobel de Oslo bajo la dirección del célebre historiador y teórico conservador Andreas Rödder. Pese a que aquella cuestión no llegó a formar parte del programa final, esta merece, a mi parecer, ser analizada minuciosamente.
Lo cierto es que esta pregunta puede ser abordada desde varias aristas. Por una parte, el término “revisionismo” en sí mismo puede llegar a ser criticado como un “concepto eurocéntrico”, esgrimido contra estados que cuestionan el statu quo occidental entendido como “legítimo”1. Asimismo, otros trabajos, también dentro de la tradición posestructuralista, ubican en mitos anticoloniales y antioccidentales el legitimante ideológico suficiente para emprender una política exterior revisionista2. Una aproximación, en mi opinión, central en la visión de esta interrogante debe ser integrar procesos de descolonización en el análisis de políticas exteriores revisionistas.
Una respuesta clara, a mi juicio, debería dejar algo de lado los postulados de teorías decolonialistas, críticas, sistémicas y/o marxistas, pues estas tienden a ver a las relaciones de poder entre los estados como un caso de colonialismo encubierto. Según estos marcos, el centro (cualquiera sea este) oprime a la periferia por vías económicas, culturales, soft power y similares –todo eso sería colonialismo. Bajo tal postulado cualquier política económica heterodoxa o desarrollista constituiría un caso de revisionismo, cuestión que restaría capacidad analítica al término.
Dado que descolonización es un término cargado de normativismos, entenderlo como separación de la metrópoli como proceso constatable y observable podría ser un objeto de estudio más concreto y conceptualmente menos problemático. ¿Es la separación con la metrópoli un caso de política exterior revisionista? ¿En qué condiciones lo es? Para responder a estas interrogantes, intentaré esbozar un primer acercamiento a la cuestión central desde la teoría de las Relaciones Internacionales y de la historia diplomática respecto al caso de la Expedición Libertadora del Perú, en su tiempo dirigida por José de San Martín. Este método de análisis de caso permitirá proporcionar una ilustración preliminar de separaciones de la metrópoli y revisionismo3.
Algunos conceptos generales: Revisionismo, Descolonización y Estado Revolucionario (y Reaccionario)
Para averiguar si los procesos de descolonización (término azaroso, por lo menos) conllevan una política exterior revisionista, se debe ahondar en qué es el revisionismo (o por lo menos qué definición relevante se le debe dar). Lo cierto es que, si bien la categoría es tan antigua como el estudio de las relaciones internacionales, esta ha sido poco teorizada y conceptualizada por décadas4. Ante la infinidad de debates definitorios y taxativos de la actualidad, una alternativa relativamente parsimoniosa es entender al revisionismo como un fenómeno distributivo.
En un mundo de estados, los bienes relevantes del sistema internacional (territorios, mercados, estatus, ideologías, legislación e instituciones internacionales) no están distribuidos equitativamente, ni conforme a los intereses de todos los estados5. Estos recursos son relevantes, pues permiten (o constriñen) los intereses básicos de cualquier estado (mantener autonomía y/o seguridad). Por ejemplo, un estado rodeado de territorios montañosos está protegido de amenazas a la vez que uno mediterráneo no tiene una total autonomía en la distribución de sus productos. Si un estado hace de su ideología dominante universal, este puede darse el lujo de temer menos por conflictos de esta índole o hasta ampliar su margen de maniobra por medio de la hegemonía cultural6.
A esta situación se le puede considerar como el statu quo internacional, mismo que produce estados satisfechos y contentos, dispuestos a acarrear costos para la protección de sus posesiones (principalmente entre potencias establecidas) o que son, por lo menos, apáticos y proclives a la resignación debido a su debilidad material. Otros estados, por el contrario, se sentirán insatisfechos con el statu quo y optarán por redistribuir estos recursos7. La política exterior orientada a redistribuir estos recursos, en propio beneficio, es lo que desde la óptica distributiva es considerado como revisionismo8.
