Muchos afirman que la ortografía ha empeorado radicalmente estos últimos años y en realidad esta, como tantas otras afirmaciones, es difícil de demostrar estadísticamente. Pero han sucedido muchas cosas que es necesario evidenciar al respecto y que sin lugar a dudas han tenido un efecto en nuestra escritura o en la escritura que afrontamos cotidianamente.

  • La escritura se ha masificado y democratizado en el sentido de que leemos textos no “filtrados” y quizás no corregidos oportunamente. Años atrás, se leían textos escritos casi exclusivamente por profesionales: periodistas, escritores, literatos, etc. Hoy escriben todos o casi todos “públicamente” y esto “baja” visiblemente el nivel. La cantidad siempre incide en la calidad.

  • La escuela ha cambiado y todas las exigencias de escribir bien, controladas con dictados semanales, son ya parte de un pasado, para muchos, lejano. La memorización y repetición constante no son prácticas didácticas en uso en nuestros días y hemos visto también que los criterios de evaluación no son los mismos.

  • Actualmente, se escribe sin usar el lápiz o lapicero, para no hablar de la pluma caligráfica, como se hacía en mi juventud, sino usando instrumentos tecnológicos que incluyen correctores de ortografía automáticos, que nos hacen pensar erradamente que el texto será huérfano de errores. Pero en una frase, se puede escribir “hacia” como preposición y en este caso sería correcto o “hacia” como en el pasado del verbo hacer, que tendría que ser “hacía” acentuada y estas “sutilidades” no son evidenciadas por el corrector ortográfico y el problema se manifiesta abiertamente, en el sentido de que el corrector no corrige y muchos no pueden identificar el error.

  • Esta última observación me lleva a otro comentario relacionado también con la escuela. Los programas didácticos han reducido la importancia de la gramática y explicar hoy la diferencia entre “como” comparativo y “cómo” interrogativo es un problema. Los instrumentos conceptuales, que tenemos para analizar el uso del lenguaje, son más limitados y esto refleja otro fenómeno, la masificación de la educación con su detrimento cualitativo. La discusión de incluir algo, como la gramática en el currículo escolástico o excluirla, no tiene fin y las consecuencias tarde o temprano las percibimos.

  • Esta masificación ha hecho realidad otro aspecto: la disciplina mental de los estudiantes ha cambiado. Antes los detalles eran importantes y aprender era controlar y manejar un tema sistemáticamente; el estudio era una actividad artesanal y práctica. Recuerdo, cuando niño, la cantidad de cosas que tenía que recitar de memoria: poesías, textos, fechas, personajes históricos, fórmulas, tablas de multiplicación. En nuestros días, aprender no es sinónimo de memorizar y somos menos conscientes y atentos a los detalles y la forma, factores que sin lugar a dudas determinan directa o indirectamente una escritura correcta.

  • Esta deficiencia en la atención es relativamente generalizada y un joven, que ha completado el liceo en nuestros días, no sabe lo mismo que sabía un joven en la misma situación 50 años atrás, porque la escuela y la realidad han cambiado, son distintas y casi incomparables.

  • Los errores ortográficos más frecuentes muestran o reflejan problemas de la lengua hablada y la pronunciación. La “h” muda crea dificultades; se confunde con la “s”, la “c” y la “z” porque no la diferenciamos fonéticamente. La “y” toma el lugar de la doble “l” y los acentos son olvidados sistemáticamente.

No afirmo que todos los jóvenes tengan problemas ortográficos, digo solamente que el porcentaje de los jóvenes que tienen dificultad para escribir sobre el total de los que escriben ha aumentado y quizás esta causa, ya mencionada, podría presentarse así: hoy escriben muchas más personas y los errores aumentan proporcionalmente y un poco más que la cantidad de escritores.

La pregunta interesante es esta: ¿hemos perdido algo importante con el aumento de los problemas “ortográficos”? Muchos dirán que no, pero persiste el problema del método: el mensaje está en la forma y la forma determina el mensaje y por esto, para escribir correctamente vale la pena sacrificar unas 1.000 horas de inversión o esfuerzo personal, ya que no cambiará solamente la escritura, sino que además la capacidad de pensar.

Otra pregunta importante, en relación con la escuela, es cómo conservar los estándares cualitativos y definir cuáles son los más importantes en el sentido de que el futuro depende de nuestra capacidad de superar la contradicción entre cantidad y calidad. Por otro lado, no olvidemos que la ortografía depende de la lectura y tenemos que leer más, seduciendo a los jóvenes con los libros y la narración, que en estos últimos decenios ha sido vencida por el dominio de la imagen.

Nuestra cruzada es volver al libro como fuente de conocimiento, sabiduría, historia y cultura reflexiva y analítica. Para muchos, leer es volver al pasado y esto puede ser verdad, pero es en el pasado que encontramos nuestras raíces y perspectiva de futuro.