Al ver una representación escénica, el público puede interpretar lo que quiera, es libre de hacerlo, aunque no concuerde con la realidad de la historia, es legítimo asimilar el mundo que vemos a través de nuestras vivencias y de allí interpretarlo. ¿Qué podría significar Orfeo y Eurídice en nuestros días, cuando la mitología griega no rige nuestra vida? Lo que permanece son cosas como fidelidad, amor, traición, desesperanza…, y todo ello es lo que nos conecta con una representación escénica, por más que sea en el Hades o en el Valhalla. Es de suponer que distinguimos entre el mundo de ahora y el de otras épocas, aunque hay que decirlo, aún hay gente que cree en los antiguos dioses… Sea como sea, sírvanos esto de introducción a nuestro tema: el lado oscuro de Turandot.

Turandot es la última ópera de Puccini y, de hecho, murió antes de terminarla y verla representada. Para nuestro propósito, es imprescindible conocer el argumento, así que aquí lo tienen:

Acto I

La fría y hermosa princesa Turandot ha decretado que solo se casará con el hombre de sangre real que logre responder a tres acertijos. Quien falle, será decapitado. La ópera comienza con la ejecución del Príncipe de Persia. Entre la multitud se encuentra Calaf, un príncipe tártaro exiliado, quien se reencuentra con su anciano padre (Timur) y la esclava de este, Liú, que está enamorada en secreto de Calaf. Al ver a Turandot por primera vez, Calaf queda deslumbrado y decide asumir el reto, ignorando las súplicas de su padre y de Liú.

Acto II

Calaf se presenta ante el tribunal y resuelve exitosamente los tres enigmas de Turandot. Desesperada ante la idea de tener que casarse con un desconocido, la princesa le ruega a su padre, el emperador, que la libere de esa promesa. Para demostrar su nobleza y desafiarla, Calaf le propone su propio enigma a la princesa: si logra descubrir su nombre real antes del amanecer, él mismo aceptará la muerte.

Acto III

Turandot ordena a todo el pueblo que nadie duerma hasta descubrir el nombre del príncipe extranjero —dando lugar a la famosa aria Nessun dorma—. La princesa captura a Timur y a Liú para torturarlos y que revelen el secreto. Para proteger a Calaf, Liú se suicida clavándose una daga, con la esperanza de que su sacrificio ablande el corazón de la princesa. Tras la muerte de Liú, Calaf confronta a Turandot y la besa. Este acto de amor y pasión rompe el hielo y el orgullo de la princesa. Al llegar el amanecer, ella anuncia su respuesta al enigma: el nombre del príncipe es "Amor", logrando así la redención y un final feliz.

Vamos a repasar los hechos, pero con otra perspectiva. Turandot es una princesa despiadada que manda a matar a los pretendientes que fallan alguna de las pruebas a las que deben someterse para acceder a casarse con ella. Son tres preguntas, pero basta que se falle una para merecer la muerte. Calaf resuelve los enigmas y, por lo tanto, la ley le otorga casarse con la princesa. Esta ley es de hecho un juramento sacro, al que Turandot, en su arrogancia, se niega a cumplir. Así pues, Calaf le dice que está bien, que le da una oportunidad de librarse del juramento, debe averiguar durante la noche cuál es su nombre y si lo hace, puede tomar su vida al amanecer.

Turandot, enfebrecida de poder, manda a torturar a la población por si alguien sabe el nombre. Luego tortura al padre ciego de Calaf y su esclava, que le sirve de guía. La hermosa y joven Liú grita que ella es la única que sabe el nombre para librar a Timur de la muerte. Así que la trituran a ella y en un descuido, toma una daga y se suicida sin decir el nombre. Luego Calaf y Turandot discuten, “se conocen” más de cerca y Zaz, Calaf le confiesa su nombre, pero ella para entonces se ha enamorado de él y todos felices, comen perdices, salvo los muertos del proceso, claro está…

Mucha gente dirá que el amor transformó el frío corazón de Turandot, que, vencida, se entrega a los brazos de Calaf, el victorioso y valiente. Pero, ¿de verdad es esto lo que ocurre? Ciertamente, Turandot es despiadada, caprichosa, una niña pequeña para la que la muerte de los pretendientes fallidos vale lo mismo que matar una mosca. Desobedece la ley y su débil padre es incapaz de ponerla en regla y obligarla a cumplir el juramento.

Por su parte, Calaf tampoco se ampara a la ley, sino que impone la suya, en un arrebato entre nobleza y estupidez, o quizá no valora su vida lo suficiente, pues ha sido incapaz de ver que Liú lo ama, aunque sea solo una esclava. Al parecer, la nobleza no tiene efecto en ese caso. Quizá más que casarse con Turandot desea demostrar cuán generoso, noble y valiente es, es decir, se deja devorar por un ego gigantesco, tan enorme como el de Turandot, situándose al otro lado de su locura.

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José Cura, en el papel de Calaf, en «Turandot», 2005 en la Arena de Verona, Italia

A Calaf no le importa que Turandot torture a la población, no se inmuta cuando torturan a su padre y tiene que ser Liú, a la que él ni siquiera ve como mujer, solo como esclava, la que salve la situación. Calaf luego, al besar y conquistar a Turandot, desprecia el sacrificio de Liú, y se abraza a una mujer que no ha cambiado ni un ápice, pues Turandot, sin arrepentirse de todo el dolor y la muerte causados por años, abraza ahora a alguien que se ha convertido en un monstruo igual a ella.

Calaf asume la naturaleza de Turandot, y el amor final es solo el amor, que se profesan dos almas malvadas, cada una a su manera.