Una política exterior revisionista consiste, específicamente, en que un estado oficialice objetivos redistributivos, los priorice por sobre otras políticas públicas y se muestre dispuesto a incurrir en costos altos para este cometido9. Esa definición es altamente útil, pues es fácilmente observable desde documentos oficiales y el análisis de la historia diplomática sin caer en la necesidad de formular excesivas tipologías según el objetivo revisionista en cuestión10. Asimismo, esta evita posibles tautologías en identificar al revisionismo desde la propensión a la guerra o a la agresión.
Bajo tal perspectiva, las definiciones posteriores a la reciente creación de los países africanos contemporáneos del término descolonización pierden altamente en utilidad analítica. Desde esta óptica, la descolonización quedaría reducida a un “revisionismo discursivo”, ejemplificado en actos como la firma de tratados condenatorios u objetivos abstractos para el acceso a ciertos recursos de uso humano básico. Estas cuestiones, por ende, no llenan los (altamente amplios) estándares de la concepción distributiva y demandarían otro tipo de aproximaciones hacia este fenómeno internacional11.
Otra definición, más clásica y menos ambiciosa, del término descolonización identificaría este proceso histórico con el objetivo expreso de formar estados independientes separados de las metrópolis (por ende, sin aspiraciones de distanciamiento de conceptos similares como secesionismo, separatismo o autodeterminación)12. Esta óptica permite, no solo abordar la descolonización desde la segunda mitad del siglo XX, sino también desde la primera mitad del siglo XIX en Latinoamérica, cuando aún no existían planteamientos ideológicos sobre el rompimiento con la “civilización blanca” o similares13.
La separación de la metrópoli en sí misma no es un caso de política exterior revisionista, pues los imperios coloniales (por definición) ejercen una dominación directa y (en principio) un monopolio de la violencia sobre sus territorios (el proceso revolucionario previo a la descolonización calzaría, más bien, en la categoría de conflictos internos)14. No obstante, estados recientemente independizados pueden ejercer una política exterior revisionista si esta tiene como objetivo formar otros estados independientes (inclusive anexar territorios pertenecientes al imperio colonial como intentaron los Estados Unidos con Canadá en 1812)15. Bajo tal premisa, identificar a la descolonización como una forma de revisionismo es posible y puede considerarse para nada una anomalía histórica.
¿Por qué un estado adoptaría un revisionismo descolonizador en un principio? Por lo general los estados recientemente independizados son periféricos, débiles, pobres y subdesarrollados (no necesariamente por herencia, sino por el colapso institucional y material que conlleva un proceso de independencia). Por consiguiente, adoptar una política exterior de este tipo es (en principio) irracional16. Una posible respuesta a ese rompecabezas podría encontrarse en el trabajo del politólogo estadounidense Jason W. Davidson, quien formuló la primera teoría sistemática para la explicación del revisionismo (también desde la óptica distributiva), en principio para el análisis de la política exterior de potencias en ascenso. Si se decide aumentar la amplitud de este marco, la teoría de Davidson puede ser perfectamente aplicable a casos de un revisionismo descolonizador.
Para Davidson, la combinación de los siguientes factores brindaría una explicación suficiente para la adopción de una política exterior de este calibre: (1) percepciones de amenazas a la seguridad y/o la autonomía en el statu quo por parte del aparato de política exterior de un estado; (2) predominancia de grupos internos relevantes (capaces de hacer tambalear al gobierno) que demanden el cumplimiento de políticas revisionistas (principalmente nacionalistas); (3) percepción de un ambiente internacional que permita la implementación exitosa de objetivos redistributivos del statu quo (alto poder relativo propio, presencia de aliados poderosos, letargo de estados satisfechos)17.
Estados recientemente independizados suelen tener, entre sus ideólogos y líderes, a radicales. Generalmente estos estados (si es que el desacoplamiento con la metrópoli no se ha producido diplomáticamente) son productos de revoluciones. Según Henry Kissinger, esta cuestión sería la génesis de “estados revolucionarios”, que a menudo por política exterior no plantean solamente redistribuir los bienes internacionales, sino reescribir la misma lógica en la que opera el sistema internacional sin capacidad de llegar a consensos18.
