Nacido en Buenos Aires en 1958, Alejandro Guillermo Roemmers compagina su faceta empresarial con una trayectoria literaria centrada en la reflexión sobre los valores humanos. El autor de El regreso del Joven Príncipe, una continuación espiritual del clásico de Antoine de Saint-Exupéry, ha consolidado una voz propia que invita al crecimiento interior. Su obra ha recibido distinciones como la mención de honor de la “Fundación Argentina para la Poesía” y el reconocimiento como personalidad destacada de la cultura. El próximo 10 de junio recibirá en España el premio “Relevancia Social” concedido por el Consejo Social de la Universidad Miguel Hernández.
Este escritor, poeta, empresario y filántropo preside la Fundación Argentina para la Poesía; es también presidente honorario de la “Fundación Americana de Poesía” y miembro de honor del “Instituto Literario y Cultural Hispánico”. Ganó el Segundo Premio de Poesía de la Universidad Autónoma de Madrid, donde estudió. La Sociedad Argentina de Escritores lo nombró Embajador de las Letras Argentinas y ha sido postulado para el Nobel de Literatura. En 1996 presentó España en mí en la Biblioteca Nacional de España y también publicó Poemas Elegidos.
En 2008 presentó El regreso del joven príncipe, continuación de El Principito, de Saint-Exupéry, traducido a más de treinta idiomas y del que se han vendido más de tres millones de ejemplares.
En 2019, Alejandro Vaccaro, Luis María Anson y Luis Alberto de Cuenca presentaron Sonetos del Amor Entero en el Teatro Real de Madrid.
En la Feria del Libro de Buenos Aires de 2022 presentó su novela psicológica Morir lo necesario, junto a Mario Vargas Llosa y Luis Alberto de Cuenca.
En 2024 publicó El Joven Príncipe señala el camino, secuela de su libro anterior. Es también creador del musical Franciscus, sobre la vida de San Francisco de Asís, ganador en 2016 del Premio ACE (Asociación de Cronistas del Espectáculo).
En 2024 recibió el Premio a la Concordia y los Derechos Humanos de la “Fundación Ernesto Cardenal”.
Y, en 2025, publicó El misterio del último Stradivarius, con prólogo de Vargas Llosa. Asimismo, es Doctor Honoris Causa en Filosofía por la Pontificia Università Antonianum de Roma.
Hablamos en profundidad con Alejandro G. Roemmers, una rara avis que no sería extraño que nos sorprendiera pronto con algún proyecto cinematográfico:
¿Empresa o literatura?
Mi carrera como empresario ha sido un medio para ganarme la vida, pero mi gran pasión ha sido, siempre, la literatura. Por ejemplo, Mario Vargas Llosa decía de mí que no era un empresario al uso: tuvimos largas charlas sobre libros y rara vez sobre negocios. Cuando la gente me conoce, se queda muy sorprendida de que también lidere una empresa exitosa, porque me muestro más interesado por lo intelectual: prefiero hablar de cultura, arte, música, filosofía… Disfruto contando historias y compartiéndolas con los demás.
¿Cuándo y por qué empieza a escribir?
Escribí mi primer poema con 8 años. Dejábamos un lugar de la sierra muy querido para mí para volver a la ciudad. Sentí una gran necesidad de expresar la melancolía que me surgió con la despedida y compuse este poema. La sensación que le produjo a mi madre y el asombro de mis hermanos me impulsaron a tratar de volver a hacerlo, y a partir de ahí se abrió este canal de expresión diferente que no me ha abandonado nunca. Para mí, escribir, y sobre todo escribir poesía, es una actividad, una actividad imprescindible para compartir con el mundo mi sensibilidad.
¿Es cierto que su padre no permitía la TV en casa?
Así es. No tuvimos televisión hasta que cumplí 15 años. El ambiente en casa era muy diferente al de mis amistades de esa época: inventaba juegos con mi hermano pequeño, aprendimos a jugar al ajedrez, tocaba el piano… Esto me permitió desarrollar la creatividad y la imaginación. Pero claro, también tuvo sus desventajas. Me sentía muy fuera de mis compañeros de clase, que comentaban series de televisión que habían visto la noche anterior, totalmente desconocidas para mí. Ser el diferente no es fácil de manejar, sobre todo a esa edad, pero forma parte de mi identidad.
