Desde que escuché la crítica de esta película a mediados de 2025 la perseguí en cines, pero con la decepción del cierre de cartelera local. Luego vino una larga espera a que la subieran a canales por suscripción. La oportunidad llegó a inicios de 2026. Y de verdad que completo ampliamente mis expectativas, aunque no era el film apocalíptico que esperaba, ya que la recomendación en radio FM de Caracas no adelantaba nada, pero lo sugería.
¿Qué ofrece Life of Chuck? Ciertamente, tiene bastante que ofrecer. Desde un baile genial que ha rodado por redes sociales sin saber la mayoría que es de la película. También tiene muchas reflexiones que te dan sus 111 minutos de duración. Mi perspectiva como escribo al inicio de esta crítica, era la de una trama catastrófica, cuando eso solo es la excusa para enseñarte lo maravilloso que es la vida así sea corta, en este caso menos de 40 años. E igual, en el marco de la “vida” del Universo que estimamos en 13.800 millones de años.
Otra falsa ilusión mía fue pensar que era una película de ciencia ficción, cuando es más algo de libre fantasía sin búsqueda de lógica, no obstante, si tiene sentido en un marco de reflexión filosófica. El libro del cual viene el script es del mismo título escrito por Stephen King. Dirigido por Mike Flanagan quien hizo muy bien el film Dr. Sueño en 2019 (el cual viene siendo la segunda parte de El Resplandor, 1980). Quizás para los puristas de la ciencia, sea una ingenuidad esta película que mescla algo de suspenso y cosmología. Sin embargo, si esta es la vía para enseñarte el significado de la gloria de vivir… bienvenido.
Desde este punto describo el film a partir de una primera y única vista –deseo verla varias veces más– y doy acá mi análisis, así que si alguien quien me lee no quiere adelanto vaya a verla y regresa a mis líneas si lo prefiere.
La película se desarrolla en tres partes que van desde el final hacia el principio. Donde lo apocalíptico e inevitable te acosa en el Acto III (¿o I?), sin que sepamos mucho de Charles Krantz (Chuck, Tom Hiddelston). Aunque Charles es un recordatorio recurrente en vallas, grafitis y otros medios de algo maravilloso que pasó en una corta, sencilla, pero bella vida que te puede estar pasando a ti también.
Mientras tanto, todo a tu alrededor se va apagando, desde las comunicaciones, catástrofes mayores que ocurren en diferentes partes del planeta Tierra, rumores de suicidios, y socavones en la ciudad de los dos principales protagonistas quienes son una pareja interracial separada, pero que aún se aman. El ex esposo, Marty (Chiwetel Ejiofor), quien fue uno de los maestros de Chuck cuando joven, analiza con el referente del calendario cósmico de Carl Sagan el origen y situación del Universo hasta su presente. Y es allí donde entra mi reflexión cosmológica: ¿si venimos de la instantánea Gran Explosión (Big Bang), entonces todo termina en un inmediato e indoloro Gran Colapso (Big Crunch)? Esto da cierre a la primera parte del film.
La segunda parte es la más divertida. Con un narrador omnisciente que te presenta a un Chuck al final de sus 30 años de edad. Este acto si lo he visto varias veces gracias a la disponibilidad del video en diversas redes sociales. Charles es un contador público promedio quien regresa caminando a casa, y en un bulevar encuentra a una baterista callejera tocando sin mucho ánimo, el acusa el ritmo, se detiene y deja su maletín en el piso. En su recuerdo, su abuela paterna le había enseñado su pasión casi olvidada: ¡bailar!
Chuck inicia en solitario una original danza al ritmo creciente de la baterista, ambos se complementan, él traduce con las armonías de sus movimientos lo que sigue a los golpes de la percusión. El público se aglomera ante el encanto de los actores callejeros. Una joven dama de la audiencia a quien recientemente su novio la ha descartado, olvida su rabia-pesar y siente el ritmo contagioso de la música junto al bailarín. Muy educadamente, Chuck nota a la joven y la invita a bailar, ella accede a dejarse llevar. La coreografía es entretenida. Un atisbo de “mareo” afecta a Chuck, este se recupera y sigue hasta cerrar con los aplausos del público para los tres actores espontáneos. Todo en un breve e irrepetible momento de encanto.
Acto Uno, final como prólogo. Quizás esta es la parte más del estilo fantástico de Stephen King. No obstante, antes de entrar en la fantasía, nos sumergimos en la infancia de Chuck. Un niño quien queda al cuidado de sus abuelos paternos debido a la muerte accidental de sus progenitores y un hermano no nato… la tragedia acecha a la vuelta de la esquina. Los abuelos son maravillosos, la abuela es ama de casa, pero con pasión y destreza por el baile que enseña a su nieto. Mientras, el abuelo (Mark Hamill, el recordado Luke Skywalker de Star Wars) es un hombre más tranquilo, contador público de profesión, quien guarda un secreto en el ático con cúpula de la casa.
Luego de encaminar la pasión de Chuck, la abuela muere de causas naturales tempranamente. El abuelo cría solo a Chuck enseñándole las maravillas de las matemáticas, el universo (Carl Sagan aparece de nuevo en su miniserie mostrando el Calendario Cósmico) y que una profesión aparentemente aburrida como la Contabilidad le dará sustento de por vida más que el baile.
Sin embargo, Chuck toma clases de danza como extra académica en su colegio donde destaca bailando con su primer amor de juventud. Aparte, aunque simultáneamente, la literatura tiene su espacio, ya que la maestra del tema le presenta al poeta norteamericano Walt Whitman. Y es acá que el poema “Canción a mí mismo” da para darle sentido y titulo el Acto final “Yo, contengo multitudes”. Todos somos todos en cierta forma, nuestro ser presente, es la experiencia de los otros que nos precedieron, lo que los forjó con sus contras y más con sus pros.
La fantasía se desenvuelve al final. El abuelo paterno muere en casa, pero deja todo arreglado para el futuro de Chuck. Sus abuelos maternos vienen a terminar su crianza, pero antes el joven Charles Krantz tiene la llave del ático, donde está la respuesta de todo.