Esta apreciación no ha estado exenta de críticas19, pues concibe solo racionalidad estratégica en algunos tipos de estados bajo estándares algo reduccionistas. No obstante, es evidente que las revoluciones producen a revolucionarios, facciones radicales, caudillos internos que frecuentemente demandan una radicalización del proceso (también hacia afuera). Estos pueden fungir como los grupos pro-revisionistas relevantes internos.
Los factores externos del marco propuesto por Davidson se mantienen inalterados. Por una parte, ningún estado recientemente independizado se embarcaría en la aventura de descolonizar a los otros si no considerase tener altas probabilidades de éxito, pues puede hacer peligrar su propia independencia de ser ese el caso. En esta misma línea, la continuidad de la presencia de la metrópoli en regiones cercanas puede ser considerada como un peligro latente (tanto para seguridad como para autonomía). Esta probabilidad es aún mayor si la metrópoli adopta una línea agresiva y hostil orientada a mantener (o restaurar) su posición histórica20, pues otorgaría una motivación urgente para la adopción de una política revisionista.
La existencia de un estado imperial rabiosamente contrario a la independencia de sus antiguas posesiones puede ser tan intransigente y agresivo como un estado revolucionario como teorizaba Kissinger. Esto sería el caso de un estado reaccionario en todo sentido, uno que no descansaría hasta retomar el statu quo ante21. Frecuentemente es la presencia de un estado disruptivo (y revolucionario) en política internacional el activador de diversas crisis y conflictos22. En tal contexto, nada impide que un estado reaccionario pueda tener también ese rol. Finalmente, como señalaba el gran teórico de la historia y de la teoría realista de las Relaciones Internacionales, Edward Hallet Carr: “La defensa [a ultranza] del statu quo no es una política que pueda tener éxito a largo plazo. Terminará en guerra con la misma certeza con la que el conservadurismo rígido terminará en revolución”23.
Una ilustración de lo abstracto a lo concreto: la Expedición Libertadora, el Plan Continental y el Virreinato del Perú
Quizá uno de los casos más representativos que permita ilustrar lo anteriormente propuesto sea la Expedición Libertadora del Perú. El 5 de febrero de 1819, las Provincias Unidas del Río de la Plata (desde acá referidas como Argentina) y el Estado de Chile oficializaron y lo hicieron constar en un tratado que una expedición militar binacional ingresaría a Lima y expulsaría a las fuerzas españolas del Perú24. Este acontecimiento significó el inicio de una política de estado orientada hacia una redistribución del statu quo territorial de la región (eliminar la presencia física de un estado ahí asentado, en este caso España).
Este acuerdo no solo oficializó un objetivo revisionista de carácter territorial claro, sino que demostró la apertura a costos (finalmente las guerras generan pérdidas materiales y humanas, ya contempladas en los artículos del documento) y la priorización por sobre otros objetivos (alrededor de 1820 el primer estado nacional argentino colapsaría en una anarquía regional a lo que el Ejército Libertador optaría por continuar con sus misiones bajo el mando de José de San Martín antes que retornar al restablecimiento del orden en la actual Argentina)25. Sin ahondar en los debates historiográficos sobre la Independencia del Perú (independencia conseguida, concedida o concebida), es innegable que la estocada final al Virreinato del Perú se dio por la presencia del Ejército de los Andes (y luego del Ejército Bolivariano)26. Asimismo, resulta incuestionable que esa postura representaba (independientemente o debido al desarrollo interno del Perú) un interés chileno-argentino traducido en políticas concretas27.
Sin mayor ánimo que ilustrar los postulados antes que realizar una prueba más rigurosa (que requeriría una extensión mucho mayor), pruebas centrales del desarrollo histórico parecen sustentar el concepto del revisionismo descolonizador presentado anteriormente. Por una parte, Argentina era un estado tambaleante a la vez que revolucionario. Haber sido el fruto de la Revolución de Mayo y no haber experimentado el cruento proceso de Reconquista que sí sufrirían otros estados como Ecuador, Chile o la Nueva Granada, haría de Buenos Aires el caldo de cultivo perfecto para el afloramiento de radicales maximalistas que propiciaran los proyectos más ambiciosos.
