Vamos a ir presentando poco a poco a todos los integrantes de este ecosistema.
La glándula tiroidea tiene forma de mariposa y unos cinco centímetros de diámetro. Se esconde debajo de la nuez, por lo que no puedes tocarla ni verla fácilmente, a menos que haya un problema evidente, como el bocio (un crecimiento irregular de la tiroides).
Pero a pesar de su tamaño y discreción, esta glándula es una superestrella en el cuerpo femenino. ¿Por qué? Pues porque produce la hormona tiroidea, un compuesto con un alto impacto en una amplia gama de funciones vitales.
Cuando hablamos de la hormona tiroidea, usamos un término general que se refiere a las hormonas producidas y liberadas por la glándula tiroides.
El funcionamiento de la glándula tiroides es un proceso coordinado y regulado que comienza en una pequeña parte de tu cerebro llamada la glándula pituitaria. Esta glándula segrega la hormona estimulante de la tiroides (TSH), que actúa como una señal para la tiroides. Cuando la TSH llega a la glándula tiroides, estimula la producción de otra hormona que se llama tiroxina (T4).
Una cosa interesante es saber que en la tiroides se produce T4, pero esta no es la forma activa de la hormona tiroidea en nuestro cuerpo. La forma activa es la T3, cuyo nombre es la triyodotirosina.
La T3 se crea a partir de la conversión de la T4, y este proceso de conversión implica la participación de diversas sustancias, incluyendo la progesterona producida en el hígado y otras células del cuerpo.
Antes de que te marees creyendo que estás en un aeropuerto, basta con que te quede claro que las hormonas tiroideas, triyodotironina (T3) y tiroxina (T4), desempeñan funciones muy importantes:
Regulan el metabolismo del cuerpo: desempeñan un papel crucial en controlar la velocidad a la que tu cuerpo procesa los nutrientes y cómo utiliza esa energía para mantener sus funciones vitales y actividades diarias.
Son esenciales para el crecimiento y desarrollo en todas las etapas de la vida, incluyendo el desarrollo del cerebro durante la infancia y la adolescencia.
Mantienen la temperatura corporal, controlan la tasa de latidos del corazón y ayudan a mantener la presión arterial.
Desequilibrio hormonal
Cuando las hormonas tiroideas T3 y T4 no funcionan bien y presentan fluctuaciones anormales, es una señal de advertencia que no debemos ignorar, ya que nos están advirtiendo de la existencia de alguna patología como:
Hipertiroidismo: Indica que la glándula tiroides está produciendo demasiada hormona tiroidea (en los análisis vemos niveles altos de T3 y T4).
Hipotiroidismo: Justo al revés, indica una insuficiente producción de hormona tiroidea (niveles bajos de T3 y T4).
Tiroiditis: La inflamación de la tiroides puede causar fluctuaciones en los niveles de T3 y T4. Dependiendo de su fase, los niveles pueden ser altos (tiroiditis subaguda) o bajos (tiroiditis de Hashimoto).
Síndrome de resistencia a la hormona tiroidea: En esta afección, el cuerpo no responde adecuadamente a las hormonas tiroideas, lo que puede dar lugar a niveles normales o elevados de T3 y T4 en presencia de síntomas de hipotiroidismo.
Enfermedades autoinmunes: En afecciones como la enfermedad de Graves o la tiroiditis de Hashimoto, aparecen fluctuaciones en los niveles de hormonas tiroideas.
Bocio: Es un agrandamiento anormal de la tiroides.
Algunos tumores no cancerosos en la glándula tiroides pueden secretar hormonas tiroideas en exceso.
El estrés es otro enemigo que afecta la función de la tiroides al agotar la progesterona, que desempeña un papel fundamental en la conversión de la hormona tiroidea T4 en su forma activa, T3.
Si experimentas síntomas relacionados con problemas tiroideos, como fatiga, cambios de peso sin motivo, palpitaciones, temblores, escasa tolerancia al frío o cualquier otra señal de advertencia, es importante consultar a un@ médic@ para que realice un diagnóstico adecuado y establezca un plan de tratamiento, si es necesario. Ignorar las fluctuaciones de las hormonas tiroideas puede tener un impacto significativo en tu salud general.
Hormona TSH y embarazo
Cuando estás embarazada, es normal que los niveles de TSH disminuyan un poco, pero eso no significa que no debas prestar atención. Si tienes antecedentes de problemas de tiroides o de desequilibrios hormonales, es especialmente importante.
