Durante muchos años, tengo 44, he vivido sintiéndome muy segura de lo que hacía y lo que quería. Parecía que seguía un guión en el que estaba claro lo que tenía que contestar o hacer en cada momento. Me resultaba fácil y parecía que todo iba sobre la marcha.
Sin embargo , como de la nada , sin haberlo visto venir, me empecé a encontrar mal , triste, incómoda. No entendía nada. No sabía qué pasaba conmigo. Sí, estaba haciendo lo mismo de siempre y con la misma gente de siempre. Pues, aparentemente mi vida seguía como siempre, pero algo ya no cuadraba.
¿Qué me pasaba?
No era capaz de averiguarlo por mí misma. Tomaba distancia, le daba vueltas, dejaba que el tiempo pasara, pero el malestar aumentaba. Decidí acudir a una especialista. Lo aconsejo firmemente cuando uno no es capaz de desenredar estos nudos y se siente bloqueado. A lo largo de las sesiones me enseñó varias herramientas para aprender a descifrar nuestros comportamientos y reacciones para llegar al quid de la cuestión y desde ahí poder meterle mano. Utilizamos distintas herramientas para averiguar por qué decía o actuaba como lo hacía. Me hacía anotar y describir, con todo lujo de detalles, las situaciones que me habían hecho sentir mal.
Y luego, buscábamos distintas interpretaciones que pudieran tener esas mismas situaciones. Esta parte requiere de tiempo y dedicación, pero, sin duda, es básica en un principio, hasta que cojas la práctica y puedas aplicarla en tu día a día de manera automática y por sistema. Notarás la diferencia. El hecho de que al anotar todas las posibles interpretaciones de un mismo hecho, te hace reflexionar por qué tú eliges una determinada y no otra. Y cuando haces este ejercicio con varias situaciones a lo largo del tiempo, verás que a veces las interpretaciones que eliges suelen coincidir y, por tanto, puede que haya un patrón y que deba deberse a algo. Algo tuyo, algo que tenga que ver contigo, con tu historia y que aún te produce daño. Las interpretaciones que hacemos dependen de nuestras creencias. Pero, ¿de dónde vienen esas creencias?
Estas interpretaciones muchas veces son reacciones prácticamente automáticas; no somos nosotros ni siquiera conscientes. Con el tiempo y a lo largo de estas sesiones con mi terapeuta , nos dimos cuenta de que muchos de los programas que iban monitorizando mis reacciones y, como consecuencia, mis decisiones no tenían que ver con lo que yo realmente pensaba o quería; yo había respondido así de manera automática, pero esa respuesta no la había elegido yo. Las creencias que me iban guiando no eran mías, pero mandaban.
A veces esas creencias eran ecos de otras voces, recuerdos de situaciones que habían servido como ejemplo y aprendizajes que habíamos alcanzado en otros momentos de nuestra vida que nos sirvieron para superar un momento difícil o un déficit de algo. Pero para nada nos servía ya y no era algo que de manera voluntaria quisiéramos seguir utilizando.La consecuencia de esto era que cuando tomaba alguna decisión de esta manera, de manera automática, reactiva, sin parar a sentir qué quería o necesitaba hacer o responder, al final no me quedaba conforme con el resultado. Había algo que no cuadraba porque no venía de mí.
Y con el tiempo, al ir tomando más y más decisiones de este modo, me iba encontrando, menos y menos, a gusto, porque los pasos que iba dando me iban alejando de lo que yo realmente quería o lo que me hacía bien a mí de verdad, de la dirección que tenía que tomar.
Para mí, darme cuenta de esto fue muy liberador porque descubrir que está en tus manos revertir esto y cambiar la dirección te hace sentir poderosa y te da un chute de ilusión. Me di cuenta de hasta qué punto no tenía ni idea de quién era yo. ¿Qué me gusta, qué me parece bien, qué me parece mal? ¿Qué quiero? ¿Qué necesito? ¿Qué no tolero?
Recuerdo la sensación de incredulidad cuando tomé conciencia de esto. Y la sensación de vértigo cuando me vi como si empezara de cero. Te descoloca , te sientes perdida. Es un entrenamiento porque cuesta trabajo dejar de hacer caso a esos programas que te han acompañado tanto tiempo y da miedo salirse de lo que conoces y de lo que estás acostumbrado. Pero con el tiempo, conforme vas tomando tus propias decisiones y empiezas a ver resultados, vas ganando seguridad.
Cuando tomas una decisión que es de verdad la tuya, sientes una sensación distinta, te sientes calmada porque has hecho lo que sabes que tenías que hacer, independientemente del resultado, independientemente de si te sale bien o te sale mal, independientemente de lo que opinen luego los demás. Tú sabes que has hecho lo que tenías que hacer, y que esa decisión te va a acercar un poquito más a quien eres de verdad y a lo que quieres construir y alcanzar.
Esa sensación es incomparable. Una vez que la sientes, ya no puedes hacerlo de otra manera, porque no tiene comparación.Por ahí es el camino hacia tu felicidad. Como dijo Friedrich Nietzsche: "Ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”