La Argentina embrionaria era un estado profundamente dividido, con el poder de gobernadores regionales en ascenso (tan es así que estos consiguieron derrotar al Directorio de Buenos Aires y sumir a la joven república en la Anarquía del Año 20)28. Muchos de los revolucionarios más álgidos eran quienes comandaban las provincias o por lo menos tenían una gran presencia en ellas. Por consiguiente, la presencia del caudillaje del interior representaba un grupo relevante pro-revisionista como teorizaría Davidson. Esto se ve ejemplificado en la figura del mismo San Martín, quien como gobernador de Cuyo elaboraba ya planes y proclamas en búsqueda de la concreción de un “Plan Continental” para expulsar a Madrid de Sudamérica (como así lo constata su propia correspondencia)29.
Davidson mismo reconoce en su trabajo que los estados muchas veces actúan más por disquisiciones exteriores que por presiones interiores. Es así que el Virreinato del Perú, ejemplo claro de un estado reaccionario, cobra relevancia. El Ejército Real del Perú, en cuestión de meses, pudo ejercer una implacable campaña de reconquista en Quito y Chuquisaca30 a la vez que organizar una fuerza contrarrevolucionaria lo suficientemente fuerte como para deponer a la Patria Vieja instalada en Santiago de Chile31. El régimen virreinal peruano era reconocido ya por adeptos del fidelismo de la época como un dique de contención, casi imbatible, tanto contra los movimientos de juntas como contra las tendencias liberales propugnadas por la Junta de Sevilla –como, por ejemplo, diagnosticaba el en ese entonces arzobispo de Lima Bartolomé de las Heras32.
El virrey Luis Fernando de Abascal (1806-1816) adoptó un proyecto tan “peruanista” como reaccionario para la causa fidelista. Aprovechándose del caos iniciado tras la Invasión Napoleónica, pretendía una restauración de la hegemonía y territorialidad del Virreinato del Perú en tiempos de los Austrias (por lo que se adelantó a las pretensiones expansionistas hacia el norte y el oriente continuadas posteriormente por José de la Mar y Agustín Gamarra)33 –al punto en que hasta Jorge Basadre llamó a lo propuesto por Abascal como una suerte de “proyecto nacional” peruano muy prematuro34. Desde la arista reaccionaria y “nacionalista”, el régimen virreinal limeño en palabras del propio virrey había identificado al Buenos Aires revolucionario como su mayor enemigo debido a la pérdida de relevancia peruana como consecuencia de la creación del Virreinato del Río de la Plata y debido al símbolo de Buenos Aires como el único proyecto “juntista” realmente exitoso35.
No solo era el Virreinato del Perú un estado reaccionario en toda regla, empecinado en impedir las independencias, que ya había demostrado su poder e intenciones y que veía con hostilidad a las Provincias Unidas, sino que las autoridades argentinas mantenían aquella percepción. Un ejemplo claro es una carta del propio San Martín y el Directorio de Buenos Aires –en ella se diagnostica y advierte sobre el peligro inminente de una invasión de parte del Ejército Real del Perú organizada en Chile tras el invierno. Ahí se asevera que la Argentina contaría con una corta ventana de oportunidad para impedir tal empresa por vía de la independencia de todo el continente36. Davidson señala que para la adopción de una política exterior revisionista (en este caso centrada en expulsar a España) se necesitaría una motivación, ver en el statu quo un peligro agudo –en este caso, mantener la presencia virreinal en Lima habría sido considerado como la antesala a la desaparición de las Provincias Unidas en una concepción de suma cero.