Las hormonas tiroideas son esenciales para el crecimiento, y esto incluye al bebé que está creciendo en tu barriga. Si tus niveles de TSH no están bien controlados durante el embarazo, puedes correr riesgos como tener abortos espontáneos, preeclampsia, bebés con bajo peso al nacer o partos prematuros.
Por favor, no te asustes, pero asegúrate de asistir a tus citas médicas durante el embarazo y seguir a raja tabla las recomendaciones de los especialistas.
Para saber más
Podemos referirnos al estrógeno con “s”, es decir, estrógenos. El motivo es que existen tres tipos diferentes: estrona, estradiol y estriol.
Estradiol: Es la forma más potente de estrógeno y se encuentra en las mujeres durante sus años reproductivos.
Estriol: es el más abundante durante el embarazo, pero es el menos potente de los tres.
Estrona: Es el tipo de estrógeno producido en el cuerpo de las mujeres que han entrado en la menopausia.
Mejor prevenir que curar
Con la llegada de la menopausia no solo dejamos de tener la regla. Si ese fuera el único síntoma, más de una montaríamos una fiesta, ¿a qué sí?
Tratamiento Hormonal Sustitutivo (THS)
Los sofocos, los trastornos del sueño, las oscilaciones emocionales, la pérdida de masa ósea y otros desafíos para la salud pueden convertirse en una auténtica pesadilla. Mucho más si la menopausia llega antes de tiempo. En este punto, muchas mujeres buscamos ayuda para poder vivir esta etapa con algo más de calma y calidad de vida.
La terapia hormonal sustitutiva o terapia de reemplazo hormonal (THS) es un tratamiento que consiste en la reposición de hormonas —principalmente estrógenos y, en algunos casos, progesterona— para aliviar los síntomas asociados a la menopausia y proteger la salud a medio y largo plazo.
Durante años, esta terapia ha estado rodeada de miedo. Gran parte de esa desconfianza se originó a raíz de un gran estudio publicado a principios de los años 2000, el Women’s Health Initiative (WHI), que llevó a pensar que la THS aumentaba el riesgo de cáncer de mama. El estudio incluía principalmente a mujeres de edad avanzada, muchas ya llevaban años en menopausia; utilizaba formulaciones hormonales que hoy ya no se usan y no distinguía entre tipos de hormonas ni perfiles de pacientes. Aun así, el mensaje caló y millones de mujeres dejaron de utilizar este tipo de terapia.
Hoy sabemos que la THS es segura cuando va dirigida a quien verdaderamente la necesita, se administra correctamente y está supervisada por el ginecólog@ . La ciencia y la experiencia clínica han cambiado la manera en que miramos este tratamiento, y recientemente la FDA ha actualizado sus recomendaciones. En noviembre de 2025 se retiró la temida advertencia de “black box” de muchos productos de terapia hormonal. ¿El motivo? Muchos de los riesgos que antes se señalaban —como enfermedad cardiovascular, cáncer de mama o problemas cognitivos— no se sostienen con la evidencia moderna.
La FDA sigue manteniendo alertas puntuales cuando hace falta, por ejemplo, sobre el riesgo de cáncer de endometrio en mujeres con útero que toman estrógeno sin progesterona. Pero ese mensaje de “peligro extremo para todas” ya no refleja la realidad.
Las hormonas pueden administrarse de distintas maneras: parches, pastillas, geles o cremas. La elección de la vía no es un detalle menor, ya que influye en cómo tu cuerpo metaboliza las hormonas y en su perfil de seguridad. La opción más adecuada dependerá de tus necesidades, tus preferencias y de factores de salud concretos.
En la actualidad, hay dos tipos de THS:
THS combinada. Se administra por vía oral a mujeres que tienen su útero y suele ser la más habitual. Combina estrógenos y progesterona. Aunque la mayor parte de los síntomas de la menopausia vienen de la disminución de estrógenos, en esta terapia se añade también progesterona para evitar el desarrollo de cáncer de endometrio.
THS de estrógenos: Solo indicada para mujeres a las que les han practicado una histerectomía y no tienen útero. En este caso se administran estrógenos para prevenir enfermedades relacionadas con el endometrio, así como para reducir los síntomas de la menopausia.
Recuerda que la THS no es apta para todas. No eres una buena candidata si tienes alguna enfermedad hepática, riesgo de coágulos sanguíneos, hemorragias o si padeces o has padecido cáncer hormonodependiente.
La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia respalda el uso de esta terapia, siempre y cuando se haga después de una evaluación adecuada y con un enfoque compartido en la toma de decisiones entre el paciente y el médico. En cualquier caso, es esencial contar con la supervisión de un especialista y, por lo general, no se recomienda que la terapia hormonal supere los diez años.
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