Mar adentro,
mar adentro.

Y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.

Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo,
es como penetrar al centro del universo.

El abrazo más pueril
y el más puro de los besos
hasta vernos reducidos
en un único deseo.

Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras
‘más adentro’, ‘más adentro’
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.

Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto,
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.

Así, con este poema del escritor español Ramón Sampedro (1943-1998), cierra la película Mar Adentro de Alejandro Amenabar, estrenada en el año 2004 y protagonizada de manera fiel al personaje original, tanto en aspecto como en su modo de hablar, por el actor Javier Bardem. Todo un alegato a favor de la eutanasia es la vida de Ramón, contada magistralmente en dicho filme por el director hispano chileno. Para muchas personas, querer morir es absurdo ya que una enorme mayoría desea disfrutar de la vida. Sin embargo, atesorar el vivir depende mucho tanto de la salud como de las motivaciones que se tengan para continuar respirando.

Cuando logramos nuestras metas, nuestro cuerpo nos responde, reímos y lloramos, pero bien sabemos que luego vendrán tiempos mejores. Todo esto hace que vivir sea grato y un reto esperanzador para seguir adelante con las sorpresas de la existencia. También está el aprender cosas, ayudar a otros, seguir una causa justa y, por supuesto, disfrutar de los distintos placeres de la vida.

No obstante, hay un pequeñísimo grupo de personas que no disfruta de una buena salud, aquejadas por enfermedades o padecimientos mortales o crónicos. Entonces, algunos de esos seres humanos entienden que vivir no es un placer; en cambio, es un padecimiento inaguantable. Así pues, la conclusión lógica es desear morir, pero cómo hacerlo sin afectar a otros. Obviamente, la familia que te ama no te entiende, mientras que la religión cristiana ve el suicidio como una abominación, incluso si es bajo el concepto de eutanasia por enfermedades terminales.

A nivel legal, pocos son los lugares donde se acepta la muerte piadosa asistida por un médico con el consentimiento del paciente. Solo 10 países del mundo la aplican, entre ellos España, donde se desarrolla la película Mar Adentro; sin embargo, cuando ocurren los hechos de la vida de Ramón, la eutanasia no era legal en ese país, de allí la lucha de Ramón, en la cual se explica claramente el cómo brincar las trabas para dar alivio a su pena.

Los argumentos filosóficos y religiosos son otro gran logro del film de Amenabar, con sus discusiones con un sacerdote tetrapléjico, igual a él, quien lo visita y trata de convencer de seguir viviendo. Aunque ninguno es mejor argumento que ver cómo se diluye la amiga de Ramón, en otra enfermedad que es más una muerte de la conciencia humana; es ella la que nos hace sentir y entender la vida. Sin pensamiento consciente, no eres nada… ¿para qué vivir así y que tus “amados” te mantengan en estado vegetativo?

Si bien es cierto que una mayoría de los países admiten no forzar la continuidad de la vida cuando la enfermedad es incurable, la decisión de cesar el sufrimiento no se impone por un ejecutor piadoso (médico), como en los 10 países en los que sí puede darse la muerte asistida. Una vida sin salud, llevada adelante con una enfermedad terminal, o con el saber de que tu conciencia se diluirá en nada, o peor aún, en la locura, no es digna, no es feliz. Sentir que tu cuerpo le pertenece al dolor o la inamovilidad es insoportable para la mayoría de las personas. Pocos entenderán ese calvario. Quizás el consuelo de una creencia espiritual te ayude; sin embargo, apuesto a que muchos de los pacientes piden a gritos cesar el sufrimiento.

Actualmente, está en boga, en su país, el caso de la actriz canadiense Claire Brosseau. Ella padece depresión maniaca, lo que no le permite llevar a cabo una vida normal. Este padecimiento psicológico luce como algo superable; sin embargo, es una condición autodestructiva que la ha llevado a razonar que vivir así es inaguantable. Antes de cometer suicidio, ha considerado la eutanasia que la ley de Canadá acepta, mas no por trastornos mentales. Aunque se espera que la ley incluya estos padecimientos para marzo de 2027, mientras tanto, Claire permanece en su agonía psicológica.

En Colombia, Víctor Escobar, de la ciudad de Cali, fue el primero en ser autorizado en 2022 para una muerte piadosa. Víctor padecía una enfermedad pulmonar terminal que no lo dejaba respirar sin asistencia continua y esto lo estaba matando lentamente. En su conciencia, elevó el caso a las autoridades y un abogado a través del consejo científico adecuado. Sus últimas palabras fueron: No les digo adiós, les digo hasta luego.

La mayoría de los países latinoamericanos, como el resto del mundo, no permiten la eutanasia. En Venezuela es un tema tabú, incluso es un delito penal que se interpretaría como homicidio intencional o auxilio al suicidio. En el fondo hay un vacío legal y según abogados se entra en contradicción con el derecho constitucional a la vida. ¿Qué vida? Existen muchos enfermos terminales, pacientes desahuciados y mentales que desearían el descanso definitivo para su sufrimiento. Muchas organizaciones venezolanas están luchando por alcanzar este derecho, que, aunque contradictorio para muchos, sería un alivio para quienes la vida no es bella.