De ahí que venga el último eslabón de la cadena, el último requisito según el politólogo estadounidense: considerar por vía de aliados fuertes, propio poder o letargo del adversario que el potencial revisionista tiene altas prospectivas de éxito. Si bien no hay pruebas documentales claras de que las autoridades rioplatenses hayan considerado que España se encontraba en una posición de especial debilidad ni mucho menos que Buenos Aires estaba en condición de dirigir una guerra revolucionaria furtiva para expulsar al régimen virreinal limeño, por lo menos desde la óptica de San Martín (en caso de seguir su plan) sí existían altas posibilidades de éxito.
Si se conseguía liberar a Chile, restaurar un gobierno independiente y revolucionario en Santiago, la base material del ya agotado virreinato limeño se desmoronaría mediante el desabastecimiento37. Aun de forma pasiva, tal y como postula la teoría, considerar que un aliado entrega grandes probabilidades de éxito es un motivo para iniciar una política revisionista. En este caso el revisionismo se orientaba a la descolonización, cuestión que cierra el círculo conceptual y permite ilustrar fielmente lo abstracto en términos concretos.
Conclusión
Bajo la óptica distributiva del revisionismo y bajo el entendimiento más clásico de descolonización, sí que es posible hablar de un revisionismo descolonizador. Esta conceptualización, no obstante, tiene variables y condiciones claras. Este tipo de política exterior debe ser aplicada por un estado independiente, debe tomar como objetivo primario (oficial, abierto a costos, prioritario) la redistribución de los bienes internacionales relevantes y esta postura redistributiva debe ampararse en la separación de colonias con respecto a la metrópoli. Para explicar la adopción de una posición revisionista de tal tipo, los conceptos de Davidson y Kissinger son de alta utilidad.
El caso del Río de la Plata (y de Chile) frente al Virreinato del Perú es evidente. Bien claro se evidenciaba que el carácter revolucionario de la joven Argentina permitía el afloramiento de grupos pro-revisionistas internos. De igual forma, el carácter de franco estado reaccionario adoptado por el sistema virreinal limeño presentaba no solo una amenaza “objetiva” a Buenos Aires, sino también una percepción de inminente peligro para las autoridades rioplatenses mientras que España tuviese presencia en el continente. En definitiva, con miras a solucionar esa problemática, fue la consideración de la ventana de oportunidad y de la posibilidad de un Chile revolucionario aliado la apuesta que otorgó perspectivas altas de éxito y que consolidó la voluntad de ejercer una política revisionista orientada a la independencia del Perú.
Este marco analítico demuestra así tener al menos una cierta utilidad para identificar cuándo y en qué condiciones se puede hablar de descolonización como un acto de revisionismo internacional. Esta cuestión merece una mayor profundidad de análisis a futuro, con miras a resolver debates aún muy presentes en las ciencias sociales y en las humanidades.
Bibliografía
Fuentes primarias
Abascal, Luis Fernando de (22/10/1810): Carta del Virey del Perú a Su Excelencia el Secretario de Estado. CDIP. Carta de Luis Fernando de Abascal a Francisco Arias de Saavedra respecto a la campaña de reconquista. En: Guillermo Lohmann Villena (ed.): Colección Documental de la Independencia del Perú. Tomo XXII: Documentación Oficial Española. Lima: Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, pág. 208.
Abascal, Luis Fernando de (1944): Memoria de gobierno. edit. por Vicente Rodríguez Casado y José A. Calderón Quijano. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos.
las Heras, Bartolomé de (09/11/1809): Carta del Arzobispo de Lima su Majestad el Rey. CDIP. Carta de Bartolomé de las Heras a Fernando VII respecto a la campaña de reconquista. En: Guillermo Lohmann Villena (ed.): Colección Documental de la Independencia del Perú. Tomo XXII: Documentación Oficial Española. Lima: Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, pág. 179.
Mitre, Bartolomé (1887): Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana. Buenos Aires: Imprenta de "La Nación".
O’Higgins, Bernardo; Echeverría, Joaquín (05/02/1819): Tratado para poner término a la dominación española en el Perú. 1819. Fuentes Históricas y Documentales para el Estudio de la Historia de Chile. Tratado particular entre el Estado de Chile y el de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, para libertar al Perú. Buenos Aires, 5 de febrero de 1819.
