Existe una narrativa superficial y bastante establecida sobre una de las dificultades que aqueje en algún momento al proceso de la mente de todas las personas: cuando las ideas no surgen, se diagnostica de inmediato que se padece de “bloqueo creativo”. Y para esta etiqueta simplista de sequía técnica o falta de imaginación, nos recetan más horas en la pantalla viendo proyectos similares, tazas interminables de café o dinámicas forzadas de lluvia de ideas.

Viendo más hacia el problema que a la consecuencia, descubrimos que el verdadero bloqueo no es un vacío de contenido, sino una saturación del contenedor, si, nosotros mismos. Las ideas están, no se han ido, simplemente no tienen el suficiente espacio físico ni mental para manifestarse debido a la acumulación de basura: ruido, tensiones y resistencias que cargamos a diario.

De manera directa, el bloqueo creativo es la manifestación externa de un estado de resistencia interna. Hay muchos factores que lo pueden causar: el estrés, las dinámicas demandantes, las preocupaciones y, sobre todo, la búsqueda obsesiva de la perfección; todas estas actúan como acumulaciones que frenan el flujo natural de nuestra esencia creativa.

El tan codiciado resultado, el reconocimiento, la expectativa del éxito o el miedo al juicio exterior, hace que el acto de crear deje de ser un canal de expresión para convertirse en una contienda para el ego. Al aferrarnos a el cómo deberían ser las cosas, la mente se reprime y surge una presión psicológica que aumenta el apego a las expectativas y nos cierra las puertas de la intuición y originalidad.

Prácticas que he experimentado para restablecer el flujo

No necesitamos ponernos a trabajar en eso a mil por hora para lograr la iluminación, sino aprender a detenernos a través de la regulación emocional y romper con la cotidianidad. Con el paso de los años y experiencias vividas, he aprendido que lo que es adentro, es afuera; superar el bloqueo creativo requiere sintonizar en la misma frecuencia al cuerpo y al sistema nervioso para que la mente recupere espacio.

Si a eso le sumamos la modificación de patrones repetitivos de una forma sutil, reorganiza nuestro mapa interno. Con eso me refiero a que la rutina hace que el pensamiento repita los mismo bucles, impidiendo la entrada de nuevas perspectivas. Claro, sé que muchas personas, así como yo, tenemos responsabilidades y puntos de destino ya establecidos en nuestro día a día, pero te compartiré pequeñas variaciones conscientes para romper con esa inercia sin que afecte con el itinerario.

  • Permítete estar vacío y aburrido: constantemente estamos super estimulados con la cantidad de contenido que hay por todos lados, el acto de aburrirse de manera consciente —echarte en la cama a pensar en nada sin el impulso de ver el teléfono— es un espacio que cura. El cerebro necesita un terreno vacío para procesar la información y generar conexiones espontáneas.

  • Caminatas de desconexión: sin algún rumbo, sin obligación de llegar a tiempo a algún lado rompe los ciclos del pensamiento obsesivo. Un domingo con tiempo libre, salir a darle movimiento al cuerpo por el malecón, ayuda a procesar emociones estancadas permitiendo que la energía de todo el cuerpo circule y se ordene por sí sola.

  • El agua es un limpiador ancestral: las duchas conscientes son una herramienta potente para una regulación, sentir el agua caer sobre nosotros, sin pensar y solo estar presentes es la clave. Un baño caliente actúa como un remedio para aliviar la tensión y la resistencia corporal. mientras que una ducha fría funciona como un activador que saca a nuestro sistema de la apatía, brindando claridad al instante.

  • Explorar nuevos entornos: tomar una ruta distinta a un punto cotidiano, recorrer calles nuevas, ir a un restaurante nuevo, visitar espacios culturales fuera de nuestra agenda habitual o rodearse de comunidades de todo tipo de creativos, amplía nuestro mapa mental ya que flexibiliza la ideación y estamos abierto a encontrar nuevas bases de inspiración.

  • Alteraciones de la rutina: cosas sencillas como utilizar un color de ropa que normalmente no usamos, iniciar un pasatiempo sin buscar ninguna utilidad productiva, leer géneros literarios que jamás habríamos elegido o escuchar un tipo de música nueva, obliga a nuestra mente a salir de lo automático despertando a la preciada curiosidad.

No estoy dando las recetas para no volver a tener bloqueos creativos, sucede y seguirá sucediendo, pero una vez que reconoces lo que te está sucediendo, hacerse cargo de ello resulta mucho más sencillo. El bloqueo creativo no es un enemigo contra el cuál debemos luchar, es más como un maestro que viene a enseñarnos dónde es que estamos ejerciendo un control excesivo.

Aprovecho para expresar que la calidad de las ideas que materializamos siempre será un espejo de la tranquilidad y la capacidad de entrega que hayamos cultivado dentro de nosotros. Nuestra creatividad no es una herramienta que explotar para desarrollar contenido desde la soberbia del yo, es más el canal para que la vida se pueda expresar de manera libre a través de nuestras manos.