¿Alguna vez se ha definido como activista del amor? ¿Qué significa esto?
Yo siento que la vida, para que merezca la pena vivirla, debe tener un propósito. Algo que nos impulse y nos inspire cada día. En mi caso, se trata de una vocación de amor al prójimo. Si solamente fuera feliz yo, mi vida no tendría sentido. Pero ser activista del amor no es solamente ayudar a los demás; mi objetivo es despertar en las personas el mismo impulso para así generar olas de energía positiva. La idea es: “yo hago esto por ti y después, haz tú algo por otra persona”.
¿Qué entiende por compromiso social?
A mí me ha costado llegar a sentirme pleno y realizado en la vida, y quiero que todo el mundo pueda llegar a eso. Quiero ayudar y despertar conciencias para que todos puedan vivir con la misma plenitud. Este compromiso con la gente es mi impulso, lo que marca mi día a día, el motor de muchos de mis poemas y mis libros. Por eso me gusta tanto San Francisco de Asís, porque lograba ese cambio a mejor en las personas desde la humildad y la sencillez.
Hablando de San Francisco de Asís… usted tuvo amistad con el Papa Francisco. ¿Cómo era Jorge Bergoglio?
Conocía a Jorge Bergoglio antes de que llegara a ser Papa, y me hizo mucha ilusión cuando fue nombrado. Tuvimos una relación muy especial; yo le enviaba poemas y él me respondía con cartas escritas a mano comentando mi obra. Aún las conservo; son un recuerdo muy bonito.
Me parece muy representativo que fuera el primero en tomar el nombre de Francisco; dice mucho de sus ideales y su compromiso. Compartíamos esa voluntad de cambiar a las personas y hacerlas mejores, y una verdadera compasión por todos los seres humanos.
Yo le animaba mucho a que enfocara sus mensajes a los jóvenes, que usara canales con los que conectar, y organizamos el Abrazo de Asís y luego otro en Roma, donde participaron jóvenes de todo el mundo, así como destacados líderes internacionales.
Defina en una frase cada una de sus obras, empezando por España en mí …
Un homenaje a España, sus campos, sus poetas y sus anhelos, y a mi propia adolescencia en Madrid.
Poemas elegidos
La reivindicación de los sonetos
El regreso del Joven Príncipe
La continuación de El Principito que Saint-Exupéry no pudo escribir.
Sonetos del Amor Entero
Una declaración de amor al amor: “solo el amor nos salvará… // …solo el amor no morirá jamás”
Morir lo necesario
Una novela negra de corrupción y narcotráfico que demuestra que todas nuestras decisiones tienen consecuencias.
El joven Príncipe señala el camino
Inocencia, espiritualidad y la búsqueda de sentido en el mundo moderno.
El misterio del último Stradivarius
Mario Vargas Llosa la definió como “una novela donde el misterio y la pasión se entrelazan con la historia”.

De izquierda a derecha: Manuel de Morales de Borbón Dos Sicilias, Juan José Sánchez Balaguer y Alejandro Guillermo Roemmers.
Por último, háblenos del musical Franciscus …
El proyecto de Franciscus fue una aventura magnífica en la que me encantó embarcarme. Para empezar, fue muy interesante trabajar en una obra que combinara tanto la palabra como la música, las dos formas de expresión humana más completas, profundas y universales. No quería hacer solo un homenaje a San Francisco de Asís, al que considero un ser humano excepcional, sino también ayudar a extender su mensaje de paz, amor, humildad y alegría. Luis Alberto de Cuenca lo llama “una gama de expresiones artísticas al servicio de un mensaje de concordia y fraternidad universal”.
Vivir se escribe en presente
Alejandro Guillermo Roemmers presentó el mes pasado en Madrid su obra Vivir se escribe en presente, una creación que indaga en la fragilidad humana tras el giro inesperado en el destino de un periodista bonaerense. El relato sigue a Fernando Módena, que, tras sobrevivir a un asalto armado en Buenos Aires, viaja a la Patagonia para entrevistar al enigmático millonario Ron Davies, desencadenando un proceso de introspección personal.