San Martín, José de (1887a): Apéndice N°8. En: Bartolomé Mitre: Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana. Buenos Aires: Imprenta de "La Nación", pág. 598–604.
San Martín, José de (1887b): Apéndice N°9. En: Bartolomé Mitre: Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana. Buenos Aires: Imprenta de "La Nación", pág. 604–610.
San Martín, José de; Jefes del Ejército de los Andes (1887): Carta de San Martín a los jefes del Ejército de los Andes, y Acta de Rancagua. En: Gonzalo Bulnes: Historia de la espedicion libertadora del Perú (1817-1822). edit. por Rafael Jover. Santiago de Chile, pág. 191–193.
Literatura
Basadre, Jorge (1973): El azar en la historia y sus límites. Lima: Ediciones P. L. V.
Betts, Raymond F. (2012): Decolonization. A brief history of the word. En: Els Bogaerts y Remco Raben (eds.): Beyond Empire and Nation. The Decolonization of African and Asian societies, 1930s-1960s. Leiden, Boston: Brill, pág. 23–39.
Bisley, Nick (2004): Counter-revolution, order and international politics. En: Review of International Studies 30 (1), pág. 49–69.
Bonilla, Heraclio; Spalding, Karen (1972): La Independencia en el Perú: las palabras y los hechos. En: José Matos Mar (ed.): La Independencia en el Perú. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, pág. 15–64.
Bushnell, David; Macaulay, Neill (1989): El nacimiento de los países latinoamericanos. Madrid: Nerea.
Buzan, Barry (1991): People, states and fear. An agenda for international security studies in the post-cold war era. 2 ed. New York: Harvester Wheatsheaf.
Carr, Edward H. (1946): The twenty years' crisis 1919-1939: an introduction to the study of international relations. Nueva York: St. Martin’s Press.
Contreras, Carlos; Cueto, Marcos (2007): Historia del Peru contemporáneo. Desde las luchas por la independencia hasta el presente. 4 ed. Lima: Instituto de Estudios Peruanos (Estudios historicos, 27).
Davidson, Jason W. (2006): The origins of revisionist and status-quo states. Nueva York: Palgrave Macmillan.
Egel, Naomi; Ward, Steven (2022): Hierarchy, revisionism, and subordinate actors: The TPNW and the subversion of the nuclear order. En: European Journal of International Relations 28 (4), pág. 751–776.
Escudé, Carlos (2014): Realism in the Periphery. En: Jorge I. Dominguez y Ana Covarrubias (eds.): Routledge Handbook of Latin America in the World: Routledge, pág. 45–57.
Etzioni, Amitai (2015): Spheres of Influence: A Reconceptualization. En: The Fletcher Forum of World Affairs 39 (2), pág. 117–132.
Falk, Richard A. (1975): What's Wrong with Henry Kissinger's Foreign Policy. En: Alternatives: Global, Local, Political 1 (1), pág. 79–100.
Fisher-Onar, Nora (2022): The Capitulations Syndrome: Why Revisionist Powers Leverage Post-Colonial Sensibilities toward Post-Imperial Projects. En: Global Studies Quarterly 2 (4).
Hargreaves, John D. (1996): Decolonization in Africa. 2 ed. Londres: Longman (The postwar world).
Keohane, Robert O. (1984): After hegemony. Cooperation and discord in the world political economy. Princeton: Princeton University Press.
Kissinger, Henry A. (1957): A world restored: Metternich, Castlereagh and the problems of peace, 1812-22. Boston: Mifflin.
Krickovic, Andrej (2022): Revisionism revisited: developing a typology for classifying Russia and other revisionist powers. En: International Politics 59 (4), pág. 616–639.
Kustermans, Jorg; Carvalho, Benjamin de; Beaumont, Paul (2023): Whose Revisionism, Which International Order? Social Structure and Its Discontents. En: Global Studies Quarterly 3 (1).
Lynch, John (2001): San Martín: Argentine Patriot, American Liberator. Institute of Latin American Studies. Occassional Papers (New Series).
