David Toscana, ganador del Premio Alfaguara de Novela 2026, vino a México a presentar la novela con la que tundió, asumo, a la competencia: El ejército ciego. El resumen: quince mil búlgaros, luego de ser derrotados por los bizantinos, pierden los ojos por orden del emperador Basilio, por allá en el 1014; sí, ocurrió. Toscana, pluma capaz de imprimir humor en el momento preciso con la sensibilidad idónea, se adentra en lo que ocurre con esos derrotados en su regreso a casa; también enfoca temas complejos que rodean a la guerra y a la violencia: todo un manjar para el lector. Sin embargo, la afirmación de un colega me quedó sonando luego de la charla: Toscana es un autor para escritores.
Mi primera reacción fue ponerme en guardia: no. El ejército iluminado, la historia de ese grupo especial que busca recuperar Texas para México, tiene todo el material para ser una adaptación de Netflix. De acuerdo a mi lógica, si la obra es adaptable, no hablamos de una obra de escritores. Sin embargo, la misma plataforma lanzó en 2024 una adaptación de Temporada de huracanes1 de Fernanda Melchor ―traducida a más de treinta idiomas―, la que sí considero una novela para escritores por su escritura compleja, párrafos de páginas y páginas, con poca respiración para el lector, además de contar la historia desde varias voces que no se conectan de manera sencilla. La adaptación no tuvo buena acogida.
Para rematar mi propio argumento, pensé en Cumbres Borrascosas de Emily Brontë: su adaptación logró más de 200 millones de dólares en las taquillas del mundo. Quizás fue Margot Robbie, quizás fue Jacob Elordi, quizás fueron los dos. Muchas personas decidieron ir a la novela para adentrarse más en la historia de amor, pero algunos lectores se encontraron con un lenguaje complejo, propio de la época. La tiktoker Bárbara Bulnes publicó un video donde confesaba que no entendía nada y detonó una discusión sobre lo complaciente que es, o no, una obra2.
Comprendí que mi aproximación a la respuesta fue equivocada: mi criterio como escritor no me permite establecer si un autor solo escribe para sus colegas, salvo casos demasiado explícitos. Son los lectores quienes pueden dar luces al respecto, entendiendo también que existen varios grupos de lectores. Ya alguna vez hablé en otro texto cómo hay escritores que logran cautivar a personas que no hacen parte de los consumidores de libros tradicionales gracias a la literatura comercial3 que escriben. Benditos sean aquellos que logran vender copias como cantantes de reggaeton. Benditos sean aquellos que se convierten en el primer libro leído de alguien luego de la época escolar.
Pero no se trata solo de la obra: la industria editorial también tiene sus piñones que engrasar. Los booktubers, medios especializados y masivos, los líderes de opinión de ese sector, son parte clave del proceso que lleva a que una publicación logre acogida y reconocimiento. Hace mucho que las novelas comparten las listas, si es que logran llegar, con los textos de autoayuda, superación personal y demás publicaciones similares. Hábitos atómicos tiene más fama que El ejército ciego, sin duda, pero conozco personas que pueden leer los dos, por interés real; personas que entienden qué les ofrece cada libro. Hay público para todo.
Para llegar a leer El ejército ciego, varios lectores requerirán una guía que va más allá de la visión general que ofrecen la mayoría de booktubers. Necesitan que el libro salga de los tradicionales círculos literarios, de las discusiones de facultad o de librerías de nicho. Quizás eso fue lo que hicieron Elordi y Robbie: traer a Brontë de vuelta ―les faltó el acompañamiento―; quizás ese sea el ejercicio que necesitamos hacer quienes estamos en esta esquina. Desde un juicio profesional, de alguien que ha trabajado en campañas publicitarias y eventos, reconozco lo poco que el mundo editorial hace por captar la atención de más público. ¿O recuerdan alguna campaña interesante de algún libro?
Reconozco que dejo de lado una discusión: las habilidades con las que cuentan los lectores. Aunque hago parte también del aparataje educativo de México y estoy al tanto de las deficiencias con las que muchos jóvenes llegan a la educación universitaria, considero que una lectura orientada puede otorgar mejores resultados que un curso intensivo de gramática. Con el club de lectura que dirijo empezamos por cuentos cortos de autores mexicanos y ya completamos una extensa novela nigeriana, Los pescadores de Chigozie Obioma. Estoy seguro de que con Toscana podemos ir de Lontananza a Legaroy a La ciudad que el diablo se llevó y así.
Para poder responder a mi colega, diría que solo hasta que nos encarguemos de hablar un poco más de quién carajos es David Toscana y por qué fui tan feliz luego de pedirle una foto, podremos decir con certeza que sí, que sus libros son para autores, que esos manjares no se pueden servir en todas las mesas, aunque a todos les puede interesar cómo le sacan los ojos a quince mil soldados búlgaros por orden de un rey bizantino. O cómo un grupo iluminado se cree capaz de recuperar el territorio perdido con los vecinos del norte.
Postre
Aprovechando el premio a David Toscana, de verdad recomiendo leer El ejército iluminado o ir por el libro nuevo, el otro ejército, el ciego.
Notas
1 Trailer de Temporada de huracanes.
2 Los páramos de TikTok en ‘Cumbres borrascosas’.
3 De Mario Mendoza y la literatura comercial.