La obra sitúa a Módena en un entorno ajeno a su rutina urbana, donde se introduce en el círculo íntimo de la familia Davies. Allí, el protagonista interactúa con Michael, el hijo del magnate, quien ha elegido el anonimato y una vida errante vinculada al mar. A través de este encuentro, la narración examina la lealtad, los secretos familiares y las máscaras que los individuos adoptan para navegar en entornos competitivos. El peso de la pérdida y la búsqueda de la verdad actúan como ejes conductores en una historia que trasciende la pesquisa periodística inicial.
La trama de esta novela del escritor argentino se aleja de los artificios narrativos para centrarse en una búsqueda interior que lleva al protagonista desde los rincones de Palermo Soho hasta la vastedad de la Patagonia. El autor explora el peso de los vínculos, la lealtad y el valor de las máscaras que todos portamos en sociedad. Fernando no es un héroe de manual, sino un hombre que intenta recomponer su identidad después de una pérdida y un suceso violento que le obliga a replantear sus prioridades.
Roemmers maneja la melancolía con precisión, permitiendo que el lector camine junto al protagonista mientras este descifra los secretos de la familia Davies, un núcleo familiar marcado por la opulencia y el aislamiento. En la prosa del autor argentino se percibe una voluntad de depuración. El texto fluye con una sencillez que invita a la reflexión, evitando cualquier adorno innecesario. Existe un diálogo constante entre el individuo y su entorno, una suerte de crónica, donde el periodista, que tanto temía el padre de Fernando, termina siendo el testigo necesario de verdades ajenas que acaban por salvarlo. Las escenas en la Patagonia ganan peso frente al ruido urbano, ofreciendo un contraste necesario para entender el proceso de autodescubrimiento del personaje.
La novela se inscribe en una tradición de narrativa introspectiva que busca el significado detrás de la rutina. Si bien guarda ecos de una literatura humanista que pone el foco en el crecimiento espiritual del individuo, Roemmers construye su propio camino sin depender de moldes ajenos. Su experiencia como poeta y empresario le permite observar con una mirada analítica las estructuras de poder y, a la vez, registrar la fragilidad de los sentimientos. Dialoga con autores que han reflexionado sobre el viaje como metáfora de la vida, aunque elige mantener sus pies sobre una tierra muy argentina, donde el mate y el asfalto conviven con el mar austral.
Lo que el libro ofrece al lector es un espacio para interrogarse sobre el presente, ese tiempo que Fernando intenta comprender mientras mira la estantería de un supermercado. Resulta una propuesta valiosa para quienes buscan historias en las que el conflicto principal se desarrolla en el interior de los personajes, lejos del ruido mediático. Es, en esencia, un retrato de cómo los lazos forjados en la pérdida logran transformar nuestra visión del mundo cuando nos atrevemos a mirar más allá de las fachadas construidas. La invitación de Roemmers al lector es sencilla: detenerse, respirar y aceptar que la vida sucede ahora, en este preciso instante. Encontrar ese centro requiere valor, pero, como sugiere esta obra, el viaje merece cada paso.
Los lectores que disfruten de historias introspectivas y que valoren la prosa pausada hallarán en estas páginas un aliado fiel. Hay días en los que el tiempo se detiene, se vuelve terco y se niega a fluir. Esa es la realidad que tortura a Fernando Módena, el joven periodista porteño, hacia un abismo imprevisto en un supermercado cualquiera de Buenos Aires. La novela funciona como un espejo frente a nuestras propias urgencias y silencios. Roemmers no busca aquí la grandilocuencia, sino la honestidad de una voz que observa cómo la tragedia doméstica puede torcer el destino de un hombre.
Y, sobre su proceso creativo, Roemmers afirma:
La escritura de esta historia surgió de la necesidad de entender cómo las pérdidas personales moldean nuestra identidad. Fernando Módena representa esa búsqueda de sentido que todos emprendemos cuando las estructuras que creíamos sólidas se desmoronan ante la realidad.