Maldonado Favarato, Horacio; Carcelén Reluz, Carlos G. (2013): El ejército realista en el Perú a inicios del XIX. Las nuevas técnicas artillería e ingeniería y la represión a los alzamientos en Quito y el Alto Peru. En: CUADERNOS DE MARTE 4 (5), pág. 9–43.
Odell, John S. (2001): Case Study Methods in International Political Economy. En: International Studies Perspectives 2 (2), pág. 161–176.
Pérez Taquio, Jorge Alberto (2021): El virrey que fungió de rey en América del Sur. En: La Vida & la Historia 8 (1), pág. 25–33.
Sánchez-Rodríguez, Pablo A. (2024): Change and World Order in Classical Realism: Understanding the Revisionist Challenge. En: Spanish Yearbook of International Law 28, pág. 429–440.
Schuman, Frederick L. (1948): International politics: the destiny of the Western state system. 4 ed. Nueva York: McGraw-Hill.
Schweller, Randall L. (1996): Neorealism's Status-Quo Bias: What Security Dilemma? En: Benjamin Frankel (ed.): Realism. Restatements and renewals. London: Cass (Cass series on security studies), pág. 90–121.
Termine, Lorenzo (2023): Where eagles do not dare. Understanding moderate revisionism in international politics. Tesis doctoral. Università degli Studi di Roma "La Sapienza", Roma. Dipartamento di Scienze Politiche.
Walt, Stephen M. (1990): The origins of alliances. 1 ed. Ithaca: Cornell University Press.
Wolfers, Arnold (1962): Discord and Collaboration: Essays in International Politics. Baltimore: Johns Hopkins Press.
Notas
1 Véase Kustermans et al. 2023.
2 Véase Fisher-Onar 2022.
3 Los estudios de caso pueden prestarse para ilustrar preliminarmente conceptos abstractos. Un ejemplo es el trabajo de Robert Keohane sobre la teoría de regímenes. Véase Odell 2001, pág. 163; Keohane 1984.
4 Sánchez-Rodríguez 2024, pág. 431.
5 Davidson 2006, pág. 13.
6 Ibid. 2006, pág. 36.
7 Schuman 1948, pág. 377.
8 Wolfers 1962, pág. 125.
9 Davidson 2006, pág. 13.
10 Termine 2023, pág. 56.
11 Véase Egel y Ward 2022.
12 Hargreaves 1996, pág. 244.
13 Betts 2012, pág. 23.
14 Etzioni 2015, pág. 117.
15 Es, asimismo, posible vincular tal tipo de política exterior con las acciones de grandes potencias como muestran los ejemplos históricos de España y Francia frente a Gran Bretaña, Londres frente a Madrid, los polos de la Guerra Fría contra el tradicional eje anglo-francés, etc. Sin embargo, este fenómeno es raramente asociado con un revisionismo de tal tipo. Véase Buzan 1991.
16 Escudé 2014, pág. 50–51.
17 Véase Davidson 2006.
18 Kissinger 1957, pág. 2.
19 Véase, entre otros, Falk 1975; Bisley 2004.
20 Walt 1990, pág. 19.
21 Krickovic 2022, pág. 627.
22 Schweller 1996, pág. 119.
23 Carr 1946, pág. 222.
24 O’Higgins y Echeverría 05/02/1819.
25 San Martín y Jefes del Ejército de los Andes 1887.
26 Bonilla y Spalding 1972, pág. 15; Contreras y Cueto 2007, pág. 50–51.
27 Lynch 2001, pág. 4.
28 Bushnell y Macaulay 1989, pág. 128–129.
29 Véase Mitre 1887.
30 Maldonado Favarato y Carcelén Reluz 2013, pág. 40–41.
31 Pérez Taquio 2021, pág. 30.
32 Las Heras 09/11/1809.
33 Pérez Taquio 2021, pág. 32.
34 Basadre 1973, pág. 146.
35 Abascal 1944, pág. 283, 22/10/1810.
36 San Martín 1887a, pág. 599–600.
37 San Martín 1887b, pág. 607.















